Bossi, F. Reflexiones sobre el Socialismo del siglo XXI. Nuestro Socialismo. [Documento en línea]. Disponible: www.lucheyvuelve.com.ar/arch03/socialismo.htm. [Consulta: 2007, enero 17]
NUESTRO SOCIALISMO
La concentración del capital sigue avanzando a pasos acelerados, como bien lo señaló hace más de 150 años Carlos Marx. El desarrollo de las fuerzas productivas, a través de la revolución tecnológico-científica de las décadas del 80 y 90, imprimió una mayor fuerza en esa dirección. Como consecuencia de ello, poderosas empresas multinacionales incrementaron su poder, se fusionaron con otras o las absorbieron, llegando a la cifra escandalosa de que las 200 empresas oligopólicas más importantes manejan el 26 por ciento de la producción mundial.
En síntesis, conjuntamente con esa tremenda concentración del capital y las riquezas en pocas manos, el mundo actual padece guerras, hambre y desolación; es el mundo regido por las leyes del Capitalismo, por su lógica intrínseca y por su más feroz expresión: el imperialismo global hegemónico nazifascista.
Pero, el Capitalismo de hoy atraviesa por una etapa de profundas contradicciones, irresueltas desde su nacimiento y de imposible resolución en el marco del propio sistema. El intelectual húngaro Istzán Mészáros, en su libro “Socialismo o Barbarie”, señala, entre las principales contradicciones que son insuperables dentro del Capitalismo: 1) la producción y su control; 2) la producción y el consumo; 3) la competencia y los monopolios; 4) el desarrollo y el subdesarrollo (centro y periferia); 5) la expansión económica mundial y la rivalidad intercapitalista; 6) la acumulación y la crisis; 7) la producción y la destrucción; 8) la dominación del trabajo y la dependencia del trabajo; 9) el empleo y el desempleo; 10) el crecimiento de la producción a cualquier precio y la destrucción del medio ambiente.
Este cúmulo de contradicciones insuperables por el sistema capitalista se traduce hoy en pobreza para las grandes mayorías, guerras, hambrunas, explotación y deterioro del medio ambiente. Nunca antes en la historia, la supervivencia de la especie humana estuvo tan amenazada por el poder destructivo del capital. Es por lo tanto vital para la humanidad: superar y trascender el Capitalismo en el menor tiempo posible; porque la alternativa que se nos presenta, en el futuro cercano, se reduce a la simple contradicción “vida o muerte”.
“Es necesario trascender el Capitalismo, pero agrego yo, el Capitalismo no se va a trascender por dentro del mismo Capitalismo, no”, señaló el Presidente de Venezuela Hugo Chávez. Y agregó: “Al Capitalismo hay que trascenderlo por la vía del Socialismo. Por esa vía es que hay que trascender el modelo capitalista. El verdadero Socialismo es igualdad y justicia”.
Ahora, ¿de qué Socialismo hablamos cuando nos referimos al que trascenderá el sistema capitalista? “Es posible trascender el Capitalismo por la vía del Socialismo y más allá, en democracia ¡En democracia!”, afirmó Chávez en el mismo discurso.
Pero, vale aclarar que, Socialismo y democracia, no es lo mismo que socialdemocracia. Si los viejos socialdemócratas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX defendían la tesis de que el capitalismo podía ser superado a través de la lucha parlamentaria, la imposición de leyes más justas y una suerte de reformas que “cambiarían” el Capitalismo hasta transformarlo en un modelo de corte socialista, la realidad demostró que esa tesis era errónea. Ese Socialismo reformista, que hoy pulula con diferentes rostros, con casas matrices en el norte y filiales en todo el planeta, fue aquel que defendió “la carga del hombre blanco” contra dos tercios de la población mundial. La primera y segunda guerra mundial, confrontación entre los países capitalistas por obtener la hegemonía planetaria, encontró a los socialdemócratas encolumnados con la burguesía de los países en pugna. Ese “socialismo” claudicante; nacionalista en los países imperialistas, cipayo en los países dominados, negociador y reformista, seudo democrático, censor de los movimientos nacionales de liberación del tercer mundo, racista y eurocentrista, no puede ser modelo para ningún país que pretenda avanzar en el siglo XXI hacia la liberación y la justicia social. El proyecto socialdemócrata, entonces, no es otra cosa que una variante, por “izquierda”, de “trascender el Capitalismo dentro del propio Capitalismo”; “capitalismo humanizado” como alternativa al “capitalismo salvaje”. El Socialismo “a la española”, “a la francesa” o ”a la alemana” lejos están de ser ejemplo para nuestros países y pueblos.
Por otro lado, y como ejemplo de Socialismo del siglo XX, aparece el modelo soviético, aquel que imperó en la URSS y los países del este europeo, durante más de medio siglo, y que demostró su inviabilidad al implosionar impregnado de corrupción, burocratismo, autoritarismo y diferentes variables de capitalismo con disfraz socialista. La genial obra de Lenín y las masas obreras rusas, sucumbió ante los embates contrarrevolucionarios de adentro y afuera.
Modelo soviético, socialdemocracia, socialismo chino, vía vietnamita, “juche” coreano, socialismo albanés, socialismo autogestionario yugoslavo, Socialismo de democracia directa de la Gran Jamahiriya Árabe Libia, etcétera, son o han sido manifestaciones concretas de Socialismo en el mundo entero. Búsquedas originales, experiencias, ideas materializadas en condiciones específicas y momentos históricos determinados, todas válidas a la hora de ser analizadas, estudiadas y observadas, pero ninguna apta para imitar o tomar como modelo; no porque sean malas experiencias. Muchas de ellas, al contrario, son valiosas y trascendentes, que brindan aportes sustanciales para determinadas áreas, pero inimitables por su condición única e irrepetible. El Socialismo es una idea general, un horizonte alcanzable, no abstracto, sino concreto, una alternativa real al modo de producción capitalista, en condiciones históricas determinadas, espacios físicos singulares y culturas específicas.
¿Qué Socialismo, entonces, necesitamos los latinoamericanos caribeños? ¿Cuál es el Socialismo del siglo XXI, que debe llevarnos, definitivamente, a una sociedad justa e igualitaria? No caben dudas de que será el Socialismo que logremos inventar, desde el aquí y ahora. Un Socialismo nacional, popular y democrático: el Socialismo Latinoamericano Caribeño, ¡nuestro socialismo!
En principio, deberemos construir un Socialismo sin desconocer los aportes de los grandes forjadores: Carlos Marx, Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Lenín, Mao Tsé Tung, Ho Chi Ming, etcétera. Pero, fundamentalmente y esencialmente, con el aporte de todos aquellos que desde nuestra América bregaron por un socialismo no enajenado, criollo, enraizado con las luchas históricas populares, enfrentado al imperialismo y transitando el camino de la liberación nacional. Decía el peruano José Carlos Mariátegui: "no queremos que el Socialismo sea, en nuestro continente, un calco; tampoco queremos que sea copia. Tiene que ser una creación heroica". Y allí están las figuras y las obras de Manuel Ugarte, Carlos Prestes, José Carlos Mariátegui, Vivian Trías, René Zabaleta Mercado, Salvador de la Plaza, Carlos Delgado, Sergio Almaráz, Jorge Abelardo Ramos, Juan José Hernández Arregui, Alfredo Maneiro, Rodolfo Puigross, Rafael Nuñez Tenorio, Gerard Pierre Charles, Antonio García, Ernesto “Che” Guevara, Carlos Fonseca, Eduardo Astesano, Fidel Castro, Julio Antonio Mella, John William Cooke, Raúl Sendic, Miguel Enríquez, Gregorio Selser, Héctor Recabarren, Agustín Tosco, Farabundo Martí, Patricio Icaza, Francisco Bilbao, Jacobo Arenas, Jaime Hurtado y Salvador Allende, entre otros. Esas deben de ser las bases esenciales para tener presente a la hora de plantear el Socialismo del siglo XXI.
Ahora, como es bien conocido por todos, la lucha contra el imperialismo, la lucha por la liberación nacional es la primera tarea que los socialistas debemos enfrentar. Y esto implica un profundo conocimiento y compromiso con las banderas patrióticas, democráticas y de liberación. Un Socialismo desvinculado de las raíces históricas de nuestros pueblos será un Socialismo abstracto, inconsistente, alienado, invertebrado y meramente testimonial. Las luchas por la independencia no se agotaron aquel 9 de diciembre de 1824 en la pampa de Ayacucho, sino que continúan en las luchas del presente. Bolívar, Sucre, “hicieron algo grande –señala Hugo Chávez-, cumplieron la primera etapa de la jornada. Luego vino el frío, se congeló todo y luego la resurrección y aquí estamos nosotros, pero en la misma larga batalla”.
Ahí está la gran clave para el desarrollo de un Socialismo vigoroso y vital, trascendente y militante, ser concientes de que a las banderas históricas del patriotismo revolucionario le sumamos hoy las banderas del socialismo; que estamos en “la misma larga batalla” del Bolívar histórico. Un Socialismo nuestro, concebido como necesidad para alcanzar la justicia, la igualdad y la libertad. El Socialismo nuestro, el latinoamericano caribeño, será bolivariano o no será; será “creación heroica”, al decir de Mariátegui, o se perderá en los atajos de la copia y el calco.
El intelectual y revolucionario venezolano, Haiman El Trudi, en su libro “El salto adelante, la nueva etapa de la revolución”, nos ofrece algunas claves para aproximarnos al Socialismo que se está construyendo en la Venezuela bolivariana de cara al siglo XXI y que trasciende el Capitalismo: “ 1) Se trata de un Socialismo de nuevo tipo, que en nada se parece al capitalismo de Estado ni menos a las lógicas totalitarias, que en otras latitudes se reprodujeron en otros tiempos; 2) es un Socialismo originario que se está inventando a partir de la interpretación de la realidad venezolana y sus lazos históricos y socioculturales con los demás pueblos latinoamericanos caribeños; 3) es un Socialismo que reivindica los aciertos de otras experiencias del mundo y que contextualiza sus contenidos; 4) es un Socialismo que centra su fuerza y empuje en nuestras propias raíces libertarias, 5) es un Socialismo humanista, ambientalista, pleno de energía espiritual, que reivindica el amor, la paz, la solidaridad, la justicia y la libertad; 6) es un Socialismo desmitificado, que no transgrede las libertades y derechos humanos y que enfoca en el bien común toda su atención; 7) es un Socialismo consustanciado con los tiempos de la historia que se va escribiendo a ritmos acelerados; 8) es un Socialismo, que se parece poco a los socialismos del siglo XX; 9) es un Socialismo construido en colectivo y alimentado por diversas vertientes del pensamiento; 10) es un Socialismo que no aplica recetas ni fórmulas doctrinarias elaboradas por preclaros intelectuales; 11) es filosofía de la praxis animada por el bloque histórico Estado-Sociedad, y; 12) es la quietud en el ojo del huracán revolucionario. Es el centro de acción transformadora”.
Nuestro Socialismo del siglo XXI, entonces, caminará al ritmo de la conciencia de los pueblos, llevando adelante una profunda batalla ideológica contra el pensamiento capitalista dominante, continuando las históricas luchas por la unidad, la libertad y la justicia de los pueblos latinoamericanos caribeños, confraternizando con todos los pueblos del mundo, sin perder de vista el objetivo central -la felicidad del pueblo- y forjando, en la marcha, al hombre y mujer nuevo que salvará a la humanidad de la autodestrucción.
AMÉRICA LATINA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Ramonet, I. América Latina frente a la globalización. [Documento en línea]. Disponible: http://www.Rebelion.com. [Consulta: 2006, octubre 17]
Ignacio Ramonet, ingeniero, sociólogo y comunicador social, nació en la villa de Redondela, provincia de Pontevedra, Galicia, España, el 5 de mayo de 1943. Actualmente, vive en París y ejerce la docencia en la Universidad La Soborna. Su abundante obra le ha hecho merecedor de numerosas premiaciones.
Ramonet es uno de los actuales exponentes del pensamiento crítico e impulsor del Foro Social Mundial. Ha centrado sus análisis en el papel que cumplen los medios de comunicación para el dominio y control social y su efectividad en la consolidación y permanencia de la globalización e implantación del neoliberalismo.
En esta lectura, Ramonet revela los verdaderos fines de la globalización y sus estrategias de control de las riquezas de las naciones, a través de Estados que permitan políticas de privatización de las industrias básicas. Estas recetas aplicadas, en diversos escenarios de la geopolítica mundial, bajo la prédica del desarrollo, a juicio de Ramonet, ocasionó un empobrecimiento acelerado y crisis sociales profundas, además de la pérdida de la soberanía nacional.
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Ramonet, I. América Latina frente a la globalización. [Documento en línea]. Disponible: http://www.Rebelion.com. [Consulta: 2006, octubre 17]
Ignacio Ramonet, ingeniero, sociólogo y comunicador social, nació en la villa de Redondela, provincia de Pontevedra, Galicia, España, el 5 de mayo de 1943. Actualmente, vive en París y ejerce la docencia en la Universidad La Soborna. Su abundante obra le ha hecho merecedor de numerosas premiaciones.
Ramonet es uno de los actuales exponentes del pensamiento crítico e impulsor del Foro Social Mundial. Ha centrado sus análisis en el papel que cumplen los medios de comunicación para el dominio y control social y su efectividad en la consolidación y permanencia de la globalización e implantación del neoliberalismo.
En esta lectura, Ramonet revela los verdaderos fines de la globalización y sus estrategias de control de las riquezas de las naciones, a través de Estados que permitan políticas de privatización de las industrias básicas. Estas recetas aplicadas, en diversos escenarios de la geopolítica mundial, bajo la prédica del desarrollo, a juicio de Ramonet, ocasionó un empobrecimiento acelerado y crisis sociales profundas, además de la pérdida de la soberanía nacional.
AMÉRICA LATINA FRENTE A LA GLOBALIZACIÓN
¿A qué le llamamos Globalización?
La globalización es un fenómeno que pretende ser únicamente económico y pretende serlo con mucha arrogancia. En realidad, pretende ser la única fórmula económica que funciona, basándose en el principio del neoliberalismo. Es decir, la idea de que después del fracaso de la Unión Soviética ya no hay vías alternativas en materia económica.
Esta idea, desarrollada originariamente por un grupo de economistas estadounidenses, esencialmente por Milton Friedman, que en los años 70 desarrollaron la idea de que, para favorecer la flexibilidad de la ideología, a todas costas había que reducir la talla del Estado.
Pensaban que el Estado, a lo largo del siglo XX, había tenido la tendencia a extenderse demasiado, a ocupar mucho espacio y que por consiguiente, había que reducirlo, había que suprimir al Estado y a una de sus más importantes prerrogativas. Es decir, el Estado no tenía que jugar ningún papel económico, no poseer nada, ni recursos en dinero, ni tierras, ni empresas estratégicas como las del transporte, servicios básicos, etcétera.
El Estado debía vender, o sea privatizar. Estas privatizaciones, que empezaron de forma brutal en los años 80, se hacían por primera vez en la historia. Después del siglo XVIII, los estados vivieron un gran desarrollo y fueron también actores económicos para poder tener los medios y distribuir la riqueza nacional.
Antes, en muchos países, donde había sólo algunas riquezas, éstas pertenecían a unos pequeños grupos de la sociedad, las oligarquías que poseían el 80 ó 90 por ciento de la riqueza nacional. La situación era extremadamente injusta y la gente seguía protestando. Esos pequeños grupos (un 10 por ciento de la población), defendían sus privilegios apoyándose en un aparato represivo fuerte, que no servían para defender al país, sino a los ricos de los pobres.
En las sociedades modernas, a partir del siglo XIX y después de una serie de revoluciones, poco a poco el Estado se apropió de estas propiedades para distribuir la riqueza entre la mayoría de la sociedad. El Estado pasó a ser un actor económico muy importante.
A lo largo del siglo XX, el Estado había desarrollado su capacidad de cobrar impuestos a los que debían de pagarlos, es decir a los que más ganaban y estos impuestos servían al Estado para construir las infraestructuras, que permiten darle a la sociedad lo que necesita, los servicios básicos.
Se transformó en un Estado benefactor introduciendo los principios de la seguridad social, la jubilación. Un estado estratega para el futuro y planificador. Ese Estado era en definitiva un Estado para los pobres.
La tesis de la globalización era que ese Estado tenía que desaparecer y de igual manera tenían que desaparecer los impuestos, con la idea de que “un Estado mínimo es un Estado mejor, menos Estado, mejor Estado”; pero, eso era bueno sólo para los ricos y no para los pobres.
Entonces, se desarrolló la tesis de que había que privatizar todo lo que pertenecía al Estado. Si un país poseía petróleo y pertenecía al Estado, al privatizarlo ocurría que lo compraban los ricos o peor, lo compraban los extranjeros y el país perdía el único recurso para ayudar a los más necesitados. (…) Reducir al Estado quiere decir también disminuir su presupuesto y por consiguiente, el número de sus funcionarios y los países que han aplicado la globalización han despedido a miles de funcionarios, han reducido su jubilación y en muchos países, ya casi no existe una educación y una sanidad públicas. Los más pobres van a una escuela de escasa calidad y los ricos van a la escuela privada, manteniendo de esa manera la estratificación social: los más pobres siempre serán pobres y los ricos siempre serán ricos.
La Globalización ha creado un desposeimiento de la riqueza y de la soberanía nacional, manteniendo una diferencia de categoría social y de gasto social muy marcado. Y esto en un contexto político, el de los 90, donde por razones históricas no había una gran voluntad de réplica social. Esta teoría fue aplicada sin consultar a la sociedad.
El primer país donde se aplicó fue en el Chile de Augusto Pinochet, quien con la fuerza agresiva de la dictadura, pudo imponer esta reforma e intimidar a la sociedad que no podía replicar por miedo a la represión.
Se aplicó después en el Reino Unido, en Inglaterra, con el gobierno de Margareth Thatcher en 1979. Allí logró romper a los sindicatos, privatizar el transporte, las minas, terminando una tradición de dos siglos de luchas sociales. En 1980, ganó las elecciones Ronald Reagan, quien introdujo en los Estados Unidos esta teoría de la Globalización y la aplicó en todas las instituciones controladas por los Estados Unidos, como son el FMI y el Banco Mundial. A partir de ese momento, controlando a estas instituciones, la globalización comenzó a extenderse a todos los países.
El segundo país en América Latina, donde se aplicó esa nueva teoría, fue en Bolivia. Fue una verdadera “terapia de choque”, donde con una brutalidad impresionante se le arrebató a la sociedad y a los trabajadores sus derechos y la riqueza del país.
En 1983, el presidente Sánchez de Lozada, en su primer mandato, comenzó esta terapia de choque con la privatización de los hidrocarburos. Siguió Perú con el gobierno de Alberto Fujimori y Venezuela, donde en 1992 Carlos Andrés Pérez aplicó la misma terapia y se produjo una insurrección popular conocida como “el Caracazo”, donde el Ejército reprimió al pueblo dejando entre 2 y 3 mil víctimas y posiblemente muchas más. (…) Dos años después, el primero de Enero de 1994, entró en vigor el primer Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (NAFTA). El mismo día, ingresaron en escena los zapatistas del Subcomandante Marcos, quienes salieron de la Selva Lacandona para protestar simbólicamente contra el NAFTA y ocuparon San Cristóbal de Las Casas con las armas. En esta ocasión, el Subcomandante Marcos, por primera vez, comenzó a difundir una visión clara sobre la Globalización y sus efectos.
En África la población Saharaui, produce un algodón en condiciones infrahumanas al lado del Sahara. Trabajan como esclavos para ellos mismos, para producir un algodón de excelente calidad y a un buen precio, pero ese algodón no lo pueden vender ni en su país.
En los Estados Unidos producen algodón con maquinarias modernas y con grandes subvenciones, que hacen que ese algodón resulte ser exportable a la misma África a un precio más barato de lo que producen los productores locales. Abrir las fronteras se transforma entonces en la ruina de los pequeños y medianos campesinos y productores en general.
Cuando los zapatistas entraron en San Cristóbal de Las Casas, la que hoy llamamos Globalización, aún no tenía nombre. No sabíamos darle un nombre a este fenómeno de privatizaciones, violaciones a los derechos laborales, transformaciones de la economía. Las finanzas comienzan a tener más importancia que la producción industrial.
Los analistas pensaban todavía que eran fenómenos separados y no una sola fórmula, donde existe una sola solución a los problemas económicos. Yo había propuesto llamarle “el Pensamiento único”, porque no se nos permitía pensar de otra manera, esto era lo único que funcionaba y había que aceptarlo como un dogma indiscutible. Después, se comenzó a llamarle 'Globalización', pero el Subcomandante Marcos ya lo había entendido, a través de sus reflexiones por la Internet.
¿Qué estaba pasando en América Latina desde hace más de 10 años?
Estaban instaurándose experiencias de globalización. Había protestas, como en Caracas, pero no muchas más en otros países. Esto se debía también al hecho de que todos los medios de comunicación repetían constantemente a la gente que se trataba de fórmulas mágicas, que iban a permitir a las sociedades la entrada en la modernidad, en el desarrollo, en la riqueza para todos y la gente esperaba ver lo qué iba a pasar y las mismas víctimas de la Globalización no se atrevían a protestar.
Hoy la situación de la comunicación no ha cambiado mucho. A diferencia de los primeros años 90, el sistema de comunicación es mucho más sofisticado; hay una gran proliferación de medios escritos, radiales, televisivos y la comunicación es masiva, sin embargo la constatación es que todo ese sistema en realidad no está presentando una variedad de información, sino la misma información.
Existen muchas fuentes, pero en realidad funcionan como una unidad, un sólo mensaje ideológicamente de apoyo indiscriminado a la Globalización y de crítica sistemática e igualmente indiscriminada contra al pensamiento disidente y a quienes critican a la Globalización. Los que tienen recursos pueden buscar esta información crítica en la Internet, pero esto presupone un cierto nivel de educación, formación y recursos económicos.
El tema de la comunicación mediática internacional está funcionando como el aparato ideológico de la Globalización, como la maquinaria de propaganda de la Globalización.
Después de 1994, se empezó a reflexionar a escala internacional sobre cómo combatir a esta teoría que se estaba aplicando también en el Norte y la estaban aplicando los gobiernos de derecha y también de izquierda, provocando estragos muy importantes.
Comenzó a surgir un pensamiento autónomo de cómo reflexionar para identificar la Globalización. Era como si todos tuviéramos una enfermedad de la cual se conoce su sintomatología, pero sin saber de qué enfermedad se trataba, sus causas y las relaciones entre los diferentes síntomas.
Poco a poco se encontró una definición que nadie había teorizado. Empezamos a organizarnos con la participación de asociaciones, Ongs, sindicatos y comenzamos a protestar, pero no contra la globalización en general, sino contra sus aplicaciones en cada país. En particular se intentó detectar a las organizaciones que estaban estimulando la globalización, como el motor de la Globalización.
En diciembre de 1999 en Seattle, Estados Unidos, se produjo una gran manifestación en que participaron organizaciones que venían de muchos países, porque en esta ciudad se desarrollaba, por primera vez, una cumbre de una organización todavía poco conocida: la Organización Mundial del Comercio (OMC). La OMC es uno de los motores de la Globalización y es la que dice a los países cómo deben comportarse para abrirse a los capitales extranjeros, cómo sacrificar a sus trabajadores para que se puedan instalar las empresas que no respetan los derechos laborales, que dan sueldos de miseria, que ofrecen puestos de trabajo-basura y que dicen que esto es bueno para el país.
Allí se denunció que la OMC era una organización responsable de las grandes tragedias sociales, que se producen en el mundo. A partir de ese momento comenzaron protestas en todo el mundo contra la Globalización y las sociedades comenzaron a levantarse.
En Cochabamba, la empresa transnacional que había comprado la distribución del agua y que empezó a aumentar su precio se enfrentó a la ira de la gente y tuvo que irse. En Arica, Perú, se había privatizado la electricidad con el consiguiente aumento de las tarifas. La gente comenzó fuertes protestas y la empresa tuvo que bajar los precios. En Costa Rica, también protestaron e impidieron las privatizaciones.
Después, se comenzó a pensar de que no sólo se debía protestar, sino que se tenía que pasar a una nueva etapa y reunirse en un lugar a nivel del mundo para buscar y proponer, juntos, soluciones alternativas a la Globalización.
En el 2001, decidimos hacerlo en una ciudad de Brasil, en Porto Alegre y llegaron 15 mil personas. En este primer encuentro mundial se reflexionó y se buscaron alternativas, difundiéndolas cada quien en sus propios países. En 2002, llegaron 70 mil personas y se sumaron otros movimientos y organizaciones.
Los globalizados empezaban a producir teorías sobre la Globalización, al tiempo que analizaban cómo se podía pasar a otro sistema. (…) Existe hoy en América Latina una luz frente a los estragos sociales producidos por la Globalización y una esperanza de que sea posible otro tipo de economía. Una economía más humana, más solidaria, que ponga al centro de su actuar en la persona y no a la riqueza y al egoísmo.
Creo que hoy día un gobierno que pretenda realizar cambios sociales importantes o devolver a la sociedad la riqueza que se le ha robado durante siglos, para permitir que la gente pueda vivir con dignidad, con trabajo, educación, sanidad, viviendas, tiene que ser muy modesto. No se puede pensar, como se pensó en otra época, que el gobierno tiene todas las soluciones, que llega con un programa para hacer todo desde arriba.
Lo que tiene que hacer es escuchar a la sociedad: ¿qué es lo que la sociedad está pidiendo como cambio?, ¿qué tipo de solución está buscando en los diferentes ámbitos sociales?, ¿cuál es la mejor solución que colectivamente la sociedad está queriendo encontrar en materia de producción, organización y en lo social? Es indispensable que el movimiento social aporte a las soluciones y es lo que el Subcomandante Marcos resume en una frase, de que “el gobierno tiene que mandar obedeciendo”, no mandar con soberbia y lo debe hacer independientemente del tipo de poder político que se presente.
Es lo que hizo Evo Morales con la nacionalización de los hidrocarburos, donde se necesita mucho valor para soportar las críticas. Está claro que no lo hizo porque era un capricho, sino porque la sociedad que lo eligió se lo pedía y quiere que la riqueza de Bolivia regresara a Bolivia y lo mismo será con la reforma agraria.
Al mismo tiempo, los movimientos sociales tienen que organizarse y trabajar desde abajo y no esperar que todo llegue desde arriba. Esto es, definitivamente, lo más importante para que siga la esperanza de que nuestra sociedad latinoamericana pueda de verdad soñar en que otro tipo de mundo sea realmente posible".
¿A qué le llamamos Globalización?
La globalización es un fenómeno que pretende ser únicamente económico y pretende serlo con mucha arrogancia. En realidad, pretende ser la única fórmula económica que funciona, basándose en el principio del neoliberalismo. Es decir, la idea de que después del fracaso de la Unión Soviética ya no hay vías alternativas en materia económica.
Esta idea, desarrollada originariamente por un grupo de economistas estadounidenses, esencialmente por Milton Friedman, que en los años 70 desarrollaron la idea de que, para favorecer la flexibilidad de la ideología, a todas costas había que reducir la talla del Estado.
Pensaban que el Estado, a lo largo del siglo XX, había tenido la tendencia a extenderse demasiado, a ocupar mucho espacio y que por consiguiente, había que reducirlo, había que suprimir al Estado y a una de sus más importantes prerrogativas. Es decir, el Estado no tenía que jugar ningún papel económico, no poseer nada, ni recursos en dinero, ni tierras, ni empresas estratégicas como las del transporte, servicios básicos, etcétera.
El Estado debía vender, o sea privatizar. Estas privatizaciones, que empezaron de forma brutal en los años 80, se hacían por primera vez en la historia. Después del siglo XVIII, los estados vivieron un gran desarrollo y fueron también actores económicos para poder tener los medios y distribuir la riqueza nacional.
Antes, en muchos países, donde había sólo algunas riquezas, éstas pertenecían a unos pequeños grupos de la sociedad, las oligarquías que poseían el 80 ó 90 por ciento de la riqueza nacional. La situación era extremadamente injusta y la gente seguía protestando. Esos pequeños grupos (un 10 por ciento de la población), defendían sus privilegios apoyándose en un aparato represivo fuerte, que no servían para defender al país, sino a los ricos de los pobres.
En las sociedades modernas, a partir del siglo XIX y después de una serie de revoluciones, poco a poco el Estado se apropió de estas propiedades para distribuir la riqueza entre la mayoría de la sociedad. El Estado pasó a ser un actor económico muy importante.
A lo largo del siglo XX, el Estado había desarrollado su capacidad de cobrar impuestos a los que debían de pagarlos, es decir a los que más ganaban y estos impuestos servían al Estado para construir las infraestructuras, que permiten darle a la sociedad lo que necesita, los servicios básicos.
Se transformó en un Estado benefactor introduciendo los principios de la seguridad social, la jubilación. Un estado estratega para el futuro y planificador. Ese Estado era en definitiva un Estado para los pobres.
La tesis de la globalización era que ese Estado tenía que desaparecer y de igual manera tenían que desaparecer los impuestos, con la idea de que “un Estado mínimo es un Estado mejor, menos Estado, mejor Estado”; pero, eso era bueno sólo para los ricos y no para los pobres.
Entonces, se desarrolló la tesis de que había que privatizar todo lo que pertenecía al Estado. Si un país poseía petróleo y pertenecía al Estado, al privatizarlo ocurría que lo compraban los ricos o peor, lo compraban los extranjeros y el país perdía el único recurso para ayudar a los más necesitados. (…) Reducir al Estado quiere decir también disminuir su presupuesto y por consiguiente, el número de sus funcionarios y los países que han aplicado la globalización han despedido a miles de funcionarios, han reducido su jubilación y en muchos países, ya casi no existe una educación y una sanidad públicas. Los más pobres van a una escuela de escasa calidad y los ricos van a la escuela privada, manteniendo de esa manera la estratificación social: los más pobres siempre serán pobres y los ricos siempre serán ricos.
La Globalización ha creado un desposeimiento de la riqueza y de la soberanía nacional, manteniendo una diferencia de categoría social y de gasto social muy marcado. Y esto en un contexto político, el de los 90, donde por razones históricas no había una gran voluntad de réplica social. Esta teoría fue aplicada sin consultar a la sociedad.
El primer país donde se aplicó fue en el Chile de Augusto Pinochet, quien con la fuerza agresiva de la dictadura, pudo imponer esta reforma e intimidar a la sociedad que no podía replicar por miedo a la represión.
Se aplicó después en el Reino Unido, en Inglaterra, con el gobierno de Margareth Thatcher en 1979. Allí logró romper a los sindicatos, privatizar el transporte, las minas, terminando una tradición de dos siglos de luchas sociales. En 1980, ganó las elecciones Ronald Reagan, quien introdujo en los Estados Unidos esta teoría de la Globalización y la aplicó en todas las instituciones controladas por los Estados Unidos, como son el FMI y el Banco Mundial. A partir de ese momento, controlando a estas instituciones, la globalización comenzó a extenderse a todos los países.
El segundo país en América Latina, donde se aplicó esa nueva teoría, fue en Bolivia. Fue una verdadera “terapia de choque”, donde con una brutalidad impresionante se le arrebató a la sociedad y a los trabajadores sus derechos y la riqueza del país.
En 1983, el presidente Sánchez de Lozada, en su primer mandato, comenzó esta terapia de choque con la privatización de los hidrocarburos. Siguió Perú con el gobierno de Alberto Fujimori y Venezuela, donde en 1992 Carlos Andrés Pérez aplicó la misma terapia y se produjo una insurrección popular conocida como “el Caracazo”, donde el Ejército reprimió al pueblo dejando entre 2 y 3 mil víctimas y posiblemente muchas más. (…) Dos años después, el primero de Enero de 1994, entró en vigor el primer Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México (NAFTA). El mismo día, ingresaron en escena los zapatistas del Subcomandante Marcos, quienes salieron de la Selva Lacandona para protestar simbólicamente contra el NAFTA y ocuparon San Cristóbal de Las Casas con las armas. En esta ocasión, el Subcomandante Marcos, por primera vez, comenzó a difundir una visión clara sobre la Globalización y sus efectos.
En África la población Saharaui, produce un algodón en condiciones infrahumanas al lado del Sahara. Trabajan como esclavos para ellos mismos, para producir un algodón de excelente calidad y a un buen precio, pero ese algodón no lo pueden vender ni en su país.
En los Estados Unidos producen algodón con maquinarias modernas y con grandes subvenciones, que hacen que ese algodón resulte ser exportable a la misma África a un precio más barato de lo que producen los productores locales. Abrir las fronteras se transforma entonces en la ruina de los pequeños y medianos campesinos y productores en general.
Cuando los zapatistas entraron en San Cristóbal de Las Casas, la que hoy llamamos Globalización, aún no tenía nombre. No sabíamos darle un nombre a este fenómeno de privatizaciones, violaciones a los derechos laborales, transformaciones de la economía. Las finanzas comienzan a tener más importancia que la producción industrial.
Los analistas pensaban todavía que eran fenómenos separados y no una sola fórmula, donde existe una sola solución a los problemas económicos. Yo había propuesto llamarle “el Pensamiento único”, porque no se nos permitía pensar de otra manera, esto era lo único que funcionaba y había que aceptarlo como un dogma indiscutible. Después, se comenzó a llamarle 'Globalización', pero el Subcomandante Marcos ya lo había entendido, a través de sus reflexiones por la Internet.
¿Qué estaba pasando en América Latina desde hace más de 10 años?
Estaban instaurándose experiencias de globalización. Había protestas, como en Caracas, pero no muchas más en otros países. Esto se debía también al hecho de que todos los medios de comunicación repetían constantemente a la gente que se trataba de fórmulas mágicas, que iban a permitir a las sociedades la entrada en la modernidad, en el desarrollo, en la riqueza para todos y la gente esperaba ver lo qué iba a pasar y las mismas víctimas de la Globalización no se atrevían a protestar.
Hoy la situación de la comunicación no ha cambiado mucho. A diferencia de los primeros años 90, el sistema de comunicación es mucho más sofisticado; hay una gran proliferación de medios escritos, radiales, televisivos y la comunicación es masiva, sin embargo la constatación es que todo ese sistema en realidad no está presentando una variedad de información, sino la misma información.
Existen muchas fuentes, pero en realidad funcionan como una unidad, un sólo mensaje ideológicamente de apoyo indiscriminado a la Globalización y de crítica sistemática e igualmente indiscriminada contra al pensamiento disidente y a quienes critican a la Globalización. Los que tienen recursos pueden buscar esta información crítica en la Internet, pero esto presupone un cierto nivel de educación, formación y recursos económicos.
El tema de la comunicación mediática internacional está funcionando como el aparato ideológico de la Globalización, como la maquinaria de propaganda de la Globalización.
Después de 1994, se empezó a reflexionar a escala internacional sobre cómo combatir a esta teoría que se estaba aplicando también en el Norte y la estaban aplicando los gobiernos de derecha y también de izquierda, provocando estragos muy importantes.
Comenzó a surgir un pensamiento autónomo de cómo reflexionar para identificar la Globalización. Era como si todos tuviéramos una enfermedad de la cual se conoce su sintomatología, pero sin saber de qué enfermedad se trataba, sus causas y las relaciones entre los diferentes síntomas.
Poco a poco se encontró una definición que nadie había teorizado. Empezamos a organizarnos con la participación de asociaciones, Ongs, sindicatos y comenzamos a protestar, pero no contra la globalización en general, sino contra sus aplicaciones en cada país. En particular se intentó detectar a las organizaciones que estaban estimulando la globalización, como el motor de la Globalización.
En diciembre de 1999 en Seattle, Estados Unidos, se produjo una gran manifestación en que participaron organizaciones que venían de muchos países, porque en esta ciudad se desarrollaba, por primera vez, una cumbre de una organización todavía poco conocida: la Organización Mundial del Comercio (OMC). La OMC es uno de los motores de la Globalización y es la que dice a los países cómo deben comportarse para abrirse a los capitales extranjeros, cómo sacrificar a sus trabajadores para que se puedan instalar las empresas que no respetan los derechos laborales, que dan sueldos de miseria, que ofrecen puestos de trabajo-basura y que dicen que esto es bueno para el país.
Allí se denunció que la OMC era una organización responsable de las grandes tragedias sociales, que se producen en el mundo. A partir de ese momento comenzaron protestas en todo el mundo contra la Globalización y las sociedades comenzaron a levantarse.
En Cochabamba, la empresa transnacional que había comprado la distribución del agua y que empezó a aumentar su precio se enfrentó a la ira de la gente y tuvo que irse. En Arica, Perú, se había privatizado la electricidad con el consiguiente aumento de las tarifas. La gente comenzó fuertes protestas y la empresa tuvo que bajar los precios. En Costa Rica, también protestaron e impidieron las privatizaciones.
Después, se comenzó a pensar de que no sólo se debía protestar, sino que se tenía que pasar a una nueva etapa y reunirse en un lugar a nivel del mundo para buscar y proponer, juntos, soluciones alternativas a la Globalización.
En el 2001, decidimos hacerlo en una ciudad de Brasil, en Porto Alegre y llegaron 15 mil personas. En este primer encuentro mundial se reflexionó y se buscaron alternativas, difundiéndolas cada quien en sus propios países. En 2002, llegaron 70 mil personas y se sumaron otros movimientos y organizaciones.
Los globalizados empezaban a producir teorías sobre la Globalización, al tiempo que analizaban cómo se podía pasar a otro sistema. (…) Existe hoy en América Latina una luz frente a los estragos sociales producidos por la Globalización y una esperanza de que sea posible otro tipo de economía. Una economía más humana, más solidaria, que ponga al centro de su actuar en la persona y no a la riqueza y al egoísmo.
Creo que hoy día un gobierno que pretenda realizar cambios sociales importantes o devolver a la sociedad la riqueza que se le ha robado durante siglos, para permitir que la gente pueda vivir con dignidad, con trabajo, educación, sanidad, viviendas, tiene que ser muy modesto. No se puede pensar, como se pensó en otra época, que el gobierno tiene todas las soluciones, que llega con un programa para hacer todo desde arriba.
Lo que tiene que hacer es escuchar a la sociedad: ¿qué es lo que la sociedad está pidiendo como cambio?, ¿qué tipo de solución está buscando en los diferentes ámbitos sociales?, ¿cuál es la mejor solución que colectivamente la sociedad está queriendo encontrar en materia de producción, organización y en lo social? Es indispensable que el movimiento social aporte a las soluciones y es lo que el Subcomandante Marcos resume en una frase, de que “el gobierno tiene que mandar obedeciendo”, no mandar con soberbia y lo debe hacer independientemente del tipo de poder político que se presente.
Es lo que hizo Evo Morales con la nacionalización de los hidrocarburos, donde se necesita mucho valor para soportar las críticas. Está claro que no lo hizo porque era un capricho, sino porque la sociedad que lo eligió se lo pedía y quiere que la riqueza de Bolivia regresara a Bolivia y lo mismo será con la reforma agraria.
Al mismo tiempo, los movimientos sociales tienen que organizarse y trabajar desde abajo y no esperar que todo llegue desde arriba. Esto es, definitivamente, lo más importante para que siga la esperanza de que nuestra sociedad latinoamericana pueda de verdad soñar en que otro tipo de mundo sea realmente posible".
LOS VALORES DEMOCRÁTICOS EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN Y DE POSMODERNISMO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Heinz R. Sonntag (2006) “Los valores democráticos en tiempos de Globalización y de posmodernismo”.
INTRODUCCIÓN
Las voces que proclaman que estamos viviendo tiempos de crisis son numerosas y múltiples. Provienen de los más diversos actores colectivos y de analistas de cualquier color político-ideológico. Hacen referencia a una serie de cambios y transformaciones que han venido produciéndose a 10 largo de los últimos -digamos- 25 años en prácticamente todos los órdenes de la vida del actual sistema histórico y de las sociedades que a él pertenecen: la totalidad de ellas. Los ecos de tales voces se escuchan en las percepciones de las gentes, tal y como se refleja en los sondeos de opinión pública: grandes mayorías manifiestan que sus condiciones de vida hoy día son peores que en el pasado reciente, que se sienten insatisfechas y hasta infelices con los modos y ritmos de sus mundos de vida y que sus visiones del futuro no incluyen la esperanza de que la situación mejore a corto o mediano plazo, ni siquiera para sus hijos y los hijos de sus hijos. Tan frecuente es el uso de la palabra crisis que se ha hablado de la inflación que ha sufrido.
En efecto, los discursos domingueros de políticos y estadistas, los estudios de economistas y sociólogos, los análisis de críticos de la cultura y ensayistas, las reflexiones de escritores y científicos naturales hacen todos ellos referencia a la crisis. En consecuencia, nunca queda claro el sentido que tiene el término en el concierto que lo tiene como leitmotiv, amén de la incapacidad de unos o la falta de voluntad de otros para darle una clara definición: crisis es cualquier empeoramiento, a cualquier escala, de las cosas en cualquiera de sus marchas cíclicas.
Empezaré, entonces, por indicar qué es lo que entiendo por crisis. En la tradición de la Sociología histórica y siguiendo en especial a Immanuel Wallerstein, entiendo que crisis se refiere a una circunstancia rara, marcada por el hecho de que un sistema histórico-social ha evolucionado hasta tal punto que el efecto acumulativo de sus contradicciones le hace imposible resolver sus dilemas mediante ajustes en sus patrones institucionales normales. Esto es: cada sistema histórico nace, es desde el inicio intrínsecamente contradictorio, desarrolla y consolida una armazón institucional que es capaz de solucionar tales contradicciones y de adaptarse a los cambios que el propio sistema engendra, evoluciona hasta llegar al máximo de sus capacidades (tecnológicas, económicas, culturales, políticas) y empieza a declinar. Llegado este momento, la muerte del sistema histórico existente es segura, aunque no necesariamente inminente, razón por la cual los que viven en él se encuentran con una elección histórica real: ¿cuál es el nuevo sistema histórico que quieren construir o crear?
Como se podrá apreciar, este concepto de crisis no es históricamente asmático ni miope. Remite al hecho de que las crisis son acontecimientos nada frecuentes y que, tal y como lo indica la palabra griega en la que el concepto está etimológicamente enraizado, encierra siempre la muerte y la oportunidad. En este sentido, la crisis es un proceso de transición de un sistema histórico-social a otro. Ciertamente, tal transición dura bastante tiempo y es además cíclica: no es un proceso lineal de deterioro y de hundimiento, sino discontinuo, de períodos de recuperación y empeoramiento, en los cuales el empeoramiento es la tendencia dominante en el largo plazo.
Pienso que el sistema histórico actual está viviendo una crisis de esta naturaleza. Se ha iniciado en la década de los setenta, cuando llegó a su final la más intensa expansión cuantitativa y cualitativa de dicho sistema, esto es: el período después de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los sesenta-comienzos de los setenta, ha tenido épocas de recuperación, mas ha dominado la tendencia a un mayor deterioro, se ha extendido durante los años ochenta y continuado durante lo que va de los noventa, y muestra síntomas que indican que seguirá. Los cambios y transformaciones que ha acarreado -y está acarreando día tras día- muestran efectivamente dos elementos: 1) que la armazón socioinstitucional es cada día más incapaz de resolver las contradicciones y dilemas que el sistema produce, pese a todas las políticas de ajuste estructural que se inventen; y 2) que se están abriendo caminos para ir construyendo o creando un nuevo sistema.
Claro está que esta crisis de transición se manifiesta en cada sociedad de acuerdo con las particularidades que ella tiene, en medio de su pertenencia al sistema histórico-social vigente y de los subsiguientes rasgos que comparte con todas las demás sociedades. Incluso, grupos de sociedades juntados a través de la historia pueden poseer características comunes, las cuales los diferencian de otros grupos de sociedades, también en su comportamiento dentro de la crisis. Es el caso de América Latina y el Caribe, tal vez con los pueblos ibéricos incluidos, por aquello de los dos rasgos que marcan su diferencia específica con respecto, por ejemplo, al ámbito anglosajón o alemán: el mestizaje y el idioma.
Lo anterior me obliga a declarar que los tiempos de globalización y de posmodernismo son los tiempos de la crisis y que tanto la primera como el segundo indican procesos que a ella pertenecen. Después de un examen de los valores democráticos, tal y como fueron expuestos y definidos en la Declaración de Margarita, pretendo demostrar sintéticamente los rasgos de globalización y posmodernismo que caracterizan a estos últimos como síntomas de la crisis, para terminar proponiendo algunas reflexiones en torno a cómo podemos y debemos -los jóvenes y los que ya no lo somos tanto, al menos de acuerdo con nuestras partidas de nacimiento--, en y desde América Latina o Iberoamérica, encontramos con las oportunidades que nos ofrece la crisis: construir o crear un nuevo sistema histórico.
LOS VALORES DEMOCRÁTICOS EN LA DECLARACIÓN DE MARGARITA
Como es del conocimiento general, la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se reunió entre el 8 y el 9 de noviembre de 1997 en la Isla de Margarita. En la reunión final de la pasada Cumbre, realizada el año anterior en Viña del Mar, en Chile, el presidente Caldera había propuesto como tema de la cita de la que Venezuela iba a ser el país anfitrión: Los valores éticos de la democracia. Asumió de esta forma el reto de emprender una reflexión capaz de profundizar en los temas que habían sido debatidos en las cumbres anteriores, especialmente el de Viña del Mar: La gobernabilidad democrática.
Al resumir algunos postulados de la teoría moderna de la democracia, la Declaración ratifica el compromiso asumido en reuniones anteriores para promover la revalorización de la política en la vida diaria de nuestros pueblos, estimulando su participación política. Esta postura es ciertamente importante y significativa. Para nadie es un secreto que uno de los síntomas de la crisis, a nivel de prácticamente cada una de las sociedades que componen el actual sistema histórico-social, es la desvalorización tanto de lo político como de la política y, por antonomasia, de los políticos.
El mito de que todos los problemas deben solucionarse técnicamente mediante procedimientos gerenciales pasa por alto la naturaleza estrictamente política de la inmensa mayoría de ellos, esto es: su ubicación en el campo de las relaciones sociales y de poder, y su vinculación con determinados intereses particulares y públicos, enfrentados o no. Dicho mito es parte del tecnocratismo como ideología, y éste es manifestación de la propia lógica del sistema histórico: la acumulación por la acumulación, su autorregulación por ella engendrada. Al situarse fuera de ese mito, es lógico que la Declaración insista en la formación y la participación ciudadanas en la vida cotidiana y las decisiones sobre los asuntos públicos.
Con el término Declaración me refiero en adelante a la versión oficial que consta de tres partes: Los valores éticos de la democracia, la cooperación derivada de las cumbres de la Conferencia Iberoamericana y Asuntos de especial interés, la cual me fue facilitada por el Centro de Documentación de la COPRE y social, fortaleciendo desde la más temprana edad escolar los programas de formación ciudadana y de educación para la democracia y la participación, propiciando la capacitación de dirigentes políticos, a fin de que se mantenga y crezca un interés generalizado por el perfeccionamiento del régimen democrático y de los órganos y estructuras que lo conforman (párrafo 2).
Para poder entender lo ético de los valores democráticos, los Jefes de Estado y de Gobierno tuvieron necesariamente que convenir en que «la democracia es no sólo un sistema de gobierno, sino también una forma de vida a la que los valores éticos dan consistencia y perdurabilidad» (párrafo 3). Efectivamente, los sistemas de gobierno no necesitan de la ética para ser puestos en marcha; incluso para ser eficientes y eficaces y mantener así la gobernabilidad --de hecho conocemos bastantes que han carecido de ella. En cambio, en sistemas de convivencia o formas de vida, la ética es imprescindible para que cada individuo pueda desarrollar sus prácticas más allá de la moral personal, inmerso en y sujeto a una ética compartida. La Declaración enumera los principios jurídicos y valores éticos más importantes:
la tolerancia; la capacidad de valorar y aceptar el pluralismo; el derecho a la libre expresión y al debate público; el respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos; la aplicación de las reglas de la convivencia civilizada establecidas por la ley; la validez del diálogo en la solución de los conflictos; la transparencia y la responsabilidad de la gestión pública (párrafo 3).
Los valores éticos de la Declaración son tratados en los siguientes capítulos: · La promoción, respeto y garantía de los derechos humanos, la justicia social, la administración de justicia, ética y administración pública, partidos políticos y transparencia de los procesos electorales y derecho a la información.
De los derechos humanos dicen los Jefes de Estado y de Gobierno que «razón de ser y contenido» de la democracia no los limitan a los derechos ciudadanos que podríamos llamar «clásicos» (los de libremente pensar, opinar, organizarse y elegir sus gobiernos), sino que incluyen en forma implícita los derechos económicos, sociales y culturales, y explícitamente «el derecho al desarrollo» y exigen que su plena vigencia sea el resultado de los esfuerzos de cada país y de su gobierno, así como de la cooperación internacional al respecto:
un claro reconocimiento de los límites de la soberanía nacional en aras del cumplimiento de los derechos humanos (párrafos 5 y 9). Subrayan que éstos se basan «en la dignidad, la igualdad, la no discriminación y la solidaridad» (párrafo 6).
La Declaración define la justicia social como «la realización material de la justicia en el conjunto de las relaciones sociales, la cual exige medidas de compensación a favor de aquellos que requieran un tratamiento especial y diferenciado y que no pueden representar o hacer valer de forma efectiva y pública sus intereses, necesidades y aspiraciones» (párrafo 12, cursivas mías); la parte destacada de la frase implica un reconocimiento de la necesidad de que el Estado participe activamente en la realización de la justicia social, esto es: que no se la puede dejar al simple juego de la «mano invisible» del mercado. La justicia social debe aplicarse internacionalmente, razón por la cual se reclama que «los países desarrollados económica y tecnológicamente [presten] su colaboración a los países menos desarrollados» (párrafo 12). Se vincula la justicia con el desarrollo sostenible para «enfrentar de manera eficaz la superación de la pobreza y de la extrema pobreza, el desafío de alcanzar la plena armonía entre la democracia y la búsqueda común de una calidad de vida más elevada para sus pueblos» (párrafo 15), y se reitera el compromiso con la Declaración de Principios y el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo celebrada en marzo de 1995 en Copenhague.
Dice la Declaración: «La administración de justicia debe inspirarse en valores éticos. Corresponde al Estado asegurar su imparcialidad y objetividad, así como la igualdad y respeto de la dignidad de las personas, ajenos a las conveniencias del poder, ya sean económicas, sociales o políticas» (párrafo 19).
Los Jefes de Estado y de Gobierno postulan una administración pública que esté basada «no sólo en el derecho sino también en una ética» (párrafo 24) y llaman la atención sobre la necesidad de «establecer códigos de conducta ética de los funcionarios públicos (. . .) que deberán contener principios reguladores susceptibles de ser concretados y aplicados a los diferentes tipos de comportamiento administrativo y a los problemas éticos que afrontan los diversos organismos administrativos» (párrafo 25). Particularmente importante a este respecto es la erradicación, o al menos la minimización, de prácticas de corrupción tanto en el Estado a sus diferentes niveles como en el sector privado.
Al reafirmar «que el desarrollo del sistema político democrático, a través de las figuras de la representación y la participación, implica necesariamente el aporte de las agrupaciones y partidos políticos, en concordancia con la vigencia de los valores de libertad, igualdad, bienestar, orden y justicia» (párrafo 31), la Declaración postula que se desarrollen formas organizativas más participativas que se acoplen a «la creciente exigencia de nuestros pueblos de fortalecer más la participación en las decisiones que afectan a la sociedad» (párrafo 33), así como más transparentes y menos verticales. De los procesos electorales se dice que su control debe ser compartido entre gobiernos, partidos y organismos de la sociedad, para que adquieran la legitimidad que tales actos necesitan.
Finalmente, los párrafos 38 al 43 están dedicados al derecho a la información, en la tónica de que sólo un individuo informado y con acceso ilimitado a la información puede ser un ciudadano. Valga acotar que el presidente Caldera deseaba una declaración al menos tan sustanciosa sobre el panicular como las que se expresaron y adoptaron sobre otros asuntos. Sin embargo, debido a la presión mancomunada de los propietarios de los medios de los países iberoamericanos no fue posible lograr un consenso al respecto. Antes de pasar al examen de algunos rasgos de la globalización y el posmodernismo, me adelanto a posibles observaciones críticas a la Declaración. Podría argumentarse que es similar a otras declaraciones solemnes, no expresa sino generalidades y no vale por ello ni el papel en el que está escrita. Si bien el tono y algunos aspectos del contenido parecen confirmar esta impresión, otros la contradicen: es una de las pocas veces que yo recuerde haber leído un documento oficial, producto de largas e intensas negociaciones entre gobiernos de diferente color político-ideológico (de Menem a Castro, para personalizar lo que quiero enfatizar), que haga tan extensas referencias argumentales a la ética de la democracia. También podría objetarse que va a ser muy difícil hacer el seguimiento a las acciones que los Jefes de Estado y de Gobierno prometen acometer para asegurar el cabal cumplimiento de la realización de los valores éticos señalados. Ello no deja de ser cierto, aunque con dicha realización oCUlTe lo mismo que con la legitimación: ésta es un proceso que tiene que darse y así reafirmarse diariamente y en la vida cotidiana, nunca llega a un estado ideal y acabado (En este sentido podría hablarse de legitimidad solamente en el caso de medidas o actos políticos concluidos, jamás durante el cotidiano ejercer de la política en democracia).
Del mismo modo, la realización de los valores éticos es una tarea de todos, líderes y ciudadanos comunes, dirigentes y dirigidos-representados, gobernantes y gobernados. Finalmente, podrá decirse que será harto difícil comprometer a todos los países miembros de la comunidad iberoamericana para que sus gobiernos cumplan plenamente las acciones destinadas a reforzar los valores éticos de la democracia. Ello también es parcialmente cierto, pero podría obviarse en la medida en que dicha comunidad se afiance cada vez más y logre una cohesión de altas dimensiones, proceso histórico que está en marcha y que presenta algunos resultados positivos, desde la ampliación del comercio hasta la intensificación de los intercambios culturales intracomunidad.
GLOBALIZACIÓN Y POSMODERNISMO COMO SÍNTOMAS DE LA CRISIS
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Heinz R. Sonntag (2006) “Los valores democráticos en tiempos de Globalización y de posmodernismo”.
INTRODUCCIÓN
Las voces que proclaman que estamos viviendo tiempos de crisis son numerosas y múltiples. Provienen de los más diversos actores colectivos y de analistas de cualquier color político-ideológico. Hacen referencia a una serie de cambios y transformaciones que han venido produciéndose a 10 largo de los últimos -digamos- 25 años en prácticamente todos los órdenes de la vida del actual sistema histórico y de las sociedades que a él pertenecen: la totalidad de ellas. Los ecos de tales voces se escuchan en las percepciones de las gentes, tal y como se refleja en los sondeos de opinión pública: grandes mayorías manifiestan que sus condiciones de vida hoy día son peores que en el pasado reciente, que se sienten insatisfechas y hasta infelices con los modos y ritmos de sus mundos de vida y que sus visiones del futuro no incluyen la esperanza de que la situación mejore a corto o mediano plazo, ni siquiera para sus hijos y los hijos de sus hijos. Tan frecuente es el uso de la palabra crisis que se ha hablado de la inflación que ha sufrido.
En efecto, los discursos domingueros de políticos y estadistas, los estudios de economistas y sociólogos, los análisis de críticos de la cultura y ensayistas, las reflexiones de escritores y científicos naturales hacen todos ellos referencia a la crisis. En consecuencia, nunca queda claro el sentido que tiene el término en el concierto que lo tiene como leitmotiv, amén de la incapacidad de unos o la falta de voluntad de otros para darle una clara definición: crisis es cualquier empeoramiento, a cualquier escala, de las cosas en cualquiera de sus marchas cíclicas.
Empezaré, entonces, por indicar qué es lo que entiendo por crisis. En la tradición de la Sociología histórica y siguiendo en especial a Immanuel Wallerstein, entiendo que crisis se refiere a una circunstancia rara, marcada por el hecho de que un sistema histórico-social ha evolucionado hasta tal punto que el efecto acumulativo de sus contradicciones le hace imposible resolver sus dilemas mediante ajustes en sus patrones institucionales normales. Esto es: cada sistema histórico nace, es desde el inicio intrínsecamente contradictorio, desarrolla y consolida una armazón institucional que es capaz de solucionar tales contradicciones y de adaptarse a los cambios que el propio sistema engendra, evoluciona hasta llegar al máximo de sus capacidades (tecnológicas, económicas, culturales, políticas) y empieza a declinar. Llegado este momento, la muerte del sistema histórico existente es segura, aunque no necesariamente inminente, razón por la cual los que viven en él se encuentran con una elección histórica real: ¿cuál es el nuevo sistema histórico que quieren construir o crear?
Como se podrá apreciar, este concepto de crisis no es históricamente asmático ni miope. Remite al hecho de que las crisis son acontecimientos nada frecuentes y que, tal y como lo indica la palabra griega en la que el concepto está etimológicamente enraizado, encierra siempre la muerte y la oportunidad. En este sentido, la crisis es un proceso de transición de un sistema histórico-social a otro. Ciertamente, tal transición dura bastante tiempo y es además cíclica: no es un proceso lineal de deterioro y de hundimiento, sino discontinuo, de períodos de recuperación y empeoramiento, en los cuales el empeoramiento es la tendencia dominante en el largo plazo.
Pienso que el sistema histórico actual está viviendo una crisis de esta naturaleza. Se ha iniciado en la década de los setenta, cuando llegó a su final la más intensa expansión cuantitativa y cualitativa de dicho sistema, esto es: el período después de la Segunda Guerra Mundial hasta finales de los sesenta-comienzos de los setenta, ha tenido épocas de recuperación, mas ha dominado la tendencia a un mayor deterioro, se ha extendido durante los años ochenta y continuado durante lo que va de los noventa, y muestra síntomas que indican que seguirá. Los cambios y transformaciones que ha acarreado -y está acarreando día tras día- muestran efectivamente dos elementos: 1) que la armazón socioinstitucional es cada día más incapaz de resolver las contradicciones y dilemas que el sistema produce, pese a todas las políticas de ajuste estructural que se inventen; y 2) que se están abriendo caminos para ir construyendo o creando un nuevo sistema.
Claro está que esta crisis de transición se manifiesta en cada sociedad de acuerdo con las particularidades que ella tiene, en medio de su pertenencia al sistema histórico-social vigente y de los subsiguientes rasgos que comparte con todas las demás sociedades. Incluso, grupos de sociedades juntados a través de la historia pueden poseer características comunes, las cuales los diferencian de otros grupos de sociedades, también en su comportamiento dentro de la crisis. Es el caso de América Latina y el Caribe, tal vez con los pueblos ibéricos incluidos, por aquello de los dos rasgos que marcan su diferencia específica con respecto, por ejemplo, al ámbito anglosajón o alemán: el mestizaje y el idioma.
Lo anterior me obliga a declarar que los tiempos de globalización y de posmodernismo son los tiempos de la crisis y que tanto la primera como el segundo indican procesos que a ella pertenecen. Después de un examen de los valores democráticos, tal y como fueron expuestos y definidos en la Declaración de Margarita, pretendo demostrar sintéticamente los rasgos de globalización y posmodernismo que caracterizan a estos últimos como síntomas de la crisis, para terminar proponiendo algunas reflexiones en torno a cómo podemos y debemos -los jóvenes y los que ya no lo somos tanto, al menos de acuerdo con nuestras partidas de nacimiento--, en y desde América Latina o Iberoamérica, encontramos con las oportunidades que nos ofrece la crisis: construir o crear un nuevo sistema histórico.
LOS VALORES DEMOCRÁTICOS EN LA DECLARACIÓN DE MARGARITA
Como es del conocimiento general, la VII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se reunió entre el 8 y el 9 de noviembre de 1997 en la Isla de Margarita. En la reunión final de la pasada Cumbre, realizada el año anterior en Viña del Mar, en Chile, el presidente Caldera había propuesto como tema de la cita de la que Venezuela iba a ser el país anfitrión: Los valores éticos de la democracia. Asumió de esta forma el reto de emprender una reflexión capaz de profundizar en los temas que habían sido debatidos en las cumbres anteriores, especialmente el de Viña del Mar: La gobernabilidad democrática.
Al resumir algunos postulados de la teoría moderna de la democracia, la Declaración ratifica el compromiso asumido en reuniones anteriores para promover la revalorización de la política en la vida diaria de nuestros pueblos, estimulando su participación política. Esta postura es ciertamente importante y significativa. Para nadie es un secreto que uno de los síntomas de la crisis, a nivel de prácticamente cada una de las sociedades que componen el actual sistema histórico-social, es la desvalorización tanto de lo político como de la política y, por antonomasia, de los políticos.
El mito de que todos los problemas deben solucionarse técnicamente mediante procedimientos gerenciales pasa por alto la naturaleza estrictamente política de la inmensa mayoría de ellos, esto es: su ubicación en el campo de las relaciones sociales y de poder, y su vinculación con determinados intereses particulares y públicos, enfrentados o no. Dicho mito es parte del tecnocratismo como ideología, y éste es manifestación de la propia lógica del sistema histórico: la acumulación por la acumulación, su autorregulación por ella engendrada. Al situarse fuera de ese mito, es lógico que la Declaración insista en la formación y la participación ciudadanas en la vida cotidiana y las decisiones sobre los asuntos públicos.
Con el término Declaración me refiero en adelante a la versión oficial que consta de tres partes: Los valores éticos de la democracia, la cooperación derivada de las cumbres de la Conferencia Iberoamericana y Asuntos de especial interés, la cual me fue facilitada por el Centro de Documentación de la COPRE y social, fortaleciendo desde la más temprana edad escolar los programas de formación ciudadana y de educación para la democracia y la participación, propiciando la capacitación de dirigentes políticos, a fin de que se mantenga y crezca un interés generalizado por el perfeccionamiento del régimen democrático y de los órganos y estructuras que lo conforman (párrafo 2).
Para poder entender lo ético de los valores democráticos, los Jefes de Estado y de Gobierno tuvieron necesariamente que convenir en que «la democracia es no sólo un sistema de gobierno, sino también una forma de vida a la que los valores éticos dan consistencia y perdurabilidad» (párrafo 3). Efectivamente, los sistemas de gobierno no necesitan de la ética para ser puestos en marcha; incluso para ser eficientes y eficaces y mantener así la gobernabilidad --de hecho conocemos bastantes que han carecido de ella. En cambio, en sistemas de convivencia o formas de vida, la ética es imprescindible para que cada individuo pueda desarrollar sus prácticas más allá de la moral personal, inmerso en y sujeto a una ética compartida. La Declaración enumera los principios jurídicos y valores éticos más importantes:
la tolerancia; la capacidad de valorar y aceptar el pluralismo; el derecho a la libre expresión y al debate público; el respeto, la promoción y la protección de los derechos humanos; la aplicación de las reglas de la convivencia civilizada establecidas por la ley; la validez del diálogo en la solución de los conflictos; la transparencia y la responsabilidad de la gestión pública (párrafo 3).
Los valores éticos de la Declaración son tratados en los siguientes capítulos: · La promoción, respeto y garantía de los derechos humanos, la justicia social, la administración de justicia, ética y administración pública, partidos políticos y transparencia de los procesos electorales y derecho a la información.
De los derechos humanos dicen los Jefes de Estado y de Gobierno que «razón de ser y contenido» de la democracia no los limitan a los derechos ciudadanos que podríamos llamar «clásicos» (los de libremente pensar, opinar, organizarse y elegir sus gobiernos), sino que incluyen en forma implícita los derechos económicos, sociales y culturales, y explícitamente «el derecho al desarrollo» y exigen que su plena vigencia sea el resultado de los esfuerzos de cada país y de su gobierno, así como de la cooperación internacional al respecto:
un claro reconocimiento de los límites de la soberanía nacional en aras del cumplimiento de los derechos humanos (párrafos 5 y 9). Subrayan que éstos se basan «en la dignidad, la igualdad, la no discriminación y la solidaridad» (párrafo 6).
La Declaración define la justicia social como «la realización material de la justicia en el conjunto de las relaciones sociales, la cual exige medidas de compensación a favor de aquellos que requieran un tratamiento especial y diferenciado y que no pueden representar o hacer valer de forma efectiva y pública sus intereses, necesidades y aspiraciones» (párrafo 12, cursivas mías); la parte destacada de la frase implica un reconocimiento de la necesidad de que el Estado participe activamente en la realización de la justicia social, esto es: que no se la puede dejar al simple juego de la «mano invisible» del mercado. La justicia social debe aplicarse internacionalmente, razón por la cual se reclama que «los países desarrollados económica y tecnológicamente [presten] su colaboración a los países menos desarrollados» (párrafo 12). Se vincula la justicia con el desarrollo sostenible para «enfrentar de manera eficaz la superación de la pobreza y de la extrema pobreza, el desafío de alcanzar la plena armonía entre la democracia y la búsqueda común de una calidad de vida más elevada para sus pueblos» (párrafo 15), y se reitera el compromiso con la Declaración de Principios y el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo celebrada en marzo de 1995 en Copenhague.
Dice la Declaración: «La administración de justicia debe inspirarse en valores éticos. Corresponde al Estado asegurar su imparcialidad y objetividad, así como la igualdad y respeto de la dignidad de las personas, ajenos a las conveniencias del poder, ya sean económicas, sociales o políticas» (párrafo 19).
Los Jefes de Estado y de Gobierno postulan una administración pública que esté basada «no sólo en el derecho sino también en una ética» (párrafo 24) y llaman la atención sobre la necesidad de «establecer códigos de conducta ética de los funcionarios públicos (. . .) que deberán contener principios reguladores susceptibles de ser concretados y aplicados a los diferentes tipos de comportamiento administrativo y a los problemas éticos que afrontan los diversos organismos administrativos» (párrafo 25). Particularmente importante a este respecto es la erradicación, o al menos la minimización, de prácticas de corrupción tanto en el Estado a sus diferentes niveles como en el sector privado.
Al reafirmar «que el desarrollo del sistema político democrático, a través de las figuras de la representación y la participación, implica necesariamente el aporte de las agrupaciones y partidos políticos, en concordancia con la vigencia de los valores de libertad, igualdad, bienestar, orden y justicia» (párrafo 31), la Declaración postula que se desarrollen formas organizativas más participativas que se acoplen a «la creciente exigencia de nuestros pueblos de fortalecer más la participación en las decisiones que afectan a la sociedad» (párrafo 33), así como más transparentes y menos verticales. De los procesos electorales se dice que su control debe ser compartido entre gobiernos, partidos y organismos de la sociedad, para que adquieran la legitimidad que tales actos necesitan.
Finalmente, los párrafos 38 al 43 están dedicados al derecho a la información, en la tónica de que sólo un individuo informado y con acceso ilimitado a la información puede ser un ciudadano. Valga acotar que el presidente Caldera deseaba una declaración al menos tan sustanciosa sobre el panicular como las que se expresaron y adoptaron sobre otros asuntos. Sin embargo, debido a la presión mancomunada de los propietarios de los medios de los países iberoamericanos no fue posible lograr un consenso al respecto. Antes de pasar al examen de algunos rasgos de la globalización y el posmodernismo, me adelanto a posibles observaciones críticas a la Declaración. Podría argumentarse que es similar a otras declaraciones solemnes, no expresa sino generalidades y no vale por ello ni el papel en el que está escrita. Si bien el tono y algunos aspectos del contenido parecen confirmar esta impresión, otros la contradicen: es una de las pocas veces que yo recuerde haber leído un documento oficial, producto de largas e intensas negociaciones entre gobiernos de diferente color político-ideológico (de Menem a Castro, para personalizar lo que quiero enfatizar), que haga tan extensas referencias argumentales a la ética de la democracia. También podría objetarse que va a ser muy difícil hacer el seguimiento a las acciones que los Jefes de Estado y de Gobierno prometen acometer para asegurar el cabal cumplimiento de la realización de los valores éticos señalados. Ello no deja de ser cierto, aunque con dicha realización oCUlTe lo mismo que con la legitimación: ésta es un proceso que tiene que darse y así reafirmarse diariamente y en la vida cotidiana, nunca llega a un estado ideal y acabado (En este sentido podría hablarse de legitimidad solamente en el caso de medidas o actos políticos concluidos, jamás durante el cotidiano ejercer de la política en democracia).
Del mismo modo, la realización de los valores éticos es una tarea de todos, líderes y ciudadanos comunes, dirigentes y dirigidos-representados, gobernantes y gobernados. Finalmente, podrá decirse que será harto difícil comprometer a todos los países miembros de la comunidad iberoamericana para que sus gobiernos cumplan plenamente las acciones destinadas a reforzar los valores éticos de la democracia. Ello también es parcialmente cierto, pero podría obviarse en la medida en que dicha comunidad se afiance cada vez más y logre una cohesión de altas dimensiones, proceso histórico que está en marcha y que presenta algunos resultados positivos, desde la ampliación del comercio hasta la intensificación de los intercambios culturales intracomunidad.
GLOBALIZACIÓN Y POSMODERNISMO COMO SÍNTOMAS DE LA CRISIS
Los actuales profetas de la globalización se olvidan de que, desde que se inició en los albores del «largo siglo XVI» (F. Braudel), entre 1450 y 1650, el capitalismo ha sido un sistema económico tendencialmente mundial. En efecto, su implantación en Europa Occidental estuvo acompañada y condicionada, como es sabido, por la apertura de lazos comerciales con otras economías-mundo existentes; luego por la expansión territorial de las sociedades en las que surgió endógenamente, primero de Portugal y España hacia las islas del Atlántico frente a la península ibérica, después al norte y al oeste de África y luego a lo que a la postre se llamaría América Latina, en siglos posteriores de otros países (especialmente Inglaterra y los Países Bajos) hacia Asia, Oceanía y el resto de África, hasta que, a finales del siglo XIX, se había extendido al mundo entero. Había absorbido las economías-mundo o civilizaciones o sistemas históricos previamente existentes, destruyendo sus modos de funcionamiento, poniéndolos a su servicio como periferia y conformando un sistema único de división internacional del trabajo, no estático sino dinámico y por ende capaz de modificarse con los sucesivos cambios tecnoeconómicos.
Cabe subrayar dos características de tal sistema. Una la comparte con otras economías-mundo antes de él (las de la antigüedad, las africanas, la china, la japonesa, la maya, la inca, etc.): funciona sobre la base de la división entre un centro, una periferia y una semiperiferia. La otra es particular: es único como economía y múltiple como sistema de Estados, esto es: parece tener la necesidad de que su evolución -su proceso de acumulación de capital- se realice en unidades sociopolíticas separadas, los Estados-nación; si vale una prueba «negativa»: todos los intentos de unificar políticamente el sistema inter-Estados mediante la constitución de imperios han fracasado, desde Carlos V pasando por Napoleón hasta el nazifascismo; lo que ocurre en el interior del sistema inter-Estados es una lucha permanente, por largos períodos, por la hegemonía.
La mundialización fue entonces un proceso continuo que aconteció a veces en forma acelerada, otras lentamente, siempre en ciclos y lleno de contradicciones, como el Capitalismo mismo. Los economistas clásicos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX lo vieron así; no en vano el libro principal de Adam Smith se llama “La riqueza de las naciones” y David Ricardo inventó una teoría del comercio exterior llamada de las ventajas comparativas. Marx y Engels escribieron hace exactamente 150 años en el Manifiesto Comunista:
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo (...) En lugar del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban a sí mismas, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material como a la producción intelectual.
Esto es: acontecieron transformaciones y mutaciones cuantitativas y cualitativas en cada fase de la mundialización del sistema histórico, las cuales cambiaron cada vez, con mayor o menor fuerza, la fisonomía del sistema. Todas las aceleraciones y desaceleraciones fueron multicausales, pero siempre estuvieron fuertemente influenciadas por los cambios tecnológicos: mientras más intensivamente éstos ocurrían, más se acentuaba la mundialización. Igualmente es notorio que cada una de las olas globalizadoras se fundamentaba económicamente en una mercancía, a veces también en un adelanto tecnológico.
Lo anterior se lee como un conjunto de lugares comunes y parece un ejercicio ocioso (y odioso) de repetir cosas que todo el mundo (culto, se entiende) conoce de sobra. Sin embargo, es necesario recordarlas porque, en la última década y media, el proceso de mundialización fue redescubierto, rebautizado y desvestido de su carácter histórico. Organismos internacionales, economistas, analistas político-sociales y políticos hablan de la globalización como si se tratase de un fenómeno totalmente nuevo, sin precedentes en la historia y con visos de cambiar total y radicalmente -para mejor- el sistema histórico-social vigente, un proceso además inevitable e inexorable, sustraído de la influencia de las prácticas de los actores colectivos e individuales. Este discurso fundamentalista o fetichizado se ha reforzado en la medida en que el pensamiento único se ha impuesto como ideología dominante en prácticamente todo el mundo, fenómeno que fue facilitado, acelerado y promovido por el colapso o la implosión, a finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa, de lo que parecía -y se presentaba- como única alternativa al capitalismo a nivel mundial: el socialismo realmente existente, pero también sistemáticamente preparado por asociaciones como la Sociedad Mont Pelerin, el origen de los think tanks de los neoliberales.
No cabe duda de que la globalización contemporánea de la mundialización, como otras anteriores, muestra unas características particulares. Por ejemplo, las innovaciones tecnológicas que la impulsan, acompañan y empujan son más profundas y radicales en cuanto al objetivo de la tecnología: el dominio cada vez más perfecto ejercido por el hombre sobre la naturaleza; y a la vez más peligrosas e imprevisibles en cuanto a sus consecuencias: no solamente la biotecnología y la ingeniería genética, sino también la informática y la robótica causan cambios en los que los patrones socioinstitucionales -las instituciones políticas y sus procedimientos y mecanismos, los resortes de internalización psíquica en los individuos del sistema histórico vigente- ya no sirven de herramientas de mediación entre el ser humano y su realidad, razón por la cual se desubica, se aísla y se aliena aún más. Es ésta la razón por la cual considero la globalización, en su versión fundamentalista, como un síntoma más de la crisis actual; volveré sobre ello.
La actual aceleración de la mundialización implica entonces, otra vez como globalizaciones anteriores, transformaciones civilizatorias bastante hondas en el marco de la misma civilización: en la visión del mundo y hasta en la cosmovisión, en los valores y las normas, en las conductas y los hábitos, etc. Por ejemplo, una de sus consecuencias a nivel colectivo y subjetivo es el individualismo extremo, fruto del fetichismo del dinero y del consumo (Corno dato curioso es digno de acotar que esta época llamada por muchos posmaterialista exhibe rasgos de un materialismo extremo, que amenaza seriamente con socavar las bases de solidaridad y cohesión sociales en algunas sociedades mientras que despierta reacciones fundamentalistas en otras).
La globalización de nuestros tiempos implica igualmente una relocalización y desconcentración de la producción, al igual que las anteriores; recuérdense los respectivos procesos empujados por la industrialización sustitutiva de importaciones. El capital productivo (otra verdad de Perogrullo) va siempre hacia aquellos lugares en los cuales las condiciones para la obtención de altas y rápidas ganancias, en breve, para la acumulación, son óptimas; esto es hoy por hoy: donde existen legislaciones laborales y ambientales particularmente «flexibles», mano de obra barata, recursos naturales y especialmente energéticos provechosos y poco costosos, etc. De esta manera, se producen subsiguientes fenómenos como el surgimiento del desempleo masivo y la reestructuración del mercado de trabajo hacia el empleo de baja remuneración en los servicios en muchos países desarrollados (Alemania, Francia, Italia, Suecia, etc. son ejemplos de lo uno y EEUU, Holanda, etc., de lo otro), o como la combinación del paro histórico-estructural con el desempleo tecnológico y la exclusión y, por ende, la pérdida de mecanismos de integración social en los países en vías de desarrollo. Ello es, entre otros, resultado de la ideología del shareholder-value como principio ejecutivo y organizador de las empresas -modern management- y una manifestación de una reorganización de la economía en el mundo entero.
Esta globalización es un síntoma de la crisis de transición por varias razones. Aparte de que, como señalé antes, disuelve tendencialmente los patrones socioinstitucionales existentes, mencionaré sólo la razón más relevante: siendo el dinero la mercancía que empuja el actual rápido avance de la mundialización, a tal punto que algunos economistas conceptualizan la globalización como fase de la hegemonía del capital financiero, muchos apologistas ven en el enorme aumento de los flujos financieros el rasgo decisivamente nuevo y distintivo de esta globalización (para ellos, la única). Pero aquí cabe llevar el análisis con cuidado. Para decirlo en las palabras de Aldo Ferrer:
La gigantesca masa de recursos financieros (...) es una burbuja de transacciones en papeles, opciones, derivados y otros instrumentos que constituyen operaciones desvinculadas en su mayor parte de la actividad real de producción, inversión y comercio. Más de 95% de las transacciones, del orden de 1,3 mil millones de dólares diarios, que se realizan en los mercados cambiarios del mundo, corresponde a operaciones financieras.
Obedecen a razones puramente financieras, por lo tanto a un desacoplamiento de la economía financiera de la economía real. Las finanzas han adquirido vida propia, pero una vida fantasmagórica por tratarse de flujos en los cuales en realidad no se mueve nada: las sumas no son transferidas de veras de un país a otro -son símbolos en las pantallas de unas computadoras en diferentes lugares del mundo. Como el dinero es la mercancía por excelencia del Capitalismo, pero una mercancía particularmente volátil, y constituye la base de la globalización de hoy día, algunos economistas y hombres de empresa empiezan con toda razón a preocuparse por la estabilidad a mediano y largo plazo de la economía así globalizada, y no tan sólo los que tuvieron que experimentar ya la vulnerabilidad de semejante situación (el presidente mexicano Ernesto Zedillo en 1994, los presidentes y primeros ministros de los países del sudeste asiático desde mayo de 1997 en adelante y los presidentes y primeros ministros que tuvieron que manejarse en medio del «efecto tequila» a comienzos de 1995 y de la «enfermedad asiática» en estos tiempos).
La globalización ha generado, lo cual quieren obviar sus defensores y apologistas aunque la vean, una mayor fragmentación y polarización tanto de las sociedades del sistema histórico entre ellas como en el interior de cada una de las mismas, lo cual ha engendrado una tendencia al agravamiento de las contradicciones sistémicas, expresado paradigmáticamente en la cada vez mayor pobreza de los muchos y crecientemente más y la riqueza siempre en aumento de los pocos y crecientemente menos, así como en la ya mencionada incapacidad de los dispositivos socioinstitucionales «normales» para resolver los dilemas que surgen.
En breve: al alcanzar el capitalismo su estado de mayor pureza, con el dinero como mercancía dominante, llega al mismo tiempo a sus límites, puesto que la llegada al capital especulativo «puro» marca el límite de la acumulación. Podrá sobrevivir todavía un rato, incluso prolongado, pero no cabe duda de que la transición desembocará en la construcción de un nuevo sistema histórico-social.
Lo que es la globalización en lo económico, social y político, es el posmodernismo en la cultura, esto es: en las esferas del conocimiento, de la estética, del arte, las representaciones sociales de los seres humanos, etc. Parte del supuesto de que la modernidad está muerta6, y deriva su nombre del simple hecho de que viene después de la misma. Su contenido puede resumirse en siete elementos:
1. Una fascinación con los mecanismos y dinámicas convulsos de los sistemas simbólicos.
2. El rechazo de teorías realistas u objetivas del conocimiento y de cualquier posibilidad de «progreso».
3. Una forma de hiperreflexividad que es autoabsorbida, pero no autorreflexiva.
4. El énfasis en el «ocio» y la expresividad «aristocrática», pero no en el trabajo.
5. El abandono de las grandes narraciones históricas y teóricas totalizadoras, universales y particulares.
6. Una sensación de fragmentación, así como el reconocimiento de que sistemas filosóficos o religiosos holísticos no son más creíbles.
7. Una suerte de hipersofisticación, que refleja la irónica imbricación del sujeto con ambientes de los cuales se sabe que son manufacturados
Como se podrá apreciar, algunos de los postulados del posmodernismo no son nuevos sino que pertenecen incluso al propio discurso de la modernidad. Otros ya fueron presentados en el modernismo, futurismo y dadaísmo de los años veinte, incluso en el existencialismo de la segunda posguerra. Otro dato curioso: los representantes del posmodemismo como movimiento cultural y de las ciencias sociales no tienen la más mínima idea de que fue el gran sociólogo norteamericano C. Wright Milis quien acuñó la palabra en una entrevista radiofónica en marzo de 1959.
El problema del posmodernismo lo ha resumido el sociólogo sueco G6ran Therborn de una manera bastante apropiada en sus tres implicaciones para las ciencias sociales; esta corriente ve: la estructura sin historia, la historia sin sujeto y el conocimiento sin verdad.
En semejante contexto intelectual e ideológico, que ciertamente es una derivación del pensamiento único y la correspondencia en el acto de saber a la globalización fundamentalista y fetichizada, no valen, a nivel de cada individuo, ni los proyectos de actores colectivos ni mucho menos para sociedades enteras, ni lealtades para con el Estado-nación, ni intentos de diseñar modelos de desarrollo que sean beneficiosos para toda la sociedad o un grupo de sociedades. Precisamente porque todo vale, no vale nada colectivo: la visión individualista y el hedonismo marcan las pautas a seguir por todos los ciudadanos (que es, por lo demás, un concepto que no tiene espacio en el posmodernismo, precisamente porque niega la posibilidad de que el individuo tenga deberes, derechos y obligaciones para con su sociedad y su Estado).
Ello implica, desde luego, que los sistemas éticos que han hecho posibles la declaración y la puesta en práctica de los valores democráticos sufren graves transformaciones. Una ética democrática como la que se manifiesta en la Declaración fallece en las condiciones sociales y culturales de globalización y posmodernismo. Su racionalidad es la tecnoinstrumental, su forma de gobierno la que se nutre de la «fuerza normativa de lo fáctico», su individuo es el zombie del brave new world de Aldous Huxley.
En resumen, en condiciones de la vigencia de la globalización y del posmodernismo, hablar de los valores éticos de la democracia es un sinsentido; intentar construirlos construyéndolos, y defenderlos, una actitud quijotesca. Como el futuro es un constructo sin sujeto, realmente no importa. Esta suerte de nihilismo socioideológico debe combatirse a través de prácticas concretas. A ellas dedicaré la última parte -sintética- de mi intervención.
MODESTAS PROPOSICIONES DE ACCIÓN
Antes que nada, como actitud fundacional de la creación de algo nuevo, es imprescindible recuperar un sentido de sociedad, 10 cual pasa por reasumir la historia como conocimiento del pasado público de la misma. Para las futuras generaciones, se trata nada menos que de la construcción consciente de un nuevo sistema histórico-social. Están dadas todas las condiciones para ello: las del conocimiento, las tecnológicas, las materiales, etc. Lo que hay que hacer para lograr que se haga conscientemente es excavar de las entrañas de nuestro olvido colectivo lo que el principio de la vida puso en marcha: el recuerdo mancomunado y compartido de lo bueno y de lo bello, es decir, la suma de las éticas y estéticas de la humanidad.
Diríase que es una tarea para gigantes, tal vez imposible de acometer por seres humanos. No lo pienso así. Más que el diseño de una estrategia teleológica, lo que hace falta es, por un lado, volver a creer en la práctica que es la acción humana la que hace la historia, esto es: el redescubrimiento del sujeto social; y, por el otro, montar una estrategia de los pequeños pasos, cada uno de los cuales se engancha con el siguiente y lo engendra, o sea, una praxeología inspirada en la deseabilidad y la viabilidad de proyectos sociedades, pequeños y grandes. Enumero a continuación unas proposiciones para los fines de las discusiones estratégicas que necesariamente vendrán:
- No tenerle miedo a pensar lo impensado ni dejarse intimidar por las amenazas de la cotidianidad, esto es: de la rutina que dice que nada es viable;
- Organizarse y participar en la vida pública;
- Intemalizar los principios que subyacen a los valores éticos de la democracia, mediante --entre otros mecanismos- un fuerte compromiso con la reforma de la educación en todos sus niveles;
- Luchar contra la identificación de politiquería y política, contra la denigración de la política y de lo político, reconocerse en tanto que individuos y grupo(s) como seres políticos por excelencia;
- Diseñar modelos de desarrollo capaces de combatir la pobreza, la virtual exclusión, el peligro de un apartheid social, divulgarlos y discutirlos;
- Comprometerse en organizaciones de defensa de los derechos humanos; y
En fin, asumirse como guerreros de la utopía de lo históricamente posible: nunca perder de vista, sobre la marcha de esta larga transición, el objetivo realizable; esto es: el nuevo sistema histórico-social que la humanidad entera necesita porque necesita una nueva razón, no la de la racionalidad tecnoinstrumental.
Antes que nada, como actitud fundacional de la creación de algo nuevo, es imprescindible recuperar un sentido de sociedad, 10 cual pasa por reasumir la historia como conocimiento del pasado público de la misma. Para las futuras generaciones, se trata nada menos que de la construcción consciente de un nuevo sistema histórico-social. Están dadas todas las condiciones para ello: las del conocimiento, las tecnológicas, las materiales, etc. Lo que hay que hacer para lograr que se haga conscientemente es excavar de las entrañas de nuestro olvido colectivo lo que el principio de la vida puso en marcha: el recuerdo mancomunado y compartido de lo bueno y de lo bello, es decir, la suma de las éticas y estéticas de la humanidad.
Diríase que es una tarea para gigantes, tal vez imposible de acometer por seres humanos. No lo pienso así. Más que el diseño de una estrategia teleológica, lo que hace falta es, por un lado, volver a creer en la práctica que es la acción humana la que hace la historia, esto es: el redescubrimiento del sujeto social; y, por el otro, montar una estrategia de los pequeños pasos, cada uno de los cuales se engancha con el siguiente y lo engendra, o sea, una praxeología inspirada en la deseabilidad y la viabilidad de proyectos sociedades, pequeños y grandes. Enumero a continuación unas proposiciones para los fines de las discusiones estratégicas que necesariamente vendrán:
- No tenerle miedo a pensar lo impensado ni dejarse intimidar por las amenazas de la cotidianidad, esto es: de la rutina que dice que nada es viable;
- Organizarse y participar en la vida pública;
- Intemalizar los principios que subyacen a los valores éticos de la democracia, mediante --entre otros mecanismos- un fuerte compromiso con la reforma de la educación en todos sus niveles;
- Luchar contra la identificación de politiquería y política, contra la denigración de la política y de lo político, reconocerse en tanto que individuos y grupo(s) como seres políticos por excelencia;
- Diseñar modelos de desarrollo capaces de combatir la pobreza, la virtual exclusión, el peligro de un apartheid social, divulgarlos y discutirlos;
- Comprometerse en organizaciones de defensa de los derechos humanos; y
En fin, asumirse como guerreros de la utopía de lo históricamente posible: nunca perder de vista, sobre la marcha de esta larga transición, el objetivo realizable; esto es: el nuevo sistema histórico-social que la humanidad entera necesita porque necesita una nueva razón, no la de la racionalidad tecnoinstrumental.
LA SITUACIÓN ENERGÉTICA MUNDIAL
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Hoeneisen, B. La situación energética mundial. Universidad San Francisco de Quito. [Documento en línea]. Disponible: http://www.usfq.edu.ec/1profesores/Hoeneisen/energia_mundo_articulo.pdf. [Consulta: 2006, noviembre 14]
INTRODUCCIÓN
El siglo XXI es el período de transición que divide en dos la historia de la humanidad. Por un lado, tenemos el crecimiento de población y consumo sin sentir los límites del planeta Tierra. Por el otro lado, saturamos la capacidad de sustentación del planeta.
En esta charla describo la situación energética mundial. Primero presento los datos y luego mis conclusiones personales. Ustedes podrán llegar a conclusiones diferentes a las mías, siempre y cuando se sujeten a los datos numéricos.
Esta conferencia se dicto, en 1978, en la Escuela Politécnica Nacional. Revisando los datos que presenté entonces, encuentro que no necesitan revisión alguna. La incertidumbre en algunos de los datos no se debe a nuestro desconocimiento de los recursos del planeta, sino a nuestro desconocimiento de las opciones que escoja la humanidad.
2. DATOS
El consumo de energía por persona depende de su “estilo” de vida como se indica en la Tabla 1.1 Notamos que en sociedades tecnológicas, cada persona consume 100 veces la energía que necesita como alimento.
_________________________
1Mediremos la energía en las siguientes unidades: 1 Q _ 1018 Btu = 3.3 × 1010 KW× año = 3 × 1014 kWh = 1000 Quads. Esta es energía térmica. Energía térmica puede convertirse a energía eléctrica con un rendimiento de aproximadamente 30%. Mediremos el consumo de potencia en Q/año, o enW= 21 kcal/día. Para referencia, el consumo mundial en 1998 fue de 0.38 Q/año. El alimento que necesita una persona es de 2500 kcal/día = 121 W. Las plantas terrestres capturan, mediante fotosíntesis, aproximadamente 1 Q de energía solar al año.
Como se observa en la Tabla 2, las principales fuentes de energía son petróleo, gas y carbón, con contribuciones de generación hidroeléctrica, biomasa y nuclear.
Las reservas energéticas recuperables no renovables y el potencial de fuentes renovables se indican en la Tabla 3. Este cuadro supone que el recurso se utiliza únicamente como fuente de energía. Por ejemplo, el petróleo se utiliza para la fabricación de plásticos, fertilizantes y muchos otros productos petroquímicos. La fusión nuclear aún no se ha demostrado. La energía nuclear de fisión, especialmente de uranio no enriquecido (o “breeder reactor”), tiene gravísimos problemas de deshechos radioactivos, accidentes nucleares y proliferación de plutonio que se utiliza para construir bombas. La producción de 0.015 Q/año de biomasa corresponde a destinar aproximadamente 1/7 de toda la tierra arable a la producción de energía. Cualquier producción adicional de bio-energía se ha incluido en el rubro más incierto de “energía” solar. La energía hidroeléctrica en 1977 fue de 0.012 Q. La energía proveniente de todos los recursos renovables que se indican en la Tabla 3.
El potencial de energía solar indicado en la Tabla 3 (que incluye calentamiento solar, celdas solares y bio-tecnología avanzada) es difícilmente alcanzable en la práctica debido a la elevada inversión que requiere.
En la Tabla 4, se consideran varias alternativas de población y consumo. La alternativa A corresponde al consumo por persona promedio mundial pre-industrial (1850). La alternativa B corresponde al consumo por persona promedio mundial en 1977. Las alternativas C, D y E corresponden al consumo por persona promedio de USA en 1977, o sea a la sociedad tecnológica de la Tabla 1. Notamos que el consumo por persona en Ecuador es de 0.8 KW térmicos. Una vez más notamos que el consumo mundial en 1998 fue de 0.38 Q/año, lo que se sitúa entre las alternativas B y C.
En la última línea de la Tabla 4, se indica el tiempo hasta agotar todos los combustibles fósiles recuperables como única fuente de energía, incluyendo petróleo, gas, carbón y arenas bituminosas. Supone, en forma optimista, 48 Q de energía, o sea 20% de reservas nuevas. En la Tabla 4, observamos que no es posible que todos los habitantes actuales del planeta Tierra lleguen al nivel de consumo de energía de los países “desarrollados”.
En la Figura 1 se presenta la población y los límites alimenticios y de energía renovable del planeta Tierra. Observamos que la población fue de 6 mil millones en el año 2000, que crecerá hasta alcanzar un máximo de aproximadamente 9 mil millones en el año 2050 (cerca del límite alimenticio del planeta) y que luego decrecerá. La distribución de población por edades se indica en la Figura 2. Notamos que los países ricos tienen una población estacionaria, que corresponde a una distribución de población independiente de la edad. En cambio, los países pobres tienen una población en que predominan los jóvenes, que entrarán a la edad fértil. Por lo tanto, la población de países pobres continuará creciendo como se indica en la Figura 1. La fertilidad (número de hijos por mujer), en países pobres, ha descendido de 6.7 hasta 1965, a 2.8 en 1998. La Figura 1 supone que la fertilidad disminuirá a 1.8 en el año 2015.
La producción de petróleo, proyectada por M. King Hubbert en los años 1970, se indica en la Figura 3. Esta predicción es todavía válida hoy. Para quien no cree que se están agotando las reservas mundiales recuperables de petróleo basta dar estos datos: el número de barriles de petróleo, obtenidos por pie de pozo perforado ha caído de 200 en 1920, a 20 en 1950, a 5 en 1977, y prácticamente a cero desde entonces, a pesar del avance de la tecnología.
Notamos en la Figura 3, que la oferta de petróleo comenzará a descender aproximadamente en el año 2010 y nunca más podrá satisfacer la demanda. Esto producirá, necesariamente y a corto plazo, un profundo cambio de estilo de vida de la humanidad.
Es importante entender la siguientes cita de M. King Hubbert: “Cuando el costo del petróleo, que se usa como fuente de energía, es mayor que un barril de petróleo, la producción cesará, no importa el precio que pueda tener la moneda. Nuestra ignorancia no es tan inmensa como nuestro fracaso a usar lo que nosotros sabemos.”
Figure 1: Población, límites alimenticios y de energía renovable del planeta Tierra. Este límite energético supone un consumo de 2 KW térmicos por persona.
El tiempo para agotar el uranio y la energía geotérmica se indican en las Tablas 5 y 6.
En la Tabla 7, se indica la población sostenible con energía renovable. Notamos que en la alternativa B (o sea, al nivel de consumo de energía por persona promedio mundial de 2 KW) sólo se puede sostener a una población de 3 mil millones (como se indica en la Figura 1). Notamos que al nivel de consumo del “primer mundo” todas las fuentes renovables (excluyendo la fusión nuclear), sólo podrían sostener a una población de 540 millones.
La Tabla 8 ilustra lo difícil y caro que es cubrir las necesidades de energía con celdas solares. La insolación por metro cuadrado de panel solar fijo, promediado sobre 24 horas del día, latitud y clima, es 200 W. Suponemos un rendimiento total del panel más fuente de poder de 10%. El precio al por mayor de un metro cuadrado de panel es de aproximadamente $500. Notemos, también, que la energía necesaria para fabricar la celda se recupera en 5 a 10 años.
Algunas alternativas de población y consumo de la humanidad, después de agotar los combustibles fósiles a mediados del siglo XXII, se presentan en la Tabla 9. En su opinión, ¿cuál alternativa es más probable? ¿Cuál es ideal? ¿Cómo lograrlo?
.
Mencionemos algunos datos de la situación energética del Ecuador. La población crecerá hasta un máximo de aproximadamente 22 millones, en el 2060. El límite alimenticio es de aproximadamente 30 millones. El potencial hidroeléctrico es de aproximadamente 25500 MW pico y 8400 MW medio. Este potencial corresponde a un promedio de 380 W para cada una de las 22 millones de personas. La inversión requerida para alcanzar este potencial es de aproximadamente 38000 millones (utópico a corto plazo). Se requieren leyes para hacer atractiva la inversión del sector privado.
El potencial del recurso forestal del Ecuador es de 3 millones de hectáreas. Destinando la mitad de la producción de éstas 3 millones de hectáreas a bio-energía, se obtendrían aproximadamente 140 W térmicos para cada una de las 22 millones de personas. La inversión correspondiente es de aproximadamente $1050 millones (suponiendo un costo de plantación de bosque de $700/hectárea × 1.5 M hectáreas). Notamos que la plantación de bosques tiene un costo modesto y resolvería en forma productiva el desempleo en Ecuador. El mecanismo práctico para reforestar el Ecuador a corto plazo es mediante la ley Planfor.
3. Conclusiones
• El primer límite natural del planeta Tierra es la energía solar capturada por plantas, agua y viento.
• Ya hemos sobrepasado el límite natural sostenible (debido al uso transitorio de petróleo, gas y carbón).
• La oferta de petróleo nunca más podría satisfacer la demanda.
• En dos décadas la principal fuente de energía será el carbón.
• A corto plazo veremos un profundo cambio de estilo de vida de la humanidad.
• Se requiere un nuevo marco de convivencia entre naciones para sobrevivir en un planeta limitado.
• Las sociedades de consumo C, D y E están en vías de extensión, salvo se generalice el uso de fisión nuclear tipo “breeder”, o se desarrolle la fusión nuclear.
• En ese caso, es toda la humanidad la está en vías de extinción.
• Es un error (en mi opinión) “resolver” el “problema” energético (con fusión nuclear o con reactores de fisión tipo “breeder”), pues permitiría a la humanidad crecer en población y consumo hasta alcanzar límites más dolorosos del planeta Tierra.
• Debemos desarrollarnos en educación, no en población y consumo. Debemos aprender a vivir en armonía con nuestro planeta. Las tres R’s son: Reusar, Reducir, Reciclar. Un mundo sabio tendría 3 mil millones de habitantes, ciudades pequeñas, una vida más austera, sin vehículos privados o aire acondicionado, con calefacción limitada a habitaciones pequeñas, con huertos familiares, o sea más próximos a la madre tierra.
• Este es el ciclo vital: la tierra alimenta a las plantas, las plantas alimentan a los animales, los animales y las bacterias convierten este alimento en abono, el abono alimenta la tierra, la tierra alimenta a las plantas. La energía del sol mueve este ciclo vital. La especie humana, que forma parte del ciclo vital, puede fácilmente desequilibrarlo. La regla para que una sociedad sea sostenible es ésta: devolver a la tierra todo lo que de ella tomamos. Los recursos fósiles de petróleo, gas y carbón nos han permitido romper el equilibrio del ciclo vital y crecer en población y consumo más allá de los límites de sustentabilidad del planeta Tierra. Afortunadamente, estos recursos se agotarán pronto. Si aprendemos esta lección, tomaremos la decisión de no “resolver” el “problema” energético y volveremos a vivir en armonía con la madre Tierra.
• Los indígenas ecuatorianos nos dan una lección de sabiduría: viven en forma sustentable, en armonía con la tierra.
• Es hora de abrir los ojos. Como especie, tenemos una gran oportunidad.
EL CRECIENTE APETITO POR PETRÓLEO Y GAS NATURAL DE LOS PAÍSES EN DESARROLLO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Jaffe, A. El creciente apetito por petróleo y gas natural de los países en desarrollo. [Documento en línea]. Disponible: http://usinfo.state.gov/journals/ites/0504/ijes/jaffe.htm. [Consulta: 2007, enero 20]
En las dos décadas pasadas, el crecimiento registrado en el mundo en desarrollo ha resultado en un aumento agudo en el consumo mundial de energía. Ese crecimiento, combinado con la creciente demanda de petróleo y gas en Estados Unidos, podría crear tensión en los sistemas energéticos y las condiciones ambientales mundiales en el transcurso del siglo XXI.
La búsqueda de energía creará nuevos retos económicos y estratégicos y alterará las relaciones geopolíticas. El resultado de estos acontecimientos dependerá de las políticas que adopten los principales involucrados en el mundo en desarrollo y Estados Unidos. Las cuestiones territoriales y el nacionalismo siguen siendo temas decisivos en las relaciones internacionales. Esto significa, que se debe manejar con cuidado la seguridad energética de todos, para que no se propaguen otras patologías en las deliberaciones en el terreno de la energía.
CONSUMO DE ENERGÍA DEL MUNDO EN DESARROLLO
La población continuará creciendo mucho más rápidamente en los países en desarrollo que en el resto del mundo. Para 2030, el porcentaje de la población mundial, que vive en las regiones en desarrollo, podría alcanzar el 81 por ciento, según pronósticos de las Naciones Unidas. Junto con la rápida expansión económica prevista en los mercados en surgimiento, el rápido crecimiento poblacional llevará a aumentos drásticos en la demanda de energía en el mundo en desarrollo.
Según pronósticos de Perspectivas Mundiales de Energía en 2002 de la Organización Internacional de Energía (OIE), la demanda mundial de energía primaria, en 2030, puede sobrepasar cerca de dos tercios el nivel del año 2000, alcanzando al final de ese período pronosticado un equivalente de 15.300 millones de toneladas de petróleo anual, representando los países en desarrollo un 62 por ciento del aumento. De igual manera, la Administración de Información sobre Recursos Energéticos de Estados Unidos (EIA) prevé que para el año 2025, el consumo de energía en el mundo en desarrollo habrá aumentado a casi el doble.
Debido a que se prevé que las economías en surgimiento dependerán mayormente del carbón y de otros combustibles fósiles, éstas contribuirán mucho más a las emisiones mundiales de bióxido de carbono a medida que aumente rápidamente su demanda de energía. Se prevé que los países en desarrollo representarán dos tercios del aumento pronosticado en las emisiones de bióxido de carbono, las que, según muchos científicos, contribuyen al calentamiento mundial. Cuatro países principales solamente (Indonesia, China, India y Brasil) emitirán 2.000 millones de toneladas de carbono anuales para el año 2010, lo que creará dificultades especiales para la cooperación internacional en las cuestiones relacionadas con el clima. Estados Unidos y las otras naciones industrializadas deben involucrar a estos países en iniciativas multilaterales sobre el clima, como la investigación y el desarrollo de tecnologías de energía más limpia.
El crecimiento en América Latina, donde se anticipa que para el 2015, la demanda de energía primaria aumente en casi el doble de los niveles de 1999, contribuirá también considerablemente a la geopolítica energética del futuro. En lugar de ser una importante región abastecedora para Estados Unidos, América Latina podría llegar a ser una importante región consumidora, que deberá ser incluida en los sistemas internacionales de reservas para emergencias y en las iniciativas sobre energía alternativa.
Se anticipa que el enorme crecimiento en Asia contribuirá considerablemente al mayor consumo de energía en el mundo en desarrollo e impactará grandemente el consumo de petróleo en el mundo, teniendo, por lo tanto, el mayor impacto en las cambiantes tendencias geopolíticas del petróleo. En los países asiáticos en desarrollo, donde se prevé que el consumo de energía alcanzará una tasa de crecimiento medio anual del tres por ciento, comparada con el crecimiento de 1,7 por ciento para toda la economía mundial, se anticipa que la demanda de energía aumentará en más del doble en las dos décadas próximas. Según los pronósticos de la OIE, la demanda en la región representará un 69 por ciento del aumento total previsto en el consumo del mundo en desarrollo y cerca de un 40 por ciento del aumento en el consumo mundial total de energía.
El rápido crecimiento económico de Asia, la enorme urbanización, la drástica expansión en el sector del transporte, y los programas de electrificación, políticamente importantes, tendrán un efecto drástico en la dependencia de energía importada en la región. Si no aumentan en forma significativa los abastecimientos de recursos energéticos renovables y/o las nuevas tecnologías energéticas, el consumo de crudo y gas natural en Asia aumentará sustancialmente y con ello aumentarán considerablemente los retos ambientales. En vista de los recursos insuficientes de la región y su ya alta dependencia de petróleo importado, se anticipa que Asia ejercerá una creciente presión sobre el Oriente Medio y Rusia en los años venideros.
Según el Informe sobre el Mercado Petrolero de 2001, publicado por el Grupo de Inteligencia Energética, un servicio de investigación independiente, el consumo de petróleo en Asia, que excede los 20 millones de barriles diarios, ya es mayor que el de Estados Unidos. Para el año 2010, el consumo total de petróleo en Asia podría ser de 25 a 30 millones de barriles diarios, la mayoría de los cuales deberá importarse fuera de la región. Puede esperarse que las importaciones de petróleo de China aumenten de unos 1,4 millones de barriles diarios en 1999, a unos 3 a 5 millones de barriles diarios en 2010. Esto ha despertado temores en Tokio, Seúl y Nueva Delhi, acerca de competencia o de una confrontación en cuanto a los abastecimientos y las líneas de transporte de los recursos energéticos.
La población continuará creciendo mucho más rápidamente en los países en desarrollo que en el resto del mundo. Para 2030, el porcentaje de la población mundial, que vive en las regiones en desarrollo, podría alcanzar el 81 por ciento, según pronósticos de las Naciones Unidas. Junto con la rápida expansión económica prevista en los mercados en surgimiento, el rápido crecimiento poblacional llevará a aumentos drásticos en la demanda de energía en el mundo en desarrollo.
Según pronósticos de Perspectivas Mundiales de Energía en 2002 de la Organización Internacional de Energía (OIE), la demanda mundial de energía primaria, en 2030, puede sobrepasar cerca de dos tercios el nivel del año 2000, alcanzando al final de ese período pronosticado un equivalente de 15.300 millones de toneladas de petróleo anual, representando los países en desarrollo un 62 por ciento del aumento. De igual manera, la Administración de Información sobre Recursos Energéticos de Estados Unidos (EIA) prevé que para el año 2025, el consumo de energía en el mundo en desarrollo habrá aumentado a casi el doble.
Debido a que se prevé que las economías en surgimiento dependerán mayormente del carbón y de otros combustibles fósiles, éstas contribuirán mucho más a las emisiones mundiales de bióxido de carbono a medida que aumente rápidamente su demanda de energía. Se prevé que los países en desarrollo representarán dos tercios del aumento pronosticado en las emisiones de bióxido de carbono, las que, según muchos científicos, contribuyen al calentamiento mundial. Cuatro países principales solamente (Indonesia, China, India y Brasil) emitirán 2.000 millones de toneladas de carbono anuales para el año 2010, lo que creará dificultades especiales para la cooperación internacional en las cuestiones relacionadas con el clima. Estados Unidos y las otras naciones industrializadas deben involucrar a estos países en iniciativas multilaterales sobre el clima, como la investigación y el desarrollo de tecnologías de energía más limpia.
El crecimiento en América Latina, donde se anticipa que para el 2015, la demanda de energía primaria aumente en casi el doble de los niveles de 1999, contribuirá también considerablemente a la geopolítica energética del futuro. En lugar de ser una importante región abastecedora para Estados Unidos, América Latina podría llegar a ser una importante región consumidora, que deberá ser incluida en los sistemas internacionales de reservas para emergencias y en las iniciativas sobre energía alternativa.
Se anticipa que el enorme crecimiento en Asia contribuirá considerablemente al mayor consumo de energía en el mundo en desarrollo e impactará grandemente el consumo de petróleo en el mundo, teniendo, por lo tanto, el mayor impacto en las cambiantes tendencias geopolíticas del petróleo. En los países asiáticos en desarrollo, donde se prevé que el consumo de energía alcanzará una tasa de crecimiento medio anual del tres por ciento, comparada con el crecimiento de 1,7 por ciento para toda la economía mundial, se anticipa que la demanda de energía aumentará en más del doble en las dos décadas próximas. Según los pronósticos de la OIE, la demanda en la región representará un 69 por ciento del aumento total previsto en el consumo del mundo en desarrollo y cerca de un 40 por ciento del aumento en el consumo mundial total de energía.
El rápido crecimiento económico de Asia, la enorme urbanización, la drástica expansión en el sector del transporte, y los programas de electrificación, políticamente importantes, tendrán un efecto drástico en la dependencia de energía importada en la región. Si no aumentan en forma significativa los abastecimientos de recursos energéticos renovables y/o las nuevas tecnologías energéticas, el consumo de crudo y gas natural en Asia aumentará sustancialmente y con ello aumentarán considerablemente los retos ambientales. En vista de los recursos insuficientes de la región y su ya alta dependencia de petróleo importado, se anticipa que Asia ejercerá una creciente presión sobre el Oriente Medio y Rusia en los años venideros.
Según el Informe sobre el Mercado Petrolero de 2001, publicado por el Grupo de Inteligencia Energética, un servicio de investigación independiente, el consumo de petróleo en Asia, que excede los 20 millones de barriles diarios, ya es mayor que el de Estados Unidos. Para el año 2010, el consumo total de petróleo en Asia podría ser de 25 a 30 millones de barriles diarios, la mayoría de los cuales deberá importarse fuera de la región. Puede esperarse que las importaciones de petróleo de China aumenten de unos 1,4 millones de barriles diarios en 1999, a unos 3 a 5 millones de barriles diarios en 2010. Esto ha despertado temores en Tokio, Seúl y Nueva Delhi, acerca de competencia o de una confrontación en cuanto a los abastecimientos y las líneas de transporte de los recursos energéticos.
REPERCUSIONES GEOPOLÍTICAS
Puede anticiparse que la atención diplomática, estratégica y comercial de ciertos países asiáticos cambiará en vista de la creciente necesidad de importar recursos energéticos y que ello conducirá a un fortalecimiento de los vínculos económicos y políticos entre los estados asiáticos individuales, los principales países exportadores de petróleo del Oriente Medio y los estados petroleros africanos. Estos vínculos pueden significar nuevos retos para el Occidente en lo que respecta a arbitrar posibles conflictos regionales y una rivalidad en cuanto a abastecimientos energéticos seguros, especialmente en casos de interrupción de los abastecimientos, guerra, u otro tipo de emergencias. Por ejemplo, la diplomacia petrolera proactiva de China y su campaña de inversión en petróleo y gas extranjeros, han suscitado preocupación en algunas partes en el sentido de que esta potencia internacional en surgimiento, debido a su creciente necesidad de petróleo, podría ser susceptible a presiones por parte de los estados productores de petróleo que procuran obtener sistemas de armamentos avanzados o armas de destrucción en masa.
Las preocupaciones medioambientales podrían empeorar los temores sobre la seguridad energética y crear otros tipos de tensiones en el sistema político internacional. De esta manera, son convincentes los beneficios de una cooperación multilateral entre Occidente y el mundo en desarrollo en la búsqueda de soluciones conjuntas a los desafíos del abastecimiento de energía ambientales. Debería considerarse esto de gran prioridad en las gestiones diplomáticas internacionales.
Los costos potencialmente altos de una confrontación por causa de los abastecimientos energéticos y de la degradación del medio ambiente motivan a algunas naciones asiáticas a desarrollar tecnologías energéticamente más eficientes y formas de energía alternativas. Sin embargo, es más probable que en el plazo cercano se trate de diversificar tanto las formas de usar la energía como las fuentes de donde proceden los abastecimientos.
Existe un potencial enorme de mayor participación de Estados Unidos en aumentar la cooperación en desarrollar nuevas tecnologías energéticamente eficientes y combustibles alternativos más limpios, tanto para asegurar la paz y la estabilidad en el mundo como para promover sus propios esfuerzos de asegurar un futuro energético más prometedor.
No obstante, toda la atención que se presta al crecimiento económico en Asia, el aumento constante de las importaciones estadounidenses de petróleo es un factor asombroso en los mercados petroleros mundiales. Las importaciones netas estadounidenses aumentaron de 6,79 millones de barriles diarios en 1991 a 10,2 millones de barriles diarios en 2000. El comercio mundial del petróleo; es decir, la cantidad de petróleo que se exporta de un país a otro, aumentó durante el mismo período de 33,3 millones de barriles diarios a 42,6 millones de barriles diarios. Esto significa que las importaciones estadounidenses de petróleo representaron más de una tercera parte del aumento registrado en el petróleo que se ha comerciado en el mundo en los últimos diez años. En lo que respecta al comercio petrolero con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el mercado de importación estadounidense fue aún más significativo — más del 50 por ciento del aumento en la producción de OPEP, entre los años 1991 y 2000, fue a parar a Estados Unidos. La actual demanda de petróleo de Estados Unidos es de unos 20 millones de barriles diarios, de los que solamente un 40 por ciento se produce internamente.
Puede anticiparse que la atención diplomática, estratégica y comercial de ciertos países asiáticos cambiará en vista de la creciente necesidad de importar recursos energéticos y que ello conducirá a un fortalecimiento de los vínculos económicos y políticos entre los estados asiáticos individuales, los principales países exportadores de petróleo del Oriente Medio y los estados petroleros africanos. Estos vínculos pueden significar nuevos retos para el Occidente en lo que respecta a arbitrar posibles conflictos regionales y una rivalidad en cuanto a abastecimientos energéticos seguros, especialmente en casos de interrupción de los abastecimientos, guerra, u otro tipo de emergencias. Por ejemplo, la diplomacia petrolera proactiva de China y su campaña de inversión en petróleo y gas extranjeros, han suscitado preocupación en algunas partes en el sentido de que esta potencia internacional en surgimiento, debido a su creciente necesidad de petróleo, podría ser susceptible a presiones por parte de los estados productores de petróleo que procuran obtener sistemas de armamentos avanzados o armas de destrucción en masa.
Las preocupaciones medioambientales podrían empeorar los temores sobre la seguridad energética y crear otros tipos de tensiones en el sistema político internacional. De esta manera, son convincentes los beneficios de una cooperación multilateral entre Occidente y el mundo en desarrollo en la búsqueda de soluciones conjuntas a los desafíos del abastecimiento de energía ambientales. Debería considerarse esto de gran prioridad en las gestiones diplomáticas internacionales.
Los costos potencialmente altos de una confrontación por causa de los abastecimientos energéticos y de la degradación del medio ambiente motivan a algunas naciones asiáticas a desarrollar tecnologías energéticamente más eficientes y formas de energía alternativas. Sin embargo, es más probable que en el plazo cercano se trate de diversificar tanto las formas de usar la energía como las fuentes de donde proceden los abastecimientos.
Existe un potencial enorme de mayor participación de Estados Unidos en aumentar la cooperación en desarrollar nuevas tecnologías energéticamente eficientes y combustibles alternativos más limpios, tanto para asegurar la paz y la estabilidad en el mundo como para promover sus propios esfuerzos de asegurar un futuro energético más prometedor.
No obstante, toda la atención que se presta al crecimiento económico en Asia, el aumento constante de las importaciones estadounidenses de petróleo es un factor asombroso en los mercados petroleros mundiales. Las importaciones netas estadounidenses aumentaron de 6,79 millones de barriles diarios en 1991 a 10,2 millones de barriles diarios en 2000. El comercio mundial del petróleo; es decir, la cantidad de petróleo que se exporta de un país a otro, aumentó durante el mismo período de 33,3 millones de barriles diarios a 42,6 millones de barriles diarios. Esto significa que las importaciones estadounidenses de petróleo representaron más de una tercera parte del aumento registrado en el petróleo que se ha comerciado en el mundo en los últimos diez años. En lo que respecta al comercio petrolero con la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el mercado de importación estadounidense fue aún más significativo — más del 50 por ciento del aumento en la producción de OPEP, entre los años 1991 y 2000, fue a parar a Estados Unidos. La actual demanda de petróleo de Estados Unidos es de unos 20 millones de barriles diarios, de los que solamente un 40 por ciento se produce internamente.
SATISFACER LAS NECESIDADES DE LOS POBRES
La cooperación en encontrar nuevas fuentes de energía y tecnologías más limpias y eficientes, además de ser un medio valioso para reducir el riesgo de tensiones y conflictos internacionales, es de importancia crítica para asegurar un futuro mejor para el mundo en desarrollo y reducir la pobreza y la enfermedad en muchas partes del planeta. Al presente, más de una cuarta parte de la población del mundo carece de acceso a electricidad y dos quintos están obligados a depender principalmente de la biomasa tradicional — leña y desechos animales —para satisfacer las necesidades básicas de cocinar y calefacción. Aproximadamente el 80 por ciento de estas poblaciones se encuentra en India y África al sur del Sahara. Cuatro de cada cinco personas que carecen de servicios energéticos modernos viven en zonas rurales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), por causa de la contaminación del aire en los hogares, producida por la tradicional energía de biomasa, más de dos millones de mujeres y niños mueren en el mundo cada año debido a infecciones respiratorias.
La dependencia continuada del petróleo conforme, según las tendencias de crecimiento antes descritas, hará que la comunidad internacional dependa más del petróleo de los países de la OPEP, lo cual tendría consecuencias perjudiciales para los pobres del mundo. Si bien se ha argüido con frecuencia que la economía estadounidense es capaz de absorber los costos crecientes del petróleo que pueden resultar de una mayor participación de la OPEP en el mercado de la demanda mundial, un aumento gradual de los costos de energía contribuirá probablemente a ensanchar la brecha económica entre las sociedades industrializadas y el mundo en desarrollo. Según un estudio realizado por la OIE en 2002, sin un gran adelanto tecnológico y si la demanda de petróleo se encara en la forma acostumbrada, más de 1.400 millones de personas seguirán sin electricidad moderna en 2030. Es decir, sólo 200 millones menos que ahora. Además, durante los últimos treinta años, los países en desarrollo han tomado préstamos de miles de millones de dólares de instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para pagar por un petróleo que no está a su alcance. Esta tendencia probablemente empeorará si con el tiempo aumenta la dependencia de la OPEP.
Paradójicamente, la política de los países de la OPEP de promover precios del petróleo cada vez más altos, contribuyendo de esta manera al endeudamiento masivo del mundo en desarrollo, no ha ayudado a elevar los niveles de vida de sus propias poblaciones. En algunos países, los ingresos petroleros se han despilfarrado en corrupción oficial o se emplearon para financiar el aventurismo militar, el terrorismo internacional o programas mayores de adquisición de armamentos. Costos energéticos más bajos, como resultado de nuevos descubrimientos, grandes adelantos en eficiencia energética o en fuentes de energía alternativa, podrían obligar a esos regímenes a perseguir más vigorosamente la diversificación económica y, en los pocos casos, donde pudiera ser aplicable, limitar el capital invertido en programas que sean contrarios a los intereses de Estados Unidos.
UN LLAMADO A LA ACCIÓN
Estados Unidos dispone de muchos medios para influenciar las perspectivas energéticas mundiales. Con el aumento de las importaciones petroleras estadounidenses, factor de gran importancia en los mercados energéticos internacionales, cualquier cambio en la política de Estados Unidos, que pueda reducir en forma significativa el ritmo del aumento en la importación, podría impactar los planes de OPEP para aumentar su participación en el mercado y limitar también las consecuencias medioambientales de la utilización irrestricta de la energía.
Nadie duda de que una combinación de instrumentos y normas fiscales puede desacelerar el aumento estadounidense en la demanda de petróleo como combustible del transporte. Huelga decir que Estados Unidos y Canadá, con una base de consumo mucho más baja, se distinguen de los demás países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Japón y los países de la Unión Europea (UE), mediante impuestos elevados al consumo, lograron fundamentalmente poner fin al aumento en la demanda de petróleo. En ambos casos, se anticipa que el aumento total durante la década actual bajará entre 0,1 y 0,2 por ciento anual. En lo que respecta a la demanda de gasolina, el consumo europeo en realidad está registrando una baja, al optar los consumidores por vehículos propulsados por motores diesel más eficientes.
Entre las estrategias energéticas de Estados Unidos se podría incluir aumentos modestos en los impuestos al combustible, combinados con incentivos para usar combustible diesel de bajo azufre en lugar de gasolina, lo que resultaría en una mayor eficiencia. Además, podría regularse más los vehículos utilitarios deportivos, que están mayormente exonerados de otras normas de eficiencia estadounidenses. Las estrategias podrían incluir reglamentos que obliguen a que las flotillas de vehículos gubernamentales sean propulsadas por gas natural o energía eléctrica. Una tasa de impuesto móvil aplicada a los vehículos nuevos de lujo, basada en su rendimiento por kilometraje, podría ser otra forma de promover tecnologías más eficientes en el mercado sin gravar la gasolina propiamente dicha.
La investigación y el desarrollo deben ser también un medio principal de promover una política energética efectiva. Entre las prioridades estadounidenses de investigación y desarrollo figuran la Iniciativa nacional sobre nanotecnología (NNI), FreedomCar, la Iniciativa para el combustible hidrógeno y el Proyecto del Reactor Experimental Termonuclear Internacional (ITER).
Sin embargo, los críticos afirman que se necesitaría comprometer miles de millones de dólares para promover la ciencia fundamental necesaria para resolver los problemas energéticos y ambientales que la comunidad mundial enfrentará en las décadas venideras. Este esfuerzo de investigación puede hacerse en colaboración con otros países consumidores principales, produciendo beneficios para todos y con el propósito de lograr adelantos revolucionarios en energía solar, eólica, carbón de combustión limpia, hidrógena, fusión, una nueva generación de reactores por fisión, células combustibles, pilas y una nueva red de energía eléctrica que pueda unir a todas estas fuentes de energía.
Además de las iniciativas estadounidenses, no hay duda que existe lugar considerable para aumentar la eficiencia energética en otras principales sociedades consumidoras de energía en el mundo en desarrollo. A medida que los principales países consumidores de energía como Rusia, China, India y Brasil alteran radicalmente sus señales económicas asociadas a los costos de la energía, e inyectan principios de precios basados en el mercado como sustituto de los abastecimientos energéticos subsidiados, los ahorros en la demanda de petróleo pueden ser drásticos, especialmente en los sectores doméstico y de generación de energía. El avance continuo hacia la liberalización del mercado de la energía en todo el mundo, especialmente en otros terrenos, aparte del sector del transporte, puede impactar de forma significativa el aumento de las necesidades de energía primaria en el mundo en desarrollo.
El gobierno de Estados Unidos debe adoptar también una postura mucho más proactiva frente a Rusia y China en lo que respecta al sector energético internacional. Podría servir de ayuda a Estados Unidos y otros países miembros de la OIE, romper el dominio que la OPEP ejerce sobre el mercado de la energía y ayudar a estas dos importantes potencias energéticas a definir sus propias metas, de manera que sean compatibles con los objetivos de Estados Unidos. China necesita que se la aliente a mejorar sus planes para las reservas estratégicas, y hay maneras de que Estados Unidos pueda asistirla en hacerlo, ya sea auspiciando el ingreso de China en la OIE o asistiendo en la creación de nuevos arreglos regionales de seguridad energética.
Por último, Estados Unidos y otros países industriales pueden hacer mucho más para mejorar los mecanismos institucionales que favorecen a los mercados, en lugar de la intervención política de los productores de petróleo. Estados Unidos debe demostrar su liderazgo y examinar seriamente las maneras de armonizar las reglas del comercio y la inversión petrolera mundial con las reglas que rigen el comercio de los bienes manufacturados y los servicios. Esto significaría incrementar el comercio y la inversión libres dentro de los países de la OIE y discriminar activamente a aquellos países que no permiten la inversión extranjera en sus recursos energéticos y que limitan sus exportaciones para manipular los precios. La liberalización y el acceso abierto a la inversión en todos los recursos energéticos internacionales significarían su desarrollo oportuno en lugar de las demoras inquietantes que existen hoy. Debido a la falta de normas mundiales en el sector petrolero, el mundo experimenta limitaciones en el abastecimiento por motivos políticos y de inversión de capital que paralizan a la economía mundial y perpetúan la pobreza en los países energéticamente pobres de África y Asia. La experiencia vivida por Rusia en los últimos cinco años, el rápido crecimiento de su producción de petróleo seguido de una liberalización económica, debería servir de ejemplo a otros países que todavía siguen cerrados de los beneficios que se obtienen con el aumento de los ingresos y la producción.
EL COMIENZO DEL JUEGO DEL FIN DEL PETRÓLEO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Ruppert, M. El comienzo del juego del fin del petróleo. Traducido por Pedro Prieto. 2005. [Documento en línea]. Disponible: http://www.crisisenergetica.org/staticpages/index.php/page. [Consulta: 2007, enero 28]
25 de enero de 2005, PST 1300 (FTW) – Existen tres hechos claves de una importancia primordial para el mundo de hoy.
PRIMER HECHO -Si las acciones, más que las palabras, de los grandes actores del negocio del petróleo son la mejor medida de cómo ven el futuro, hay que considerar lo siguiente. Los precios del crudo se han duplicado desde 2001, pero las compañías petrolíferas, apenas, han aumentado en un pequeño porcentaje sus presupuestos para explorar nuevos campos. Por tanto, las refinerías de los EE.UU. están trabajando casi al completo puesto, que no se han construido nuevas refinerías desde 1976. Y los buques cisterna petrolíferos están completos. Los barcos viejos se están deteriorando en mayor medida que los que se construyen nuevos.
Mark Williams, Technology Review, febrero de 2005
¿EL FIN DEL PETRÓLEO?
Las grandes compañías del petróleo están cambiando sus menguantes reservas por la adquisición de otras compañías petrolíferas, en vez de explorar nuevos campos. Esto es un cambio estratégico que tiene consecuencias para los suministros mundiales de petróleo, ha señalado el Banco de Crédito Suizo First Boston en un informe.
Las compañías petroleras apenas se están gastando el 12% de sus gastos totales en buscar nuevos campos petrolíferos, casi un tercio menos que en 1990. Estas empresas integradas, como la gigante estadounidense ExxonMobil Corp (XOM) tienen el sector “corriente arriba” de exploración y bombeo y el “corriente abajo” de refinación y operaciones de mercado.
Además, al estar convencidas las mayores empresas petroleras de que la exploración es demasiado costosa y arriesgada, el crecimiento sostenido de las reservas de petróleo mundiales totales ha caído de forma considerable, dijo el banco. Las reservas mundiales de petróleo se están reemplazando a un ritmo del 1,2% anual en los últimos tres años, comparado con el 2,3% de los últimos 20 años, incluso aunque el aumento de la demanda de petróleo está alcanzando nuevos máximos, con China e India convirtiéndose en potencias industriales.
Dow Jones Newswire, 17 de enero de 2005
HECHO NÚMERO DOS – Olvidémonos del crecimiento económico y pensemos sólo en compensar las caídas (de la producción). Si la curva del Sr. Raymonds refleja la realidad, aún así deberíamos descubrir unos 30.000 millones de barriles por año. ¿Lo estamos haciendo?
En Oil Supply Shortages encontramos lo siguiente:
La tasa de descubrimientos de nuevos grandes campos petrolíferos ha caído de forma dramática en los últimos años. [Los descubrimientos mundiales llegaron a su cenit en los años 60. La producción de energía per capita llegó a su cenit en 1979.] Hubo 13 descubrimientos de 500 millones de barriles en 2000, seis en 2001 y apenas 2 en 2002. En 2003 no se ha informado de ni un solo nuevo descubrimiento de más de 500 millones de barriles. He aquí los descubrimientos clave de un reciente informe de Petroleum Review:
· Se espera que entre 2003 y comienzos de 2007, entren en el flujo del mercado unos 8 millones de barriles diarios de nueva capacidad.
· En 2005, se espera que entren en el flujo del mercado unos 18 proyectos con una capacidad límite de 3 millones de barriles diarios, descendiendo en 2006 a 11 nuevos proyectos y siguiendo en 2007 con 3 y otros 3 en 2008, añadiendo una capacidad potencial adicional y acumulada de unos 4 millones de barriles diarios al máximo.
· Parece que desde 2007, los volúmenes de las nuevas producciones se quedarán cortos a la hora de reemplazar a la capacidad que se irá perdiendo en los viejos campos que se van agotando.
· Para confirmar aún más esta tendencia, los recientes resultados de E&D apoyan fuertemente la tesis de un próximo cenit en la producción de petróleo. El valor actual neto de todos los descubrimientos de las 5 grandes empresas petrolíferas en 2001/2003 fue menor que sus costes de exploración.
Murray Duffin, Energy Pulse, 17 de noviembre de 2004
Estos cálculos fueron confirmados por el Oil Depletion and Análysis Centre, ODAC, en el Reino Unido en noviembre de 2004 y por los cálculos independientes de Dale Allen Pffeifer de febrero de 2004 La escasez de petróleo parece incuestionable. No hubo ni un solo descubrimiento de campos, superiores a 500 millones de barriles en 2003 y por lo que sabemos, mientras esto se escribe, tampoco en 2004. EL mundo está actualmente consumiendo mil millones de barriles cada once días y medio.
HECHO NÚMERO TRES – Obsérvese el siguiente desequilibrio: el norteamericano promedio consume 25 barriles de petróleo al año. En China, el promedio es de 1,3 barriles anuales; en India, menos de uno...
El reto es enorme. Sólo para que China e India alcanzasen simplemente la cuarta parte del nivel del consumo de petróleo de los EE.UU. la producción mundial tendría que crecer un 44 por ciento. Para alcanzar la mitad del nivel estadounidense, la producción mundial se tendría que duplicar. Eso es imposible. Las reservas de petróleo del mundo son finitas. Y lo que se ve cada vez más es que la producción mundial de petróleo llegará pronto a su cenit.
The Christian Science Monitor, 20 de enero de 2005
Estos tres hechos, por sí solos, indican el tumulto mundial que de hecho está sucediendo alrededor del petróleo. Ahora, queda claro que las grandes naciones consumidoras de petróleo han decidido posicionarse para controlar tanto petróleo como sea posible, antes de que llegue la caída por el precipicio del 2007. El primer hecho subraya un punto que se ha debatido desde hace años en From The Wilderness. Incluso, aunque el cenit del petróleo fuese un invento (lo que es difícil de creer en este momento), el mundo se está comportando como si fuese real e inminente. El hecho de que no haya prácticamente exploración o construcción de refinerías, significa que los grandes entienden claramente que no queda más petróleo de importancia por descubrir y que sus inversiones nunca serán recuperadas.
Como muestran los mapas de abajo, los hechos en los años anteriores revelan la creciente histeria tras estos conflictos, que amenazan con convertirse en conflictos militares pronto. A veces, un dibujo vale más que mil palabras.
DIBUJANDO LAS LÍNEAS DEL FRENTE
China es con mucho, el jugador más agresivo. Se ha movido por prácticamente todos los continentes para comprar campos petrolíferos existentes (con los dólares estadounidenses y mientras tienen todavía valor). Un reciente acuerdo entre China y Venezuela ha tenido que ser doloroso para Washington y Wall Street. La compañía estatal de petróleos de Venezuela, PDVSA es propietaria de más de 10.000 gasolineras de Citgo en los EE.UU. ¿Podrían los EE.UU. quedarse tranquilamente sentados, si Venezuela comenzase a enviar gasolina que se supone era para Kansas o Little Rock a Shanghai?
Recientemente, en dos claros movimientos, China ha hecho unas ofertas para comprar intereses en las arenas bituminosas de Alberta e hizo una descarada oferta para comprar la empresa estadounidense Unocal, por 13.000 millones de US$. Unocal tiene grandes concesiones en aguas del sudeste asiático. Estas concesiones no sugieren que se puedan hacer descubrimientos de nuevos grandes campos. Se hubieran desarrollado en este caso. Esta región se ha explorado concienzudamente. El interés de China está en conseguir incluso las pequeñas reservas cercanas, debido a su insaciable demanda.
Sin embargo, el gobierno nacional de Canadá en Ottawa se ha posicionado para desbaratar la inversión china en Alberta, provocando respuestas airadas del gobierno de Alberta, preocupado por los empleos y los ingresos. Alberta quiere alcanzar un acuerdo con China. Y China quiere un acuerdo con Alberta. Incluso aunque la recuperación (de petróleo) de las arenas bituminosas es cualquier cosa menos eficiente energéticamente o rentable, a China no le importa nada la destrucción del paisaje de Alberta. En la Segunda Guerra Mundial, el gobierno nazi de Adolf Hitler hizo petróleo sintético del carbón. En la guerra no importan nada los costes y se olvida la ineficiencia o la falta de sostenibilidad. La maquinaria de guerra necesita petróleo. Las economías necesitan petróleo.
El paso de Ottawa no se habría dado sin las presiones de Washington. Y si los EE.UU. bloquean a China las arenas bituminosas de Canadá y a Unocal, la ya desesperada caza del petróleo, por parte de China, puede llegar a hacerse más urgente e histérica.
Los recientes informes infundados y casi cómicos de lazos entre los chinos y AlQaeda que circularon por Boston son otra de las maniobras de (Karl) Rovian para preparar al pueblo estadounidense para un futuro conflicto con China. Rove se apoya en que el mismo 70% de estadounidenses que se creyó que el 11-S fue reparado por Sadam Hussein, también se creerá esto.
Rusia está ya vendiendo o contempla vender misiles aire-tierra y antiblindaje a Irán, Siria y Venezuela. Sin poder recuperarse todavía de su pérdida geoestratégica en Ucrania, está bastante fuera de juego, como se hace notar en estas citas:
“Recuerda que las carreras armamentísticas producen por sí mismas Frankesteins económicos. Así funciona el dinero. Esta sucesión de acontecimientos es una característica histórica previa a toda guerra."
"El Homo Sapiens sobrevivió a la Guerra Fría porque (especialmente en lo relativo a las armas nucleares) ambos lados estaban controlados por los mismos intereses y dinero. La Destrucción Mutua Asegurada (en inglés, MAD de Mutual Assured Destruction, que significa loco, n. del t.) no iba a suceder de ninguna forma. No en aquel entonces..."
"Ahora no existen esas restricciones."
"Pero, también, crece la resistencia en el planeta y los liliputianos y mosquitos atormentan al gigante de todas las formas posibles. La revolución ha comenzado. Es asimétrica. Está incluso fuera de cualquier definición previa que conozca de “revolución” legalmente descrita. El mundo está diciendo “No” y parece que quiere decirlo”.
ÁFRICA
Pero, con mucho, desde la perspectiva de FTW, África es donde probablemente veremos más conflictos a corto plazo. Las reservas de África por desarrollar son mayores y la propia África está menos bajo el control hegemónico de los EE.UU. Un claro signo de esto fue la reciente gira por siete países africanos del presidente iraní Al Jatamí al continente africano, seguido, casi inmediatamente, del anuncio de un acuerdo de desarrollo petrolífero pendiente con Nigeria y de otro completo con Costa de Marfil. Los sobornos son un medio de vida en la región y los EE.UU. juegan mejor que nadie a este juego. Queda por ver si los líderes del África Occidental pueden aguantar por mucho tiempo la tentación de llegar a negocios concretos con Irán. EL gobierno francés ya ha enviado sus cazas Mirage a atacar Costa de Marfil. Deberíamos esperar allí un golpe de Estado bastante pronto.
Las señales son claras. Con el resto del mundo alineado, detrás de Irán, éste se siente lo suficientemente confiado como para enfrentarse, cara a cara con EE.UU., en África, apoyándose en el hecho de que muchas personas en África, así como sus líderes, entienden con claridad que los EE.UU. (como dijo con ocurrencia un observador del Departamento de Estado) sólo tienen un interés en África: el petróleo.
¿Cuántas guerras pueden pelear los EE.UU.? ¿Cuál es el alcance de Gulliver? Esos liliputianos no se juntan todos en un sitio para poderlos aplastar. Se están enfrentando a Gulliver y no muestran miedo ¿Cuánto queda para que se produzcan los disparos, primero en guerras por poder y finalmente en confrontaciones directas de las grandes potencias?
Ese momento puede no estar lejano.
Al ver los mapas hay que considerar que todos esos acontecimientos han tenido lugar apenas el pasado año y la mayoría tan solo hace seis meses. Esas imágenes muestran claramente el ritmo al que el mundo ha comenzado a jugar el juego final del petróleo.
CONVIVENCIA EN EL PLANETA Y NECESIDADES MUNDIALES
A través de la historia, la humanidad ha concebido al planeta Tierra como su casa natural; pero, a medida que avanza el tiempo, esta noción se va desdibujando, disminuyendo. En tiempos históricos, anteriores al surgimiento del industrialismo, en todas sus facetas y dimensiones, hermanado con el capitalismo como sistema dominante, no se planteaba el dilema de elegir entre la conservación del planeta o el aumento de grandes capitales, so pena del medio ambiente. No pocos grupos sociales señalan la inmensa preocupación por la destrucción acelerada de la Tierra, sometida a una explotación indiscriminada, que supera sus capacidades de regeneración.
Unido al elemento ecológico, y como igual consecuencia del quehacer capitalista, males, igual de peligrosos para la convivencia humana, atentan contra el desarrollo humano armónico, equilibrado, justo y, sobre todo, seguro para las personas. Estos problemas se expresan en la pobreza y todas sus secuelas, la discriminación racial y étnica, exclusiones de género, guerras por el control y dominio del mundo y sus riquezas, crisis energética, entre otros. Esta realidad necesita ser conocida, analizada y atacada para que se garantice la sobrevivencia de la humanidad.
Para ello, es necesario crear y practicar una acción nueva de vida, una ética que nos permita encontrarnos con el otro ser humano y vernos en él. Debemos concientizarnos para que nuestras acciones conduzcan a la superación de estos grandes conflictos, que nos aquejan. Este es el objetivo de esta unidad III: orientarte, estimado estudiante, en un conocimiento que te permita tomar conciencia de lo planteado y revisar, constantemente, tus actuaciones individuales y colectivas, en función de un mundo mejor.
En esta unidad podrás encontrarte con reflexiones que guiarán tu conocimiento hacia el logro de un estudiante y profesional consciente de su papel ante el complejo mundo de hoy.
URGENCIA DE UN ETHOS MUNDIAL
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Boff, L. (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. Urgencia de un ethos mundial. España. Editorial Trotta. S. A. Pp. 13 – 18.
EL ETHOS MUNDIAL QUE NECESITAMOS
Son tres los problemas que suscitan la urgencia de una ética mundial: la crisis social, la crisis del sistema de trabajo y la crisis ecológica. Todas estas crisis son de dimensiones planetarias.
1. Problemas globales – soluciones globales
En primer lugar, la crisis social. Sus indicadores son evidentes y no hay necesidad de exponerlos. El cambio de naturaleza en la actividad tecnológica, mediante la robotización y la informatización, ha favorecido una fantástica producción de riquezas. Riquezas de la que se apropian, de forma altamente desigual, grandes corporaciones transnacionales y mundiales que vienen a ahondar más aún el abismo existente entre ricos y pobres. Esa acumulación es injusta, porque está pésimamente distribuida. Los niveles de solidaridad entre los humanos han retrocedido a los tiempos de la barbarie más cruel.
Este hecho despierta un fantasma aterrador: la posible bifurcación dentro de la especie humana. Por un lado, se configura un tipo de humanidad opulenta, situada en los países centrales, que controla los procesos científico-técnicos, económicos y políticos y en el oasis de los países periféricos, en la que viven las clases privilegiadas. Todos ellos se benefician de los avances científico-técnicos, de la biogenética, de la manipulación de los recursos naturales y viven en sus refugios cerca de 120 ó 130 años, tiempo biológico de nuestras células. Por otro lado, está la vieja humanidad, que vive con la presión de mantener un status de consumo razonable o simplemente en la pobreza, en la marginación o en la exclusión. Éstos, los desheredados y excluidos, viven como siempre ha vivido la humanidad y alcanzan, como mucho, un promedio de 60 – 70 años de expectativa de vida.
En segundo lugar, la crisis del sistema de trabajo: las nuevas formas de producción, cada vez más automatizadas, prescinden del trabajo humano; en su lugar, entra la máquina inteligente. De este modo se destruyen puestos de trabajo y se hacen innecesarios los trabajadores, creando un inmenso ejército de excluidos en todas las sociedades mundiales.
Esta transformación, en la propia naturaleza del proceso tecnológico, exige un nuevo patrón civilizatorio. Habrá desarrollo sin trabajo. La cuestión principal ya no será el trabajo, que en el futuro, podrá ser el lujo de algunos, sino el ocio. ¿Cómo pasar de una sociedad de pleno empleo a una sociedad de plena actividad que garantice la subsistencia individual? ¿Cómo conseguir que el ocio sea creativo, que realice las virtualidades humanas? Liberado del régimen asalariado, a que fue sometido por la sociedad productivista moderna, especialmente la capitalista, el trabajo volverá a su naturaleza original: la actividad creadora del ser humano, la acción plasmadora de lo real, el demiurgo que convertirá los sueños y las virtualidades presentes en los seres humanos en acciones sorprendentes y en obras que expresarán lo que es y lo que puede la creatividad humana ¿Estamos preparados para este salto cualitativo encaminado a la plena expresión humana?
En tercer lugar, emerge la crisis ecológica. Los escenarios son también ampliamente conocidos, difundidos no sólo por reconocidos institutos de investigación que se preocupan por el estado global de la Tierra, sino también por la misma Cruz Roja Internacional y por diversos organismos de la ONU. En las últimas décadas, hemos construido el principio de autodestrucción. La actividad humana, irresponsable ante la máquina de muerte que ha creado, puede ocasionar daños irreparables en la biosfera y destruir las condiciones de vida de los seres humanos. En una palabra, vivimos bajo una grave amenaza de desequilibrio ecológico, que puede afectar a la tierra como sistema integrador de sistemas. La Tierra es como un corazón. Gravemente lesionado, el resto de los organismos vitales se verán afectados: los climas, aguas potables, la química de los suelos, los microorganismos y las sociedades humanas. La sustentabilidad del planeta, tejida por miles de millones de años de trabajo cósmico, puede verse desbaratada. La Tierra buscará un nuevo equilibrio que, seguramente, traerá consigo una inmensa devastación de vidas. Este principio de autodestrucción invoca urgentemente otro, el principio de corresponsabilidad que deriva de nuestra existencia como especie y como planeta. Si queremos continuar la aventura terrenal y cósmica, tenemos que tomar decisiones colectivas que estén ordenadas a la salvaguarda de la creación y al mantenimiento de las condiciones generales que permitan a la evolución seguir su curso, todavía abierto.
2. La revolución posible en tiempos de globalización
La causa principal de la crisis social está vinculada al modo en que las sociedades modernas se organizan en cuanto al acceso, la producción y la distribución de los bienes naturales y culturales. Este modo es profundamente desigual, porque privilegia a las minorías que detentan el tener, el poder y el saber frente a las grandes mayorías que viven del trabajo; en nombre de tales títulos, se apropian de manera privada de los bienes producidos por el esfuerzo de todos. Los vínculos de solidaridad y de cooperación no son axiales, sino que el eje lo constituyen la actividad individual y la competitividad, creadoras permanentes de la segregación social de millones y millones de marginados, de excluidos y víctimas.
La raíz de la alarma ecológica reside en el tipo de relación que los humanos han mantenido, en los últimos siglos, con la Tierra y con sus recursos: una relación de dominio, de no reconocimiento de su alteridad y de falta del cuidado necesario y del respeto imprescindible que exige toda alteridad. El proyecto científico-tecnológico, con las características que hoy posee, sólo ha sido posible porque existía subyacente la voluntad de poder y de estar sobre la naturaleza y no junto a ella y porque se ha destruido la conciencia de una gran comunidad biótica, terrenal y cósmica, en la que se encuentra inserto el ser humano, junto con los demás seres.
Esta constatación no representa una actitud oscurantista frente al saber científico-técnico y de la forma que ha sido apropiado en el seno de un proyecto de dominium mundi. Este proyecto implica la destrucción de la alianza de convivencia armónica entre los seres humanos y la naturaleza, a favor de intereses exclusivamente utilitarista y escasamente solidarios. No se ha tenido en cuenta la subjetividad, la autonomía y la alteridad de los seres y de la propia naturaleza.
No obstante, es importante reconocer que el proyecto científico-tecnológico ha aportado innumerables comodidades para la existencia humana. Nos ha llevado hasta el espacio exterior, creando la posibilidad de supervivencia de la especie homo sapiens/demens en caso de una eventual catástrofe antropológica. Ha universalizado formas de mejora de vida (en la salud, vivienda, transporte, comunicaciones, etc.) como nunca antes se había producido en la historia humana. Por tanto, ha desempeñado una función liberadora inestimable. Hoy, sin embargo, la prolongación de este tipo de apropiación utilitarista y antiecológica puede alcanzar límites infranqueables y, por tanto, desastrosos. De hecho, para conservar el patrimonio natural y cultural acumulado tenemos que cambiar. Si no cambiamos de paradigma civilizatorio, si no reinventamos unas relaciones más benéficas y sinérgicas con la naturaleza y de mayor colaboración entre los diversos pueblos, culturas y religiones, difícilmente podremos mantener la sustentabilidad necesaria para realizar el proyecto humano, abierto al futuro y al infinito.
Para resolver estos tres problemas globales, en realidad, se debería hacer una revolución también global. Sin embargo, en nuestra opinión, el tiempo de las revoluciones clásicas, las que se han producido y que conocemos, pertenece a otro tipo de historia, caracterizada por las culturas regionales y por los estados-nación. Para la revolución global aludida, sería necesaria una ideología revolucionaria global, con unos líderes sociales globales que estuvieran articulados de tal modo y que tuvieran tal cohesión y tanto poder, que fueran capaces de imponerse a todos. Ahora bien, esta situación ni se da ni, posiblemente, se dará en un futuro próximo. Los problemas piden a gritos un encauzamiento, pues sin él podemos ir al encuentro de lo peor.
La solución que muchos analistas proponen y que nosotros asumimos ─y que constituye la razón de nuestro texto─ es encontrar un nuevo fundamento para el cambio necesario. Este fundamento debería descansar en algo que fuera realmente común y global, de fácil comprensión y realmente viable. Partimos de la hipótesis de que ese fundamento debería ser ético, una ética mínima a partir de la cual se abrirían posibilidades de solución y de salvación de la Tierra, de la humanidad y de los desempleados estructurales.
Acertadamente lo reconoció el exgobernador de Brasilia, el pedagogo y economista Cristovam Buarque: «El programa de erradicación de la pobreza no será resultado de una evolución social, ni será posible con el poder exclusivo de un único partido; sea cual sea el gobierno, será necesaria una base de apoyo amplia, basada en la coalición que se hará por razones éticas mucho más que por razones políticas» (A segunda abolição, Paz e Terra, Rio de Janeiro 1999, p.30).
Así pues, se debería establecer, en esta línea, un pacto ético fundado, como veremos, no tanto en la razón ilustrada, cuanto en el pathos, es decir, en la sensibilidad humanitaria y en la inteligencia emocional expresadas por el ciudadano, la responsabilidad social y ecológica, por la solidaridad generacional y por la compasión, actitudes estas capaces de conmover a las personas y de moverlas a una nueva práctica histórico-social liberadora. Urge una revolución ética mundial.
Esta revolución ética debe concretarse dentro de la nueva situación en que se encuentran la Tierra y la humanidad: el proceso de globalización que configura una nueva plataforma de realización de la historia y del propio planeta. En este marco han de emerger la nueva sensibilidad y el nuevo ethos, una revolución posible en estos tiempos de globalización.
Por ethos entendemos el conjunto de las intuiciones, de valores y principios que orientan las relaciones humanas con la naturaleza, con la sociedad, con las alteridades, con uno mismo y con el sentido trascendente de la existencia: Dios.
Este ethos nace limpio de deseos, del mismo modo que Atenea nació completamente armada de la cabeza de Júpiter. Pero, toda ética nace de una nueva óptica. Y toda nueva óptica irrumpe de una profunda inmersión en la experiencia del ser, de una nueva percepción del todo ligado, «religado» en sus partes y conectado con la fuente originaria, de donde dimanan todos los entes.
LA CARTA DE LA TIERRA
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Boff, L. (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. La carta de la tierra. España. Editorial Trotta. S. A. Pp. 105 – 115.
Nota explicativa: Querido estudiante, queremos que sepas que, a nivel mundial, muchas personas y organizaciones están preocupadas por el futuro del planeta y esto se ha expresado, desde hace más de medio siglo, a través de creaciones de grupos, organizaciones no gubernamentales, organismos gubernamentales, entre otros. De esta preocupación, surge, en la década de los años 90, el llamado Consejo de la Tierra, con sede en Costa Rica, que junto al conocido movimiento Cruz Verde Internacional, asumieron la responsabilidad de elaborar un documento, con repercusiones mundiales, para resguardar la tierra y que denominaron “La Carta de la tierra”. En 1992, en el contexto de la Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro, se intentó elaborar este documento para ser leídos y cumplidos por todos los países asistentes a dicho evento, pero no se logró el consenso. En 1997, se elabora el primer borrador, el cual fue sometido a un proceso de consulta hasta 1999. La redacción final se logra del 12 al 14 de marzo de 2000, en reunión del Consejo de la Tierra, realizado en la sede de la UNESCO, en París. Allí, la UNESCO asume la Carta. Pero, aun esta redacción final está en proceso de revisión y enriquecimiento, con el fin de lograr el respaldo de la ONU, el cual aún no se ha logrado.
LA CARTA DE LA TIERRA
Preámbulo
Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global, sostenible y fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La Tierra, nuestro hogar
La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra, es un deber sagrado.
La situación global
Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
Los retos venideros
La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.
Responsabilidad Universal
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad, con toda la vida, se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.
Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común, mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales.
PRINCIPIOS
I. RESPETO Y CUIDADO DE LA COMUNIDAD DE LA VIDA
1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.
a. Reconocer que todos los seres son interdependientes y que toda forma de vida independientemente de su utilidad, tiene valor para los seres humanos.
b. Afirmar la fe en la dignidad inherente a todos los seres humanos y en el potencial intelectual, artístico, ético y espiritual de la humanidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
a. Aceptar que el derecho a poseer, administrar y utilizar los recursos naturales conduce hacia el deber de prevenir daños ambientales y proteger los derechos de las personas.
b. Afirmar, que a mayor libertad, conocimiento y poder, se presenta una correspondiente responsabilidad por promover el bien común.
3. Construir sociedades democráticas, que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Promover la justicia social y económica, posibilitando que todos alcancen un modo de vida seguro y digno, pero ecológicamente responsable.
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Transmitir a las futuras generaciones valores, tradiciones e instituciones, que apoyen la prosperidad a largo plazo, de las comunidades humanas y ecológicas de la Tierra.
Para poder realizar estos cuatro compromisos generales, es necesario:
II. INTEGRIDAD ECOLÓGICA
5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.
a. Adoptar, a todo nivel, planes de desarrollo sostenible y regulaciones que permitan incluir la conservación y la rehabilitación ambientales, como parte integral de todas las iniciativas de desarrollo.
b. Establecer y salvaguardar reservas viables para la naturaleza y la biosfera, incluyendo tierras silvestres y áreas marinas, de modo que tiendan a proteger los sistemas de soporte a la vida de la Tierra, para mantener la biodiversidad y preservar nuestra herencia natural.
c. Promover la recuperación de especies y ecosistemas en peligro.
d. Controlar y erradicar los organismos exógenos o genéticamente modificados, que sean dañinos para las especies autóctonas y el medio ambiente; y además, prevenir la introducción de tales organismos dañinos.
e. Manejar el uso de recursos renovables como el agua, la tierra, los productos forestales y la vida marina, de manera que no se excedan las posibilidades de regeneración y se proteja la salud de los ecosistemas.
f. Manejar la extracción y el uso de los recursos no renovables, tales como minerales y combustibles fósiles, de forma que se minimice su agotamiento y no se causen serios daños ambientales.
6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.
a. Tomar medidas para evitar la posibilidad de daños ambientales graves o irreversibles, aun cuando el conocimiento científico sea incompleto o inconcluso.
b. Imponer las pruebas respectivas y hacer que las partes responsables asuman las consecuencias de reparar el daño ambiental, principalmente para quienes argumenten que una actividad propuesta no causará ningún daño significativo.
c. Asegurar que la toma de decisiones contemple las consecuencias acumulativas, a largo término, indirectas, de larga distancia y globales de las actividades humanas.
d. Prevenir la contaminación de cualquier parte del medio ambiente y no permitir la acumulación de sustancias radioactivas, tóxicas u otras sustancias peligrosas.
e. Evitar actividades militares que dañen el medio ambiente.
7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.
a. Reducir, reutilizar y reciclar los materiales usados en los sistemas de producción y consumo y asegurar que los desechos residuales puedan ser asimilados por los sistemas ecológicos.
b. Actuar con moderación y eficiencia al utilizar energía y tratar de depender cada vez más de los recursos de energía renovables, tales como la solar y eólica.
c. Promover el desarrollo, la adopción y la transferencia equitativa de tecnologías ambientalmente sanas.
d. Internalizar los costos ambientales y sociales totales de bienes y servicios en su precio de venta y posibilitar que los consumidores puedan identificar productos que cumplan con las más altas normas sociales y ambientales.
e. Asegurar el acceso universal al cuidado de la salud que fomente la salud reproductiva y la reproducción responsable.
f. Adoptar formas de vida que pongan énfasis en la calidad de vida y en la suficiencia material en un mundo finito.
8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.
a. Apoyar la cooperación internacional científica y técnica sobre sostenibilidad, con especial atención a las necesidades de las naciones en desarrollo.
b. Reconocer y preservar el conocimiento tradicional y la sabiduría espiritual en todas las culturas que contribuyen a la protección ambiental y al bienestar humano.
c. Asegurar que la información de vital importancia para la salud humana y la protección ambiental, incluyendo la información genética, esté disponible en el dominio público.
III. JUSTICIA SOCIAL Y ECONÓMICA
9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
a. Garantizar el derecho al agua potable, al aire limpio, a la seguridad alimenticia, a la tierra no contaminada, a una vivienda y a un saneamiento seguro, asignando los recursos nacionales e internacionales requeridos.
b. Habilitar a todos los seres humanos con la educación y con los recursos requeridos para que alcancen un modo de vida sostenible y proveer la seguridad social y las redes de apoyo requeridos para quienes no puedan mantenerse por sí mismos.
c. Reconocer a los ignorados, proteger a los vulnerables, servir a aquellos que sufren y posibilitar el desarrollo de sus capacidades y perseguir sus aspiraciones.
10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.
a. Promover la distribución equitativa de la riqueza dentro de las naciones y entre ellas.
b. Intensificar los recursos intelectuales, financieros, técnicos y sociales de las naciones en desarrollo y liberarlas de onerosas deudas internacionales.
c. Asegurar que todo comercio apoye el uso sostenible de los recursos, la protección ambiental y las normas laborales progresivas.
d. Involucrar e informar a las corporaciones multinacionales y a los organismos financieros internacionales para que actúen transparentemente por el bien público y exigirles responsabilidad por las consecuencias de sus actividades.
11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisito para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.
a. Asegurar los derechos humanos de las mujeres y las niñas y terminar con toda la violencia contra ellas.
b. Promover la participación activa de las mujeres en todos los aspectos de la vida económica, política, cívica, social y cultural, como socias plenas e iguales en la toma de decisiones, como líderes y como beneficiarias.
c. Fortalecer las familias y garantizar la seguridad y la crianza amorosa de todos sus miembros.
12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.
a. Eliminar la discriminación en todas sus formas, tales como aquellas basadas en la raza, el color, el género, la orientación sexual, la religión, el idioma y el origen nacional, étnico o social.
b. Afirmar el derecho de los pueblos indígenas a su espiritualidad, conocimientos, tierras, recursos y a sus prácticas vinculadas a un modo de vida sostenible.
c. Honrar y apoyar a los jóvenes de nuestras comunidades, habilitándolos para que ejerzan su papel esencial en la creación de sociedades sostenibles.
d. Proteger y restaurar lugares de importancia que tengan un significado cultural y espiritual.
IV. DEMOCRACIA, NO VIOLENCIA Y PAZ
13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.
a. Sostener el derecho de todos a recibir información clara y oportuna sobre asuntos ambientales, al igual que sobre todos los planes y actividades de desarrollo que los pueda afectar o en los que tengan interés.
b. Apoyar la sociedad civil local, regional y global y promover la participación significativa de todos los individuos y organizaciones interesados en la toma de decisiones.
c. Proteger los derechos a la libertad de opinión, expresión, reunión pacífica, asociación y disensión.
d. Instituir el acceso efectivo y eficiente de procedimientos administrativos y judiciales independientes, incluyendo las soluciones y compensaciones por daños ambientales y por la amenaza de tales daños.
e. Eliminar la corrupción en todas las instituciones públicas y privadas.
f. Fortalecer las comunidades locales, habilitándolas para que puedan cuidar sus propios ambientes y asignar la responsabilidad ambiental en aquellos niveles de gobierno en donde puedan llevarse a cabo de manera más efectiva.
14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.
a. Brindar a todos, especialmente a los niños y los jóvenes, oportunidades educativas que les capaciten para contribuir activamente al desarrollo sostenible.
b. Promover la contribución de las artes y de las humanidades, al igual que de las ciencias, para la educación sobre la sostenibilidad.
c. Intensificar el papel de los medios masivos de comunicación en la toma de conciencia sobre los retos ecológicos y sociales.
d. Reconocer la importancia de la educación moral y espiritual para una vida sostenible.
15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.
a. Prevenir la crueldad contra los animales que se mantengan en las sociedades humanas y protegerlos del sufrimiento.
b. Proteger a los animales salvajes de métodos de caza, trampa y pesca, que les causen un sufrimiento extremo, prolongado o evitable.
c. Evitar o eliminar, hasta donde sea posible, la toma o destrucción de especies por simple diversión, negligencia o desconocimiento.
16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.
a. Alentar y apoyar la comprensión mutua, la solidaridad y la cooperación entre todos los pueblos tanto dentro como entre las naciones.
b. Implementar estrategias amplias y comprensivas para prevenir los conflictos violentos y utilizar la colaboración en la resolución de problemas para gestionar y resolver conflictos ambientales y otras disputas.
c. Desmilitarizar los sistemas nacionales de seguridad al nivel de una postura de defensa no provocativa y emplear los recursos militares para fines pacíficos, incluyendo la restauración ecológica.
d. Eliminar las armas nucleares, biológicas y tóxicas y otras armas de destrucción masiva.
e. Asegurar que el uso del espacio orbital y exterior apoye y se comprometa con la protección ambiental y la paz.
f. Reconocer que la paz es la integridad creada por relaciones correctas con uno mismo, otras personas, otras culturas, otras formas de vida, la Tierra y con el todo más grande, del cual somos parte.
LA GLOBALIZACIÓN Y LA SOCIEDAD DEL RIESGO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Lemkow, L. (2002). Sociología Ambiental. La globalización y la sociedad del riesgo. España. Editorial Icaria. s. a. Pp. 131-146.
El libro de Ulrich Beck, “Risikogesellschaft: Auf dem Weg in eine andere Moderne”, publicado en Alemania en 1986 y traducido al inglés en 1991 (al español en 1998), representó una inflexión para la sociología ambiental y propició una serie de réplicas y elaboraciones teóricas sobre el riesgo, el medio ambiente y la modernidad. Las respuestas más notables y de mayor interés, fueron una serie de libros y artículos del director de la London School Of Economics, Anthony Giddens (1990, 1991,1993), dando lugar a un libro de coautoría titulado “Reflexive Modernizatión: Politics, Tradition and Aesthetics in the Modern social order” (U. Beck, A. Giddens & S. Lash, 1994). A partir de la publicación de la sociedad del riesgo, nos encontramos con una auténtica avalancha de escritos, congresos y simposios sobre el riesgo, la incertidumbre, la condición humana en la nueva modernidad, cambios cuantificables en el deterioro del medio ambiente que, sumados a la globalización de la crisis ecológica, impactaron sobre la percepción pública de los riesgos ambientales y tecnológicos y también sobre los discursos y debates sociológicos.
En la sociedad del riesgo, Beck desarrolla básicamente tres grandes temas:
1 En primer lugar, describe las características e implicaciones que tienen los nuevos riesgos y peligros generados por los procesos de modernización e industrialización, procesos que nos llevan a superar la sociedad industrial clásica y que nos conducen hacia la “sociedad del riesgo”.
2 Analiza después los efectos de una sociedad repleta de una nueva gama de riesgos que provocan una extendida sensación de inseguridad e incertidumbre, que se manifiesta en la “modernización reflexiva”. Este proceso implica, entre otras cosas, la individualización en muchas esferas de la vida cotidiana, incluyendo la vida familiar y el trabajo que a su vez originan crisis de identidad personal.
3 Finalmente, estudia el rol ambiguo de la ciencia y su independencia en la conformación de nuevos espacios y estrategias políticas.
Beck contrasta la naturaleza de los riesgos ambientales, producidos en la sociedad industrial y en la sociedad del riesgo. Las diferencias en la forma y contenido de los riesgos tendrán importantes implicaciones sociológicas y, sobre todo, en el área de la percepción ambiental y respuestas sociales ante la proliferación de estos nuevos riesgos ambientales.
Según Beck, los riesgos de la sociedad industrial tenían un alcance local y un impacto muy directo sobre determinados sectores de una población, ubicada cerca de las fuentes de contaminación industrial. El “smog”, o niebla industrial, podía tener una incidencia brutal; pero, en todo caso, normalmente limitado a la población obrera de las nuevas ciudades industriales. La distribución espacial de los contaminantes estaba estrechamente relacionada con la morfología geográfica/social de las ciudades y, en consecuencia, con la distribución de las desigualdades. Parece que había una relación directa entre circunstancias socioeconómicas y condiciones ambientales de la sociedad industrial. La epidemiología del riesgo en la sociedad industrial tenía como variable central la clase social debido a la clara asociación entre distribución de riesgos y posición socioeconómica.
La contaminación del aire en particular era un fenómeno localizado que afectaba, bajo su forma más aguda, casi exclusivamente las zonas industriales de clase obrera, debido a la proximidad de las fábricas a estos barrios. Resumiendo, dada la distribución geográfica de la contaminación, ésta afectaba sobretodo a la base de la jerarquía social y se convertía así en una manifestación más de la desigualdad social de la industrialización. (L. Lemkow, 1983, p.112).
Haciendo alusión a que “la miseria es jerárquica” Beck afirma que:
La agudización de los contrastes de clase mediante la concentración de riesgos en los pobres y débiles estuvo en vigor durante mucho tiempo… Son en especial las zonas residenciales baratas para grupos de población con ingresos bajos, que se encuentran cerca de los centros de producción industrial las, que están dañadas permanentemente por las diversas sustancias nocivas que hay en el aire, agua y suelo. (U. Beck, 1998, p. 41).
La degradación ambiental de la primera industrialización no era nada democrática, quedando algunas clases sociales (la burguesía, por ejemplo) prácticamente indemnes de sus consecuencias. Efectivamente, la contaminación no implicaba o abarcaba toda la sociedad, que Beck define como “sociedad industrial clásica” y que contrasta radicalmente con la “sociedad del riesgo”. Nuevos contaminantes, como los pesticidas sintéticos (DDT), compuestos orgánicos de los metales pesados (mercurio, plomo, cadmio, etc.), y radiaciones ionizantes se distribuyen y se acumulan de forma más global, afectando a la inmensa mayoría de clases y estamentos sociales (esto no quiere decir que afecta a todos por igual.) En la sociedad de riesgos, se democratiza la distribución de riesgo (al menos en los países más desarrollados). Los riesgos poseen nuevos patrones de distribución y, además, los nuevos contaminantes no son observables a simple vista y necesitan la intervención de técnicas analíticas muy avanzadas para su detección y medición.
Llama la atención que en aquel tiempo, a diferencia de hoy, los peligros atacaban a la nariz o a los ojos, es decir, eran perceptibles mediante los sentidos. Los riesgos (de hoy) causan daños sistemáticos y a menudo irreversibles, suelen permanecer invisibles, se basan en interpretaciones causales, por lo que sólo se establecen en el ser…. Y en el saber pueden ser transformados, ampliados o reducidos, dramatizados o minimizados, por lo que están abiertos en una medida especial a los procesos sociales de definición. (U. Beck, ibíd, p. 28).
Estos cambios cualitativos en la degradación ambiental tenían interpretaciones y consecuencias sociales:
Los nuevos contaminantes ¾ eran invisibles e inodoros ¾ quedaban lejos de los densos malolientes y amarillos “smogs” que producían tos, de las ciudades industriales que quemaban carbón… Eran insidiosos que sus predecesores y, tal vez, más destructivos y peligrosos. Aún más, debido a su tendencia a acumularse y a esparcirse por un ecosistema y a ascender por la cadena alimentaría, podían afectar grupos que antes habían resultado relativamente indemnes de los peores efectos medio ambientales de la industrialización. Estos nuevos grupos, especialmente la clase media, empezaron a sentirse vulnerables, frente a los cambios cualitativos que se estaban produciendo en el medio ambiente. (L. Lemkow, 1984, p. 56).
Los nuevos riesgos tienen entonces implicaciones sociales. También los riesgos están sujetos a una definición social matizada por los conocimientos científicos. Estamos ante uno de los casos más claros de construcción social de procesos de cambio social: la construcción social del riesgo y del medio ambiente, una faceta clave para definir la sociedad del riesgo.
Sin embargo, la característica básica de la sociedad del riesgo, para Beck, es la producción de riesgos ambientales, a través de la lógica de la sobreproducción del capitalismo avanzado. Existe una fuerte tensión entre la producción de “bienes” de consumo y la proliferación de “males” ambientales. En el primer capítulo, titulado “La lógica del reparto de la riqueza y del reparto de los riesgos”, Beck argumenta que, en la sociedad industrial clásica, la producción de problemas ambientales fue ampliamente compensada por las expectativas y, en algunos casos, la realidad, de poder consumir más bienes.
Uno de los elementos definitorio de la sociedad de riesgo es la atribución de riesgos que se definen, a través de conocimientos científicos. Al mismo tiempo, hay que señalar que, si bien los riesgos se definen a base de conocimientos científicos y no a través de la simple observación del ciudadano, es más difícil calcular la incidencia de los nuevos riesgos que además son imprevisibles. A pesar de la sofisticación de la ciencia moderna, existe, en la sociedad de riesgo, una gran incertidumbre. En este mundo inseguro, la proliferación de riesgos ambientales repartidos ampliamente, no está compensada por la capacidad adquisitiva del ciudadano de la nueva modernidad.
De manera dispersa, pero también constante, en el libro de la sociedad “La sociedad del riesgo”, se encuentran referencias al papel de la ciencia y la tecnología en la modernidad. La ciencia no solamente marca nuestras percepciones del medio ambiente sino que, de forma no intencionada, moviliza sectores de la sociedad contra los nuevos riesgos. La ciencia tiene un protagonismo lleno de contradicciones y de ambivalencias en la sociedad industrial pero, de forma mucho más evidente, en la sociedad del riesgo.
La obra trata primero, a las ciencias y tecnologías aplicadas, como a una de las causas principales de los nuevos riesgos. La situación paradójica de la ciencia como instrumento para desvelar la naturaleza y el alcance de los nuevos riesgos de la modernidad es el segundo gran tema que expone. No menos sorprendente (y éste es el tercer punto de su reflexión sobre la ciencia) es el hecho de que la ciencia y, especialmente la tecnología aplicada, pueden proporcionar soluciones para superar problemas puntuales de la crisis ecológica, una actividad que puede, además, generar beneficios para el capitalista moderno. Finalmente, analiza la percepción ambigua que tienen los ciudadanos ante el papel contradictorio de la ciencia. En este marco, la ciencia y la tecnología constituyen una manifestación de la modernización reflexiva: una ciencia cuya práctica es cada vez más autocrítica, multiparadigmática y menos segura de la validez de sus predicciones.
Beck advierte sobre el poder de la opinión experta y la dificultad de definir la naturaleza exacta de los peligros y cuales son concretamente los límites o fronteras de los sistemas de riesgos:
Se trata en todo caso de peligros que precisan de los «órganos perceptivos» de la ciencia (teorías, experimentos, instrumentos de medición) para hacerse «visibles», interpretables como peligros. El paradigma de estos peligros son mutaciones genéticas causadas por la radioactividad, que imperceptibles para los afectados, dejan a éstos por completo (tal como muestra el accidente en el reactor de Harrisburg) a la merced del juicio, de los errores, de las controversias de los expertos… Las afirmaciones sobre peligros nunca son reducibles a meras afirmaciones sobre hechos. Contienen constitutivamente tanto un componente teórico como un componente normativo (U. Beck, 1998, p. 33).
A la hora de hablar de riesgos, Beck no solamente alude a los riesgos medioambientales producto de la interacción entre el modelo económico capitalista y la ciencia/tecnología aplicada (contaminación, capa de ozono, calentamiento atmosférico), sino a nuevos riesgos «biográficos» o personales que también constituyen una nueva dimensión de incertidumbre. Los imperativos económicos dan lugar a efectos no deseados sobre el medio ambiente, en forma de degradación ambiental que, además, representan una amenaza para la supervivencia del sistema. Al mismo tiempo, el crecimiento económico acelerado y los cambios estructurales en el mercado laboral amenazan el bienestar en las esferas sociales e individuales.
En la sociedad de riesgo los marcos culturales y estructurales tales como sociales y conciencia de clase, estructuras familiares, roles de género, etc., se deshacen ante cambios en el Estado de Bienestar, sobre todo en la esfera económico – laboral. Estructuras tradicionales asimiladas colectivamente y psicológicamente como inmutables y «normales» dejan de poseer seguridad y permanencia. Podemos entender la sociedad del riesgo en Europa (incluyendo España) en términos de las nuevas dimensiones de precariedad e incertidumbre introducidos por las transformaciones del «welfare state» y otras áreas afines. No son exclusivamente los grupos tradicionalmente clasificados como «vulnerables» (los pobres, determinadas minorías étnicas, etc.) los que están sometidos a la tranquilidad que supone nuevas y cambiantes políticas sociales, económicas y laborales. Estos cambios tienen una incidencia, sobre las condiciones y calidad de vida, en muchos casos cuantificables, pero también crea, un entorno que estimula una percepción de vulnerabilidad, inseguridad y riesgo.
Las transformaciones más conocidas y más estudiadas son los cambios en el mundo del trabajo. Beck analiza los ejes principales de los cambios en el mercado laboral en Europa occidental, desde los años sesenta (resumiéndolos en siete «tesis»): la aparición y consolidación del paro masivo (especialmente en la juventud) y estructural de larga duración, la pérdida de trabajo a tiempo completo (y, inconsecuencia, el auge de trabajo a tiempo parcial), el aumento del trabajo precario y temporal, la exigencia de mayor flexibilidad laboral, el declive del trabajo permanente con trayectoria para toda la biografía laboral y la transformación de las estructuras. Las relaciones de género en el trabajo han generado nuevas percepciones de pertenencia y de identidad individual. Uno de los resultados es el proceso de «individualización» y la pérdida de conciencia e identidad de clase. Estos hechos, de naturaleza y origen sociopolítico, conducen a «a victim blaming» donde se hace una lectura del desempleado, enfermo y marginado como responsable de su situación personal.
La agudización y la individualización de las desigualdades sociales se entrelazan. Como consecuencia, los problemas del sistema son transformadores y desmontadores políticamente como fracaso personal. En las formas destradicionalizadas de vida surge una nueva inmediatez de individuo y sociedad, la inmediatez de la crisis y de la enfermedad, en el sentido que las crisis sociales aparecen como crisis individuales. (Ibíd.., p. 97)
Los cambios en el mercado laboral ponen en entredicho el valor del trabajo que, a su vez, ha alterado la estructura de clases donde el trabajo ha dejado de tener una función central a la hora de definir la identidad individual y colectiva, desembocando el debilitamiento de las interconexiones sociales y económicas.
Se ha consumado en la modernización del Estado de bienestar tras la Segunda Guerra Mundial un impulso social de individualización de un alcance y una dinámica desconocidas con anterioridad… los seres humanos fueron desprendidos (en una quiebra de la continuidad histórica) de las condiciones tradicionales y de las referencias de aprovisionamiento de la familia y remitidos a sí mismos y a su destino laboral individual con todos sus riesgos, oportunidades y contradicciones conduce a la puesta de libertad del individuo respecto a los lazos sociales de clase y de las situaciones sexuales de hombres y mujeres (Ibíd.., p. 96)
Merece la pena aquí recuperar la figura de Georg Simmel, teórico de la modernidad de finales de siglo XIX. Señala este autor la importancia de los procesos de individualización y fragmentación social que provoca la vida urbana moderna. En sus muy originales escritos (G. Simmel, 1986) sobre las implicaciones de la urbanización de la sociedad, por un lado, y sobre el desarrollo del dinero y la expansión y globalización de las economías por otro, intenta explicar los procesos de individualización, fragmentación de la vida social y heterogeneidad (división social de trabajo) que se dan en la ciudad moderna.
Ofrece la cuidad cada vez más las condiciones decisivas de la división del trabajo: un círculo que en virtud de su tamaño es capaz de absorber una pluralidad altamente variada de prestaciones… obliga al individuo particular a una especialización de la prestación. Y esto conduce a la individualización. (G. Simmel, 1986, p. 258)
Según Simmel, frente a la pluralidad de prestaciones y a la diversidad de contactos impersonales mediatizados por el dinero, la individualización produce ciudadanos cada vez más alienados.
Los profundos cambios señalados por Beck, que conducen a la individualización, transtornan los patrones biográficos tradicionales sobre los que estaba basada la definición, aceptación y estabilidad de la sociedad industrial. Este hecho es especialmente visible en la conformación de nuevos roles y relaciones de género. Los cambios formales de género, en el marco educativo y jurídico, contrastan con las prácticas concretas en el mundo laboral. Las expectativas de las mujeres, que ya logran unos rendimientos en el sistema educativo que superan a los de los hombres, no tienen una correspondencia a la hora de situarse las mujeres en el mercado laboral y en la jerarquía de la toma de decisión. La resistencia estructural de los hombres y de las organizaciones regidas por ellos frente a esta nueva realidad se hace patente y provoca tensiones nuevas en el seno del trabajo.
Si dichos cambios, en los roles y expectativas de las mujeres en el lugar del trabajo, son muy notables, las tensiones que suponen para las interacciones entre mujeres y hombres en el entorno familiar pueden llegar a ser dramáticas, incluso explosivas. En la sociedad industrial clásica, la organización familiar y reproductiva estaba basada en una marcadísima diferenciación y asignación de género que se plasmaba en una rígida división sexual del trabajo y una separación de las esferas domésticas y del trabajo remunerado. La mujer, encargada de la esfera (privada) de la reproducción (en el hogar) y el hombre del mundo (público) de la producción (la fábrica, empresa, administración) era el modelo inmutable y con una representación ideológica no contestada. La familia nuclear es la representación más clara de las «exigencias» de la sociedad industrial.
La tensión que provoca un creciente «igualitarismo» (rendimiento educativo, homologación formal jurídica) entre mujeres y hombres, y el creciente ingreso de la mujer en el mundo productivo, hace poco sostenible la familia nuclear con su poder patriarcal- el título del libro Lluis Flaquer, “La estrella menguante del padre” (L. Flaquer, 1999) refleja una parte de los procesos de la evolución de la familia y, en especial, del patriarcado.
La posición de la mujer sale reforzada, su participación en la toma de decisiones se incrementa y su poder de negociación se acrecienta. Se abre la posibilidad de la divergencia de intereses entre los cónyuges, quienes al plantear sus reivindicaciones tienen la vista puesta en su propia autorrealización. Como contrapartida, es posible que el nivel de conflicto manifiesto y las tensiones en el interior de la familia se intensifiquen, ya que las posiciones conyugales dejan de ser adscritas y por tanto están sujetas a un proceso de construcción y de ajuste constantes. (Ibíd.., p. 31)
La erosión, incluso disolución, de los roles tradicionalmente adscritos a la mujeres y a los hombres y la profundización de la individualización provoca cada vez más reivindicaciones a favor de relaciones abiertas (negociables constantemente) y sostenibles. Superadas las adjudicaciones tradicionales de papel/rol de género y el corsé ideológico que sostenía la familia nuclear, la incertidumbre de la vida familiar parece aumentar (reflejada en el aumento del divorcio, en el establecimiento y consolidación de las «familias» monoparentales, etc.) en el contexto de un debilitamiento de la capacidad y voluntad ideológica de las administraciones públicas de proporcionar prestaciones sociales y económicas a estas nuevas formas de organización. La falta de soluciones institucionales para estas situaciones, cada vez más frecuentes, pueden potenciar los conflictos privados de relaciones entre mujeres y hombres.
La importancia y relevancia La sociedad del riesgo radica en que señala que la nueva modernización está repleta, no solamente de riesgos ambientales, sino también de riesgos sociales que fomentan individuos e instituciones mas autocríticos. La acumulación en sociedad de ambos tipos de riesgo genera la «modernización reflexiva». Las nuevas percepciones del entorno y de los riesgos sociales que estimulan la autocrítica y la reflexividad, poco a poco impulsarán nuevas exigencias y nuevas formas de acción política:
Ahora se le exige al individuo que sea él quien domine la inseguridad. Pero, a partir de los trastornos e inseguridades sociales y culturales, más pronto que tarde, se originarán nuevas exigencias a las instituciones sociales por lo que a formación, información, salud y política se refiere. (U. Beck, 1998, p. 200).
Encontraremos, según Beck, una sociedad repleta de actores que se contradicen unos a otros en el mismo escenario. Dicho escenario puede ser las instituciones de representación corporativa de las ciencias, los actores, científicos/expertos: unos, alegando el riesgo cero y, otros, insistiendo en riesgos no predecibles de, por ejemplo, una nueva especie de microorganismo genéticamente modificado: el escenario familiar, con los actores, madre-padre-hijo/a disputado y negociado la distribución del trabajo domestico frente a las múltiples obligaciones fuera del “hogar”. La proliferación de tensiones y contradicciones en un amplio espectro de escenario generando así un ambiente de inseguridad e incertidumbre fuerza la articulación de nuevas direcciones para la acción política.
Frente a los cambios dibujados arriba, Beck argumenta que se presentan tres opciones o respuestas políticas para confrontar la generación de riesgos, la destradicionalización de la sociedad y la individualización. Las tres grandes opciones son:
1 Retorno a la sociedad industrial.
2 Democratización del desarrollo técnico y económico.
3 Política diferencial.
De alguna forma, las tres orientaciones reflejan los tres grandes ejes de la política en Alemania. El primero, el retorno a la sociedad industrial, corresponde a la política del Partido Democristiano. Las respuestas socialdemócratas quedan reflejadas en como confrontar los nuevos riesgos desde una perspectiva institucional-política. Finalmente, desde las corrientes ecologistas (movimiento) y del partido verde, la política diferencial implica la articulación de instituciones políticas nuevas y nuevos mecanismos de participación en la gestión de los riesgos.
Las simpatías políticas de Beck son claras y apuestas por la renovación y la implantación de las alternativas participativas. El autor pregunta en la última frase de su libro: ¿Es posible que hoy ya se comiencen aplicar y perfilar, en algunos campos, formas de esa nueva distribución del poder y del trabajo entre política y subpolítica, tras la alta fachada de la vieja sociedad industrial, y paralelamente a los muchos riesgos y peligros existentes? (U. Beck, 1998, p. 289).
Anthony Giddens destaca, como sociólogo teórico desde la publicación, en 1971, de su primer libro “Capitalism and Modern Social Theory” (A. Giddens, 1971). Sus primeras obras están básicamente dedicada a evaluar, interpretar y reflexionar sobre los contenidos metodológicos y teóricos de las obras de los tres grandes clásicos de la sociología: Marx, Durkheim y Weber. Giddens ha dedicado varias obras a la problemática de la modernidad, la destradicionalización de la sociedad, la individualización y proliferación, entre riesgos ambientales y sociales. Todo lo anterior, vinculado a la cuestión de la acción. Efectivamente, Giddens, en el marco de la teoría sociológica y no de la política, tiene una agenda parecida, pero más amplia que Beck. Ambos autores han participado conjuntamente en debates sobre la modernización reflexiva y sus implicaciones. La ubicación política de Giddens es muy conocida y se le considera el teórico de “New Labour” de Tony Blair.
Los libros más relevantes de Giddens, sobre la temática de la modernidad y los riesgos ambientales y socials, son: “The Constitution of Society: Outline of a Theory of Structuration” (1984), “The Consequences of Modernity” (1990), “Modernity and Self-Identify: Self and Society in the Late Modern Age” (1991), “The Transformation of Intimacy” (1993).
Para Giddens, la ciudad metropolis es el elemento definitorio de la modernidad, pues marca alas características estructurales y psicosociales de la sociedad contemporánea y determina nuevas líneas de acción social y política, tanto a nivel colectivo como individual. Es interesante señalar que Giddens reclama, desde hace tiempo, la necesidad de incorporar a la teoría sociológica algunos conceptos elaborados desde la sociología y la geografía urbanas. Dichas subdisciplinas otorgan un peso importante a la variable espacial y de “entorno construido” para describir y explicar los procesos sociales. Si es cierto que la ciudad representa el espacio más alterado y cambiado por la humanidad, también tiene su importancia otro elemento de la modernidad, especialmente en occidente: El hecho de que la inmensa mayoría de espacios no urbanos son entornos “creados” y moldeados por las actividades económicas:
En las zonas industriales del mundo, los seres humanos viven en un entorno creado, no solamente construido de las áreas urbanas. La mayoría de otros países también han vuelto a ser coordinados y controlados por los humanos. (Giddens, 1982, p. 60).
Como muchos otros científicos sociales, Giddens insiste en que la urbanización y los nuevos espacios (cada vez de mayor extensión), ocupados por las ciudades, tienen mucho que ver con la naturaleza de la degradación ambiental. De igual relevancia es el hecho de que la ciudad también incide sobre la disolución de la tradición. Para poder sostener estas tesis, Giddens hace un repaso de la evolución de las ciudades inglesas antes, durante y después de la revolución industrial, iniciada durante la segunda mitad del siglo XVIII. Comparte el autor las premisas expuestas por Beck, en términos de la distribución de riesgos ambientales y su incidencia discriminatoria en la salud pública, afectando sobre todo a la nueva y muy vulnerable clase obrera, especialmente durante las fases iniciales de la industrialización.
Giddens analiza, en profundidad, el impacto de la producción urbana, que crea nuevas externalidades, que incluyen la degradación ambiental. Su análisis concuerda con los trabajos descriptivos y empíricos de muchos historiadores de la industrialización, con su presentación detallada de los problemas de hacinamiento, sanitarios y de higiene, problemas que focalizan la denuncia del capitalismo industrial y la consiguiente deshumanización de la vida cotidiana y del trabajo. La ciudad industrial se densifica, a través de un crecimiento demográfico explosivo. Las familias obreras viven en la sombra metafórica de la fábrica, donde no existen sombras reales, ya que el sol está tapado por la contaminación atmosférica del “smog”. La clase obrera, viviendo en una ciudad radicalmente desplazada de los ecosistemas naturales, pierde contacto y conocimiento de la naturaleza. La acumulación, en la clase obrera, de nuevas agresiones ambientales y de la desconexión con el mundo natural, constituye un nuevo hecho social e implicará una nueva dimensión de alienación de la población obrera y contrasta con la situación de las clases bajas premodernas.
El industrialismo vuelve a ser eje principal de interacción de los seres humanos en las condiciones de modernidad. En la mayoría de culturas premodernas, incluso en las grandes civilizaciones, los humanos, en general, se identificaban a ellos mismos como una continuación de la naturaleza. (Giddens, 1982, p. 60).
Giddens sugiere que los cambios ambientales, impuestos por el “entorno creado” de la urbanización moderna, dan lugar a una crisis de anomia (en el sentido Durkheimiano). Las consecuencias culturales y psicológicas de la disolución de la tradición, que surge de la supresión de un contacto cotidiano con la naturaleza, provocan un vacío y una desorientación psicosocial que podemos homologar con la anomia. Es precisamente, ante la ausencia de una relación satisfactoria con el medio natural, que los nuevos movimientos ecologistas/ambientalistas plantean la restitución de este espacio perdido, puesto que así se recuperan y se articulan nuevos valores e interpretaciones del medio ambiente. El problema y la contradicción que Giddens enfrenta aquí, es que son justamente los grupos sociales (clase media, profesionales liberales) los menos afectados por las peores agresiones de la ciudad modernas que articulan y dominan los nuevos movimientos, que reivindican contundentes políticas de mejoría ambiental para salvar el planeta Tierra, ante la denominada “crisis ecológicas”.
Otra dimensión, que incide sobre la percepción del medio ambiente, es la inseguridad, en su sentido más amplio, de la vida en la modernidad tardía. La inseguridad es producto del perfil de riesgo que engloba riesgos sociales y ambientales. La ubicuidad del riesgo inseguridad en la modernidad se manifiesta como una de las características fundamentales de las sociedades “postradicionales”. El riesgo se asimila como una realidad de la vida cotidiana y se percibe por sectores cada vez más amplios de la sociedad (resultado, entre cosas, de la proliferación de la información sobre las problemáticas ambientales y sociales). La percepción del riesgo se transforma y las personas llegan a desafiar el papel de los expertos e, incluso, el conocimiento científico. Se desarrolla un conocimiento social de las limitaciones de sistemas de expertise, donde se integra la noción de falibilidad de los pronósticos científicos técnicos, en materia de riesgos. La desconfianza de amplios sectores de la población, en relación a la capacidad de las administraciones de controlar, regular y gestionar los riesgos, es otro atributo de la nueva modernidad.
Al igual que Beck, Giddens identifica, como variable de riesgo inseguridad, cambios sociales en las esferas relacionales y de la vida privada; variables que llegan a formar partes de las agendas de nuevos movimientos sociales que reclaman acción e intervención en lo que el autor denomina “life politics”. En el mundo postradicional, debido en gran parte al dominio de la inseguridad de la vida cotidiana, se cuestiona constantemente cómo se tiene que vivir, en un sentido tanto ecológico como social, colectivo o individual. Este cuestionamiento permanente adquiere un aire crítico y autocrítico (“modernización reflexiva”).
Los movimientos aparecen en función de cambios objetivos, pero también por la elaboración de nuevos marcos interpretativos de la realidad socioambiental, que son construidos socialmente. Los nuevos movimientos son instrumentos potenciales de transformación de la sociedad:
Como modos de compromiso acción, que tienen una presencia importante en la vida social moderna, en los movimientos sociales se encuentran orientaciones que son significativas caras a posibles transformaciones futuras. (Giddens, 1990, p. 158).
La globalización de los riesgos y su impacto sobre la percepción ambiental es otro de los grandes temas que Giddens trata de analizar en sus libros sobre las consecuencias de la modernidad. Simplificando mucho el análisis, Giddens afirma que la globalización acentúa la sensación de la inseguridad y ello tiene la forma e implicaciones siguientes:
1. Globalización de riesgo en el sentido de intensidad: por ejemplo, la guerra nuclear puede amenazar la supervivencia de la humanidad.
2. Globalización de riesgo en el sentido de expansión de eventos contingentes, que afectan a todos, o por lo menos un gran número de persona, que viven en el planeta: por ejemplo, cambios en la división global del trabajo.
3. Riesgo que surge del entorno creado, o naturaleza socializada.
4. El desarrollo de entornos de riesgos institucionalizados, que afectan las “life chances” de millones de personas. (A Giddens, 1990, p. 124).
Las dos primeras categorías se refieren al alcance de los riesgos y, las dos últimas, a los cambios de los tipos de sistemas de riesgos. Con esta aparente insistencia de la importancia de las variables ambientales (incluyendo las implicadas en la globalización de los riesgos), tiene que quedar claro que ni Beck ni Giddens dan protagonismo exclusivo a los cambios medio ambientales para explicar el auge del activismo ecologista. Se pueden encontrar numerosos precedentes de sociedades modernas con niveles altos de degradación ambiental, sin la esperada respuesta o movilización social y política (y viceversa). Pueden intervenir otros factores de índole más sociopolítica, cultural o jurídica. Un ejemplo señalada por Wynne (B. Wynne, 1995) es el grado de confianza de la población en su sistema de regulación y control de los problemas ambientales, de la salud pública y del papel de los expertos en la evaluación de riesgo.
LA POBREZA EN EL MUNDO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Maza Zavala, D. F. (2003). Explosión demográfica y crecimiento económico. La pobreza en el mundo. Venezuela. Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la biblioteca. Pp. 177 – 200.
La persistencia ampliada y profundizada de la pobreza en el mundo de hoy representa uno de los grandes y graves problemas de la humanidad. En todas las épocas de la historia hubo pobreza hasta el límite de la miseria; pero, podría explicarse ese hecho, en parte por el atraso general de las naciones, sobre todo en ciencia y tecnología, y también por el relativo aislamiento entre los países hasta el siglo XIX, cuando progresaron significativamente el transporte y las comunicaciones, además del comercio y las finanzas internacionales. En el presente, con el prodigioso adelanto de los conocimientos, el alto desarrollo de las fuerzas productivas, la avanzada internacionalización en todos los órdenes de la vida humana, la explicación de la pobreza debe tener otros fundamentos y explorar otras realidades.
CARACTERIZACIÓN CUANTITATIVA Y CUALITATIVA DE LA POBREZA
El Banco Mundial define la pobreza, en la dimensión individual, en la forma siguiente: "ser pobre es tener hambre, no tener casa ni vestido, estar enfermo y no recibir atención, ser analfabeto y no ir a la escuela" (Banco Mundial, Informe sobre desarrollo mundial, 2001, p.15.).
Sin embargo, la pobreza no es sólo una situación individual o familiar, sino de colectividades numerosas, de estratos socioeconómicos mayoritarios de la población de países que procuran desarrollarse, de una porción del mundo que en superficie y número de habitantes significa alrededor de 2/3 del total. Así, la pobreza no consiste en casos aislados de individuos agobiados por el infortunio, sino un fenómeno social de grandes dimensiones; más se globaliza la pobreza que la riqueza, más se concentra el bienestar en pocos países llamados desarrollados y más se generaliza la insuficiencia socioeconómica en los numerosos países del todavía llamado Tercer Mundo.
La pobreza extrema se identifica en las personas, que sobreviven con menos de un dólar diario de ingreso; la pobreza general aflige a aquellas personas que sobreviven con dos dólares diarios o quizás menos. Estas indicaciones cuantitativas apenas expresan la cruda realidad de que con esos ingresos -que, además, pueden ser precarios e inestables- no se satisfacen necesidades elementales, vitales, de subsistencia: alimentación, vivienda, vestido, defensa de la salud, por 10 que la población afectada por esa situación siempre está en el límite entre la vida y la muerte. Contrasta esta realidad con el principio proclamado en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios".
No sólo en el aspecto económico hay que considerar el fenómeno de la pobreza, sino también en la forma de organización familiar y social, en la exclusión que sufren los pobres de la sociedad, en la imposibilidad real de ejercer sus derechos y de disfrutar las garantías constitucionales, en la discriminación que sufren las barriadas pobres en cuanto a obras de infraestructura y servicios públicos, así como en seguridad jurídica y física de las personas, en el acceso a la cultura y la recreación, entre otras formas de discriminación y exclusión. Ser pobre es un estigma, porque se interpreta que esa situación obedece a desidia, debilidad de la voluntad, predisposición innata a no luchar por la superación, a no realizar el esfuerzo necesario para mejorar la vida. Por ello hay que hacer énfasis en que la pobreza no es un hecho de la vida individual -aunque se sufra individualmente- sino de la vida colectiva; es un hecho social; tampoco es un fenómeno inherente al subdesarrollo, a incapacidad de las naciones que no han logrado avanzar "en el camino al éxito"; sino un fenómeno problemático mundial, de la responsabilidad de todas las naciones.
El índice de pobreza es definido por algunos autores (Silva y Schliesser, 1997) como la privación absoluta normalizada en que coexisten las necesidades básicas insatisfechas y la incapacidad para satisfacerlas. Pobres, según la CEPAO son aquellos, cuyo presupuesto de consumo es igual al doble del presupuesto alimentari, es decir, que el gasto en alimentación significa el 50% del presupuesto de consumo. Indigentes (grado crítico de la pobreza) son los que gastan en alimentos todo su presupuesto y aún ese gasto puede ser insuficiente para la simple subsistencia.
En el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se define la pobreza por el empobrecimiento en múltiples dimensiones: la privación en cuanto a una vida larga saludable, en cuanto a conocimiento, en cuanto a un nivel de vida decente, en cuanto a participación social, no sólo en el ingreso (PNUD: Informe sobre desarrollo humano, 2000).
En general, las definiciones y caracterizaciones de la pobreza se refieren a privación de satisfacción de necesidades, no sólo básicas sino reconocidas como indispensables en una sociedad organizada; a insuficiencia de medios de vida relativa a un patrón mínimo de ingreso real; a incapacidad para surgir por su propio esfuerzo (de los pobres) a situaciones normales de bienestar y seguridad; a discriminación y exclusión con respecto a la vida social participativa y al disfrute de bienes y servicios públicos generales; en cuanto a limitación de la vida natural por carencia de medios de defensa y protección.
El PNUD define la pobreza por el empobrecimiento en múltiples dimensiones, como ha sido mencionado; un modo calificado de apreciar el fenómeno -que es flagelo endémico- es en términos de desarrollo humano, cuyo índice (IDH) es un promedio simple de varios indicadores: el de esperanza de vida al nacer, el de producto bruto interno por habitante y el de nivel educacional. En particular el índice de Pobreza Humana (IPH) para países que procuran desarrollarse resulta de la combinación de los indicadores siguientes: longevidad (una manera de tener en cuenta la esperanza de vida al nacer), analfabetismo de adultos, nivel de vida; este último, a su vez, se compone de: a) acceso al agua potable; b) acceso a los servicios generales de salud; c) insuficiencia de peso en niños hasta de cinco años; el promedio de los componentes mencionados últimamente determina el nivel de vida; así:
NV = P3a + P3b + P3c
___________________
3
P3 es el nivel de vida (NV). El IPH se formula como sigue:
1PH1 = [1/3 (P1 + P2 + P3] 1/3
Símbolos: 1/3 es un coeficiente de ponderación; P1 es el indicador de longevidad; P2 es el indicador de analfabetismo; P3 es el indicador de nivel de vidas.
Este índice refleja la distribución del progreso y mide el rezago de privación que existe en una colectividad (regional o nacional).
La población que vive por debajo de la línea de pobreza -que se fija a nivel de 50% del equivalente a la mediana del ingreso familiar disponible- en países seleccionados es la siguiente:
_________________________________________________
País
Año de Observación
%
del total
Estados Unidos
1997
Italia
1995
Australia
1994
Canadá
1994
Reino Unido
1993
17
13
12
11
11
_________________________________
Fuente: PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2000. Los países incluidos en el cuadro
son calificados como desarrollados.
TIPOS DE POBREZA
Se consideran tres tipos de pobreza, según su persistencia: estructural, coyuntural y accidental o eventual. El primer tipo afecta por largos períodos a determinados grupos de población, cuya aptitud para superar la pobreza es muy débil y existe una tendencia a la pasividad, la laxitud personal y familiar, la reproducción ampliada de la pobreza y la minusvalía económica se transmite de generación a generación. El segundo tipo puede afectar a la población más vulnerable socioeconómicamente en períodos de recesión económica profunda y relativamente prolongada; podría considerarse un subtipo que correspondería a un sector de la población habituada a niveles medianos de vida (pequeña clase media, en términos convencionales) que pierde transitoriamente su estado socioeconómico, pero tiende a recuperarlo cuando la coyuntura les favorece. El tercer tipo puede manifestarse en razón de circunstancias emergentes, que ocasionan pérdidas considerables de patrimonio y bienestar (damnificados por desastres naturales o conmoción civil).
La pobreza estructural puede apreciarse por algunos indicadores, tales como: hogares con viviendas insalubles e inseguras, en las cuales la escasez de espacio da lugar a hacinamiento crítico (más de 3 personas por habitación); niños en edad escolar que no asisten a la escuela; alta dependencia económica (más de 3 personas por trabajador remunerado) cuyo jefe de hogar no ha alcanzado el tercer grado de educación primaria; en los casos en que está ausente el progenitor y la madre debe hacer frente a las necesidades de la familia, la pobreza se acentúa.
El Banco Mundial define como brecha de ingreso el monto de la transferencia necesaria para aumentar el ingreso familiar a la línea superior de pobreza, definida a su vez como la cobertura del costo de una cesta básica de consumo normativo, que incluye los bienes y servicios indispensables para sostener un nivel de vida elemental, según el grado de progreso social alcanzado en la comunidad considerada.
Un índice significativo de privación absoluta se compone del índice de incidencia de la pobreza (IP), la brecha de ingreso (YB) con respecto a la línea de pobreza (IP) y la distribución del ingreso entre la población pobre; así:
IPA = IP. YB
(1)
YB = Y/I
(2)
IP = Nc / N
100 (3)
Símbolos: IPA, índice de privación absoluta; IP índice de incidencia de la pobreza; Nc, población con insuficiencia de consumo básico; N, número total de la población.
POBREZA Y DERECHOS HUMANOS
"La erradicación de la pobreza constituye una tarea importante de los derechos humanos en el siglo XXI (…). Unos 90 millones de niños no asisten a la escuela primaria (en el Mundo, MZ). Unos 790 millones de personas tienen hambre e inseguridad alimentaria. Incluso en los países industrializados 12 millones viven con menos de un dólar diario y hay unos 8 millones de personas desnutridas. Solamente en los Estados Unidos unos 40 millones de personas no están amparadas por el seguro de salud y uno de cada 5 habitantes es funcionalmente analfabeto". Esta información muestra, en la palabra autorizada del PNUD, que la pobreza no se circunscribe al tercer mundo, sino que agobia también, de una ti otra manera, a poblaciones de países desarrollados. Muestra igualmente que la igualdad socioeconómica -inclusive en grado relativo -no existe en el mundo. En el mismo informe del PNUD (p.6) se expresa: "Las desigualdades de ingreso a escala mundial aumentaron en el siglo XX en órdenes de magnitud sin precedentes, en lo anteriormente experimentado. La diferencia entre el ingreso de los países más ricos y el de los países más pobres era de alrededor de 3 a 1 en 1820, de 35 a 1 en 1950, de 44 a 1 en 1973 y de 72 a 1 en 1992".
En la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, se hizo una Declaración en la que se afirma que la extrema pobreza y la exclusión social constituyen un atentado contra la dignidad humana. La pobreza extrema o crítica es una situación en la que no se pueden satisfacer las necesidades de subsistencia y por ello se abrevia la vida, proliferan las enfermedades de la carencia vital y aumenta el potencial de violencia social que se genera en las sociedades profundamente injustas.
El desarrollo humano es un paradigma de la evolución de las naciones -y de la humanidad como un todo- hacia estadios superiores de bienestar, equilibrio, libertad, seguridad, plenitud de la existencia como derecho efectivo de todos los seres humanos. Implica no sólo la obtención regular de un ingreso real suficiente para atender las necesidades de un nivel y calidad de vida satisfactorios, sino también la igualdad de oportunidades de ascenso cultural, de ejercicio de derechos y garantías institucionales en lo civil, político, social, jurídico en general, la unidad familiar estable, la solidaridad social, la no discriminación por motivos de raza, sexo, nacionalidad o religión, entre otros aspectos. Si se aplican estos criterios al estado actual de las naciones, el paradigma no sería alcanzado ni aún por los países más adelantados; sólo hay aproximaciones: los que están a la cabeza del desarrollo humano. En este sentido Chile, por ejemplo, tiene un mayor desarrollo humano que Portugal, Hungría, China y Polonia, entre otros; Venezuela está mejor colocada que Rusia, Polonia, Egipto, Tailandia y Filipinas.
En la medida que la humanidad progresa -desigualmente, por supuesto- el desarrollo humano como paradigma se eleva. La variación positiva de los componentes de este índice es diferencial: es posible que la economía mejore más que las instituciones y que la libertad quede rezagada, así como otros valores humanos, pero es también posible que éstos mejoren más que la economía, ya que no existe una correlación precisa entre esas variaciones. En promedio, sin embargo, la humanidad avanza sin duda alguna.
Ha sido sostenida la tesis -con persistencia digna de mejor causa- de que un factor principal del fenómeno de la pobreza es el crecimiento elevado de la población, que se ha dado en llamar explosión demográfica. En verdad, aumenta más la población de los países subdesarrollados -con algunas excepciones- que la de los desarrollados. En la década de los 70 la tasa de crecimiento del conjunto de países desarrollados fue de 0,8% en promedio anual (ver el cuadro A-3 de este libro) y en la de los 90 fue de 0,6%, es decir, hay una tendencia en esos países a un menor crecimiento de la población; mientras que en los países en desarrollo, tomados en conjuntos, la tasa demográfica en la década de los 70 fue de 2,2% en promedio anual y en la de los 90 fue de 1,8%; se observa que en ambos grupos de países el crecimiento de la población tiende a disminuir; en el mundo como un todo, la tasa demográfica media anual pasó de 1,9% al, 1 % entre las décadas consideradas. Por otra parte, la tasa de aumento del producto nacional bruto (pNB) del primer conjunto de países bajó de un promedio anual de 3,2% en la década de los 70 a uno de 2,4% en la de los 90, por lo que el PNB por habitante de esos países descendió de 2,4% a 1,5% en promedio anual en las décadas comparadas. El PNB del conjunto "en desarrollo" disminuyó de 5,3% a 3,5% entre esos períodos, por lo que su PNB por habitante descendió de 3,1% a 2,1%. El PNB global del mundo se contrajo de 3,8% a 2,7% y el PNB por habitante de 1,9% a 1,3%, en los períodos observados.
A la luz de las cifras anteriores es conveniente observar que las tasas de variación fueron positivas, sólo que el ritmo de aumento tendió a disminuir. El hecho de que el nivel de las tasas de variación del PNB haya sido mayor en el conjunto de los países en desarrollo que en los desarrollados, no puede ocultar que la desigualdad de ingresos entre esas categorías de países no sólo es muy amplia sino que tiende a ampliarse más aún. En el gráfico N° C-l se muestra que en 1960 los 20 países más ricos tenían en promedio un PBI por habitante de alrededor de US$ 8.000; y los 20 países más pobres de alrededor de US$ 2.000; en 1995 el primer grupo de países obtenía un ingreso por habitante de US$ 20.000, en tanto que los más pobres sólo mejoraron su ingreso en US$ 400.
Por supuesto la brecha global entre las categorías de países consideradas es menor que entre los extremos, pero la situación es de desigualdad en términos dramáticos.
La tendencia demográfica mundial es claramente hacia el descenso del crecimiento, mucho más acentuada en e1 sector desarrollado que en el subdesarrollado. También se observa -con diferencias entre países una tendencia al menor crecimiento económico, desigualmente distribuido. En la dimensión mundial la lentitud del movimiento demográfico no ha sido un factor de fortalecimiento del crecimiento, ni aún el del promedio por habitante. Es evidente que otros factores inciden en esas tendencias. Lo que sí hay que destacar es que la pobreza no sólo sigue existiendo, sino que se agrava, no obstante el menor ritmo demográfico, como se ha puesto de manifiesto en estadísticas internacionales citadas en otras partes de esta obra; sin embargo, las instituciones multilaterales oficiales persisten en sostener que el crecimiento económico per se es "un factor crucial para la generación de oportunidades para el mejoramiento de la pobreza, como también para la pauta o calidad del crecimiento". Lo sería, desde luego, si el crecimiento fuera equitativo, no sólo a nivel internacional sino también dentro de los países.
CRECIMIENTO ECONÓMICO Y POBREZA
Otra tesis consecuentemente sostenida en medios institucionales internacionales y nacionales, públicos y privados, es que un crecimiento económico sostenido por sí mismo favorece la reducción de la pobreza: es conocido este argumento como "del derrame", es decir, que de algún modo, aunque no se realicen políticas deliberadas de abatimiento de la pobreza, el crecimiento de la riqueza nacional -expresado convencionalmente por el PNB por habitante- crea el escenario propicio para el aumento general del bienestar. En verdad, si mejorara, simultáneamente con el crecimiento, la distribución del ingreso -factorial, familiar, personal-la afirmación mencionada sería admisible; pero si el producto por habitante aumenta sin que el patrón distributivo se modifique, la situación relativa de los diferentes grupos sociales no se altera y la franja de pobreza sigue ocupando el mismo espacio. Desde luego, hay que reconocer que un crecimiento económico sostenido en términos reales favorece el aumento del empleo de fuerza de trabajo, abstracción hecha de los efectos depresivos del adelanto tecnológico en la demanda de dicho factor, así como también el mejoramiento de los salarios reales y de las condiciones laborales; pero la proporción de trabajadores asalariados en la población total no corresponde a la totalidad de la población cuyos ingresos dependen de su trabajo, ya que la marginalidad y la informalidad laboral son fenómenos existentes en casi todos los países, particularmente en los subdesarrollados. Por tanto, hay que insistir en que el crecimiento sostenido del producto debe ser acompañado por una mejor distribución del ingreso y por políticas sociales concretamente dirigidas a combatir la pobreza, especialmente la definida como extrema o crítica.
En América Latina, particularmente, el crecimiento económico en la década de los 90 promedió anualmente 3,3%, en comparación con 1,3% en la década anterior, calificada como "perdida" por la CEPAL. Para alcanzar a los países desarrollados, suponiendo que el crecimiento de éstos sea muy pequeño, América Latina requiere crecer a una tasa de 3% anual durante un siglo, una expectativa realmente defraudante. En la región latinoamericana 170 millones de habitantes, uno de cada 3, viven con menos de US$ 2 diarios. En la década de los 90 la productividad media ponderada declinó a razón de 0,6% anual, mientras que en los países desarrollados aumentó un 0,6%, indicadores contrapuestos. Si la erradicación de la pobreza depende exclusivamente del crecimiento económico, la perspectiva es que en el futuro previsible habrá pobreza en proporción significativa.
La pobreza es un obstáculo al crecimiento económico, por varias razones: en primer lugar, porque los pobres no demandan bienes y servicios que no sean los de primera necesidad y, por tanto, no son factores de expansión ni de profundización del mercado; en segundo lugar, porque su aptitud para el trabajo está afectada por las deplorables condiciones de salud y la baja preparación educativa; en tercer lugar, porque exigen la aplicación de gastos sociales que se retraen de los que se aplican a la inversión; sin embargo, puede decirse que el gasto social en mejoramiento de la pobreza constituye una especie de inversión, inclusive reproductiva, pues contribuyen a la generación o regeneración del factor humano, que es el elemento fundamental del crecimiento económico; por último, y no menos importante, la pobreza afecta al equilibrio social que es una condición significativa del quehacer económico en cuanto es la expresión más caracterizada de la estabilidad.
LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO Y LA POBREZA
En el cuadro B-l se muestran algunos indicadores de distribución del ingreso en países seleccionados. Se consideran grupos de población cuya participación en el ingreso nacional se expresa en un porcentaje: 10% - 20% inferiores son los peor situados en la escala distributiva; 10% - 20% superiores son los mejor colocados en esa escala. Por ejemplo, en Alemania el 10% inferior percibe el 3,3% del ingreso y el 20% superior el 38,5%; en Bolivia, el 10% inferior percibe el 2,3% mientras que el 20% superior se beneficia con el 48%; Estados Unidos, que se sitúa en la cúspide del desarrollo económico, el 10% inferior apenas percibe ell ,8% del ingreso, en tanto que el 20% superior obtiene el 46%; en Venezuela, el 20% inferior percibe el 3,7% del ingreso y e120% superior obtiene eI 53%. En todos los países seleccionados -desarrollados o en desarrollo- la distribución del ingreso no es equitativa, situación menos desfavorable en algunos países desarrollados.
En otros términos, a fines del siglo XX la riqueza agregada de 200 personas consideradas supermillonarias ascendía a US$ 1 billón 135,000 millones, en tanto que casi 600 millones de seres humanos tenían un ingreso agregado de sólo US$ 146.000 millones. La riqueza de algunos personajes supera, individualmente considerada, al PBI de numerosos países pobres.
Tanto en medios académicos como económicos y políticos se sostiene la tesis de que más importante que la distribución del ingreso es el crecimiento de éste; aún si el patrón distributivo no cambia -se dice- el aumento de lo que se distribuye permite mejorar la situación de la mayoría; sin embargo, siempre habrá franjas de pobreza crítica a pesar de las elevadas tasas de crecimiento económico. El mercado libre no es un buen distribuidor del ingreso, sobre todo si no es tan libre y está afectado por situaciones monopolísticas u oligopolistas. Por otra parte, si el crecimiento económico es de tal índole que desplaza relativamente fuerza de trabajo de menor calificación en razón de la incorporación de procedimientos productivos intensivos en medios tecnológicos avanzados, el desempleo aumenta por ese motivo y muchos trabajadores se ven obligados a refugiarse en ocupaciones informales. Es conocida, y generalmente aceptada como hecho normal de la vida económica, la categoría del desempleo estructural o "natural", una proporción irreductible de desempleo aún en fases de coyuntura expansiva (de alrededor de 3 ó 4 % de la población activa que está en disposición de emplearse). El mercado por su propio funcionamiento no genera factores favorables a una mejor distribución del ingreso y es indispensable la actuación del Estado para atenuar las consecuencias regresivas de la dinámica mercantil.
Un aspecto importante de la distribución del ingreso -que generalmente no se toma en cuenta o es subestimado- es el acceso de la población al disfrute de servicios sociales o públicos y obras de infraestructura: vialidad, sanidad, protección policial, recreación, cultura, entre otros. Estos servicios y obras, provistos en su mayor parte por el Estado, se distribuyen de tal manera que, por lo general, benefician a los sectores más favorecidos de la población por su comunicación con los centros de poder gubernamental, por no decir poder de presión e influencia, mientras que los sectores pobres, marginados y excluidos, carecen de esas oportunidades.
REFORMAS Y METAS PROPUESTAS POR ORGANISMOS MULTILATERALES
Las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones multilaterales, conscientes de la magnitud y la gravedad del problema de la pobreza y de sus peligros para la seguridad mundial, han postulado en diferentes oportunidades durante los últimos años la necesidad de luchar contra ese flagelo, elevándola a una alta prioridad en sus actividades y propósitos. En tal sentido, no sólo han auspiciado o promovido eventos internacionales centrados en el combate a la pobreza, sino que se han propuesto y han fijado objetivos y metas para reducir la dimensión del fenómeno y modificar sus perfiles más agudos. Así mismo, han creado programas y servicios para prestar asistencia financiera, institucional y técnica condicionada a reformas múltiples, calificadas como estructurales, en los países donde la pobreza es más grave, con participación de gobiernos y de instituciones de la sociedad civil, para generar cambios favorables a la reducción de aquel problema. Para algunos organismos -como el FMI y el Banco Mundial- esta conducta implica una modificación de sus criterios de ajuste a desequilibrios macroeconómicos y de promoción del crecimiento económico, dada la experiencia dramática que han recogido de la aplicación de sus condiciones de asistencia monetaria y financiera en circunstancias en que países en desarrollo han confrontado tales desajustes.
Entre las metas propuestas por las Naciones Unidas para el período 2000-2015 están las siguientes: a) reducir a la mitad la proporción de personas que viven en situación de pobreza extrema (con menos de US$ 1 diario); 2) rebajar en 2/3 la tasa de mortalidad infantil; 3) asegurar el acceso universal a los servicios de salud reproductiva (atención a la madre y al niño en los países en desarrollo); 4) aplicar estrategias nacionales para lograr un desarrollo sostenible en todos los países para el 2005. Al efecto se menciona que la prestación de servicios básicos en los países en desarrollo tiene un costo global de alrededor de US$ 80 millardos anuales.
Por su parte, el FMI y el Banco Mundial decidieron, conjuntamente, basar el alivio de la deuda de los gobiernos de países subdesarrollados con esas instituciones y el financiamiento concesionario (fondos especiales de asistencia) en los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza preparados por los gobiernos de países de bajos ingresos.
El Banco Mundial ha adoptado como lema: "Nuestro sueño, un mundo sin pobreza".
Los documentos mencionados, Documentos de Estrategia de Lucha contra la Pobreza (DELP) son una guía para centrar mejor las políticas públicas en el objetivo de referencia. Estos documentos no representan sólo compromisos gubernamentales, ya que incorporan la participación de comunidades locales, organismos no gubernamentales, sindicatos, organizaciones religiosas Y otras instituciones privadas de los países afectados. Los DELP exponen cuatro elementos principales: 1) proceso participativo; 2) diagnóstico de la pobreza; 3) objetivos, indicadores y sistemas de supervisión basados en el diagnóstico, 4) gestiones públicas prioritarias para lograr los objetivos y metas.
En 1999, el FMI previó la posibilidad de introducir cambios en sus operaciones monetarias y financieras, particularmente en los préstamos concesionarios, al establecer el Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (SRAE); estos préstamos pasaron de US$ 1.000 millones el 2000 a US $ 2.700 millones el 2001; para el 2002 se reducen a US$ 2.000 millones, con 40 países beneficiarios.
Estos préstamos están sujetos a la realización de medidas y reformas en la lucha contra la pobreza: el aumento de la proporción del gasto social en el PBI del país beneficiario, mejor administración del gasto público y en particular del gasto social, reformas estructurales: desarrollo del sector privado, intensificación de la inversión extranjera directa, competitividad y productividad laboral, en suma fomento de la economía de mercado. Nada nuevo bajo el sol.
Las contingencias coyunturales o accidentales padecidas por los países en desarrollo pueden afectar seriamente la lucha contra la pobreza; el ajuste consiste, entre otras medidas emergentes, en la reducción del gasto público, ante lo cual el FMI, recomienda no afectar a los programas sociales que beneficien a los pobres. Al respecto, cabe la advertencia de que la propia reducción del gasto público afecta a los pobres. Expertos del FMI observan: "Existe margen para programas permanentes, capaces de responder sin demora a las crisis de ingreso (fiscal) y similares que afectan a los pobres. Sin embargo, los mismos autores señalan que "el hecho de que los no pobres estén atendidos demuestra que la protección diferencial (a favor de los pobres, MZ) es posible.
Otras recomendaciones frente a contingencias fiscales son las siguientes: a) exención del IVA para productos básicos de consumo; b) indemnización por despidos; c) mayores prestaciones sociales para compensar alzas de precios de los servicios públicos; d) abastecimiento gratuito de electricidad (yagua, MZ) a los pobres.
No sólo se trazan objetivos multinacionales para el período 20002015, como los mencionados, sino para todo el milenio (!) actual: erradicar el hambre y la pobreza extrema, lograr la enseñanza primaria universal, reducir la mortalidad infantil, igualdad entre los sexos ante oportunidades socioeconómicas.
Para alcanzar estos objetivos no debe requerirse un milenio, ni siguiera un siglo; con voluntad del poder mundial (una realidad existente y persistente) es posible lograr esos objetivos en menos de medio siglo.
No es del caso examinar en profundidad en este ensayo los alcances y las retricciones de la normativa que los organismos multilaterales -notablemente el FMI y el Banco Mundial- imponen a los países que ocurren a ellos en demanda de asistencia financiera, o de respaldo institucional, para afrontar situaciones difíciles de balanza de pagos o insuficiencia de recursos públicos para sostener el crecimiento económico y el nivel de bienestar social existente. Las imposiciones son bastantes duras y hasta drásticas en algunos casos, pues ambas instituciones procuran preservar o restablecer la capacidad de pago del servicio de la deuda externa de los países afectados. Entre esas normas -que se presentan como de establecimiento voluntario o acordado en las respectivas Cartas de Intención, que son contratos unilaterales en verdad, están la del ajuste fiscal consistente en un aumento de la carga tributaria y parafiscal y una reducción del gasto público, una disciplina monetaria rigurosa para evitar excesos de liquidez "inorgánica", una liberación del comercio exterior, una mayor apertura a la inversión extranjera directa, una depreciación del tipo de cambio, un aumento de las tarifas de los servicios públicos y del precio de la gasolina y una contención de los salarios. El efecto global de la aplicación de ese programa de ajuste es una contracción del ingreso real en detrimento de la mayoría social, una redistribución regresiva del ingreso, un descenso del bienestar social y un aumento de la inconformidad popular, entre otros aspectos.
En otras palabras, el ajuste recae generalmente sobre los sectores más débiles o más vulnerables de la población y comportan, esencialmente, una pérdida de autonomía de los poderes públicos en su gestión conductora y administradora. Bien es verdad que, en principio, algunas de esas vías de ajuste son admisibles en circunstancias normales, pues implican una disciplina conveniente de las políticas públicas y su ejecución, pero la aplicación irrestricta, sin tener en cuenta las características de la economía y sin un diagnóstico real más allá de lo coyuntural, ha conducido, según la experiencia histórica, al deterioro de las condiciones de vida de los grupos sociales de menores ingresos y un favorecimiento relativo de la posición, ya privilegiada, de la minoría que detenta el poder económico real y concentra la riqueza.
La experiencia obtenida en diferentes países subdesarrollados -los desarrollados adoptan autónomamente otros medios y formas de ajuste ha inducido a los organismos multilaterales considerados a modificar no sólo el rigor de su normativa de ajuste sino también a recomendar -y en cierto modo a condicionar- la incorporación por parte de los países afectados de providencias socio económicas de alivio de los efectos más agudos del ajuste en los grupos sociales vulnerables, lo que constituye una panacea ante la crudeza de esos efectos. Por otra parte, cuando el FMI y el Banco Mundial recomiendan reformas en el funcionamiento de la economía y de la gestión pública, con el supuesto calificativo de estructurales, su propósito es el de fomentar y eliminar obstáculos para la economía libre de mercado, en cuyo trasfondo se evidencia la ideología neo liberal que sostiene que la causa de los des equilibrios macroeconómicos radica en la insuficiencia o la deficiencia de condiciones y medios para el desenvolvimiento de ese sistema.
LA DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DEL PODER
No obstante lo anterior es justo advertir que, por lo menos a nivel del estamento técnico y de las declaraciones generales contenidas en los documentos oficiales, los organismos multilaterales reconocen obstáculos verdaderamente estructurales al combate contra la pobreza y la inseguridad socioeconómica. Así, el Banco Mundial expresa lo siguiente: "En un mundo en que la distribución del poder político (y desde luego, el económico y mediático, MZ) es desigual y con frecuencia se asemeja a la distribución del poder económico, la forma en que funcionan las instituciones estatales puede ser particularmente desfavorable para la población pobre". Un autor, del estamento técnico del FMI, en artículo de su propia responsabilidad, que refleja sin duda la manera de apreciar la situación por parte de la institución a la que sirve, señala lo siguiente: "(...) cuando el poder de decisión está en manos de los no pobres en épocas normales, la disminución de la utilidad marginal de los fondos que reciben (de procedencia pública, MZ) podría apuntar a una reducción del gasto destinado a los pobres, cuando se contrae la economía" .
La realidad del poder -que no reside en los gobiernos, aunque éstos son expresiones más o menos voluntarias de los intereses que dominan en la sociedad- es que las medidas compensatorias que se adopten en beneficio de los pobres son tolerables en tanto no afecten sensiblemente su posición básica de dominio; no sólo son tolerables esas medidas sino que -cuando la cúpula del poder es consciente de la dinámica social- estima indispensable su implantación como una protección no represiva contra la inconformidad popular y para prevenir posibles explosiones masivas de descontento social.
VULNERABILIDAD, CRISIS FINANCIERA Y PADECIMIENTO DE LOS POBRES
Las economías "en desarrollo", dependientes de uno o dos productos primarios de exportación, están expuestas a las contingencias coyunturales o accidentales que ocurren en la economía mundial. Los efectos de esas contingencias se manifiestan en un descenso de los ingresos de exportación, que afecta a la balanza de pagos, al ingreso fiscal y a la actividad económica en general; además, se dificulta el financiamiento externo y la reducción de la capacidad para importar puede debilitar la solvencia del país hasta el punto de no poder cumplir con el servicio de la deuda externa. Por lo tanto, la economía entra en una fase recesiva, de contracción de la producción, el empleo y el ingreso y deterioro socioeconómico de la mayoría de la población. Los estratos más débiles y vulnerables, que de ordinario sufren por el bajo nivel de vida y las consecuencias de carencias vitales, pueden caer en situaciones de indigencia que obligan al Estado a prestarles mayor atención.
Una contingencia particular a la que están expuestas estas economías es la que consiste en crisis financiera, un fenómeno que en los últimos años ha aparecido con frecuencia; la particularidad estriba, además, en que las crisis financieras en su mayoría han surgido en las propias economías en desarrollo -la mexicana, la brasileña, la del sudeste asiático, la argentina, entre otras- y se han difundido a otras economías de la misma categoría, en lo que se ha dado a llamar "efecto contagio". Los organismos multi1atera1es no han generado dispositivos de prevención de esas crisis, menos aún modalidades específicas de asistencia financiera, por lo que se ha planteado la necesidad de reformas de esos organismos para adaptarlos a las nuevas situaciones. Una crítica a la organización y al funcionamiento de esas instituciones es que no han desarrollado sistemas preventivos y actúan cuando la crisis ha tomado fuerza y aún así con ineficiencia, apegados a sus fórmulas tradicionales. El caso más patético ha sido el argentino.
Expertos del FMI han escrito sobre este tema y se han planteado la cuestión: ¿Qué ocurre a los pobres cuando una contracción económica es causada por una crisis financiera? Ellos mencionan los efectos macroeconómicos de esa contingencia, tales como: desempleo, reducción de salarios reales, mayor informalidad ocupacional, depreciación monetaria, alteración de precios relativos (aumento de los precios de los bienes transables con respecto a los no transables), reducción del gasto público, inflación. Señalan también que las crisis financieras agravan la pobreza y empeoran la distribución del ingreso. ¿Qué hacer ante estas circunstancias?
Igualmente, el Banco Mundial hace notar el efecto pobreza de las contingencias no económicas (enfermedades, violencia, desastres naturales), dado que los pobres son altamente vulnerables ante esas calamidades que están fuera de su control, lo que intensifica su malestar, acentúa la pobreza y debilita la capacidad de negociación (si es que tienen alguna, MZ).
La responsabilidad principal es de los gobiernos de los países afectados por las crisis y las contingencias, pero también lo es de la llamada sociedad civil en cuanto a cooperación de programas emergentes de rescate de los sectores más golpeados de la población y de los gobiernos e instituciones internacionales (entonces, ¿para qué la pregonada globalización?); la reestructuración de los presupuestos gubernamentales para proporcionar mayores recursos a los programas de combate a la pobreza, aunque sea en detrimento de asignaciones de las cuales sean beneficiarias directa o indirectamente las capas sociales favorecidas, mejor administración de esos programas que incluye su mayor coordinación, mayores cargas tributarias sobre los sectores de más altos ingresos, entre las medidas de orden interno. Entre las internacionales pueden sugerirse las siguientes: condonación de la deuda pública de los países pobres, reestructuración de la deuda de los países de medianos ingresos en situación de subdesarrollo, creación de un fondo mundial de combate a la pobreza administrado por las Naciones Unidas con recursos provenientes de aportaciones obligatorias de los gobiernos de los países ricos y de impuestos multilaterales a transacciones financieras especulativas, preferencias no recíprocas por parte de esos mismos países para las mercancías exportables de los países "en desarrollo" y creación de fondos especiales de financiamiento emergente a los países afectados por las crisis financieras y su difusión pertenecientes al llamado Tercer Mundo, son algunas de las providencias que deben tomarse para enfrentar la situación de extrema vulnerabilidad de los pobres. Sin embargo, es necesario afirmar que tales medidas no son -o no serían- más que paliativos a un problema de grandes y crecientes dimensiones, como lo es la pobreza en el mundo, cuya solución radical exige cambios realmente estructurales tanto en el interior de los países como en las relaciones internacionales. Este problema mientras no sea resuelto niega los avances obtenidos en productividad, ciencia y tecnología y en potencial de riqueza.
El fenómeno de la inflación -un alza persistente y general de precios de bienes y servicios- ha agobiado al mundo en diferentes épocas, más a los países subdesarrollados que a los desarrollados. En años recientes ese fenómeno ha tendido a reducirse, aunque las tasas de variación de los precios al alza no han descendido por debajo de cierto nivel sobre cero. Salvo excepciones, puede decirse que la inflación no constituye un problema prioritario en la actualidad, aunque las presiones inflacionarias -factores subyacentes de desequilibrio s en los mercados- siempre están latentes y preocupan a los gobiernos ya las sociedades. Puede observarse que existe una relación, hasta cierto punto crítica, entre inflación y crecimiento económico, en el sentido de que si éste cobra impulso aquélla aumenta; las medidas que pueden tomarse para abatir la inflación -inscritas convencionalmente en el marco del monetarismo- tienen como consecuencia, por lo general, un debilitamiento del ritmo económico; así, entre inflación y crecimiento se sitúan las políticas de estabilización en el mundo de hoy.
La inflación es una distribuidora regresiva del ingreso, pues, por lo general, afecta desfavorablemente más a los sectores socioeconómicos de ingresos medianos y bajos, que varían poco o nada en el corto plazo, mientras los sectores que pueden variar los precios de los bienes y servicios que ofrecen obtienen ganancias adicionales. La inflación se registra con particular intensidad en la cesta alimentaria básica, lo que deteriora el ingreso real de los pobres y desmejora el nivel de vida elemental y su calidad.
Por ello, uno de los objetivos sensibles de la lucha contra la pobreza es el abatimiento de la inflación, sobre todo la que afecta al costo elemental de vida.
La depreciación cambiaria -pérdida del valor externo de la moneda nacional- es un efecto del desequilibrio de la balanza de pagos de un país, que se refleja en el déficit de sus cuentas de transacciones internacionales, por causas diferentes, algunas monetarias, fiscales y financieras, otras de la economía real. Un país que dependa mucho de la importación de bienes y servicios es afectado desfavorablemente por la depreciación cambiaria al elevarse el costo de las importaciones en términos de la moneda nacional, lo que aumenta los precios de la producción interna y refuerza las presiones inflacionarias. Es posible que la depreciación favorezca el poder de competencia de las exportaciones, pero si éstas sufren una caída de la demanda o un descenso de los precios en moneda extranjera, aquel beneficio puede reducirse o anularse. Lo que interesa destacar es que la depreciación cambiaria sobre todo si ocurre en una fase recesiva de la economía- empeora la distribución del ingreso con mayor consecuencia negativa en los sectores vulnerables. o desprotegidos de la población.
LA TRANSMISIÓN DE LA POBREZA
La pobreza no es estacionaria. Aumenta con los desequilibrios macroeconómicos y macrosociales y con la concentración del poder económico, político y cultural en grupos minoritarios de la sociedad. Los pobres están más expuestos a los riesgos de contingencia natural -desastres, calamidades- y económica: son vulnerables en grado mucho mayor que otros grupos sociales y están menos protegidos que ésos. Cuando el presupuesto público se reduce por insuficiencia de ingresos, los gastos de atención a la pobreza sufren un reajuste relativamente mayor que el de otras partidas del gasto: del servicio de la deuda pública, por ejemplo, aunque se recomienda por las instituciones internacionales y nacionales que se preserven los gastos sociales que benefician a los
pobres; pero éstos tiene escaso poder de opinión y de acceso a los medios de poder, salvo cuando los pobres elevan su inconformidad hasta niveles de conflicto público y de violencia masiva.
La pobreza tiende a perpetuarse y a multiplicarse. Se transmite verticalmente, por generaciones, de padres a hijos, aunque exista la voluntad individual o familiar de emerger de la pobreza a través de la educación, entre otros medios, lo que permite -ceteris paribus- mejorar los perfiles ocupacionales y culturales. También se transmite horizontalmente, pues en ambientes sociales de pobreza se forman más pobres, por un efecto multiplicador perverso. La formación de barrios marginales, precarios, inseguros, insalubres, frecuentemente resulta de la acción colectiva; o si en alguna zona periférica de las ciudades se levanta un rancho, este sirve de pionero para el levantamiento de otros ranchos hasta formar un conjunto, que se autodefiende para subsistir. A veces estos conjuntos "residenciales" se consolidan mediante la dotación de servicios básicos (agua, electricidad, transporte, y mejora la calidad de las construcciones. El efecto demostración también actúa en la extensión y profundización de la pobreza.
¿CUÁLES VENTAJAS COMPARATIVAS TIENEN LOS PAÍSES POBRES?
En principio, los países del llamado Tercer Mundo -el del subdesarrollo- deben tener amplios y ricos recursos naturales, sobre todo tierras aptas para la agricultura, bosques explotables, minas y yacimientos de hidrocarburos, entre otros. El aprovechamiento de estos recursos debería asegurarles a sus pobladores un ingreso real suficiente para un nivel de vida satisfactorio. Sin embargo, no es así, en buena medida. Las tierras más fértiles o mejor cultivadas están situadas en los países desarrollados. La producción de alimentos por habitante se ha convertido en una ventaja comparativa de los países desarrollados, de tal manera que éstos, no sólo cubren con su producción la mayor parte de sus necesidades de alimentos, sino que exportan excedentes agrícolas considerables, salvo los productos que se califican como tropicales: café, cacao, azúcar de caña, bananas, papas, tabaco, algunas frutas y leguminosas, entre otros. A pesar de la alta productividad agrícola de la mayoría de los países desarrollados, éstos subsidian de diferentes modos a sus agricultores y protegen su producción. En la estructura productiva, los países "en desarrollo" tienen coeficientes relativamente elevados del sector primario con respecto al total, pero, con excepciones, su productividad es baja, con el agravante de que una proporción aún elevada de la población vive y trabaja, o depende del campo. En el afán de diversificar la producción para evitar la concentración primaria en uno o dos productos exportables, estos países han procurado industrializarse con variado éxito. Hay que advertir al respecto que las corporaciones transnacionales aprovechan las oportunidades de industrialización de los países subdesarrollados con rezago o en asociación de los empresarios nacionales. En todo caso, en un mundo que tiende a la globalización las ventajas son obtenidas y mantenidas por los desarrollados y aún así recurren a medidas proteccionistas para favorecer a sus manufacturas menos eficientes.
En materia de hidrocarburos al parecer la naturaleza quiso favorecer a los países del Tercer Mundo, donde se ubican los yacimientos mayores. Los hidrocarburos constituyen bienes de alta demanda mundial y los países que poseen esos recursos deberían haber ascendido a los rangos de la riqueza: no obstante, las fluctuaciones de los precios de los hidrocarburos, en parte dependientes de la coyuntura económica de los países desarrollados, y la administración ineficiente de los ingresos petroleros han impedido que los pueblos de los países propietarios de esos recursos naturales se beneficien equitativamente de tales ingresos, los cuales se concentran en su mayor proporción en grupos favorecidos minoritarios.
NOTAS FINALES, AUNQUE NO EXHAUTIVAS
Una cuestión fundamental que se plantea es la de si la pobreza es consustancial con las sociedades humanas. La respuesta tiene que ser negativa. Existe suficiente potencial en el mundo actual como para proveer con creces las necesidades globales de la humanidad; lo que ocurre es que ese potencial productivo está desigualmente distribuido entre los países, por una parte, y los procesos de intercambio económico internacional tienden a favorecer más aún esa desproporcionada distribución. No existe lo que se llama la solidaridad o la cooperación entre las naciones: sólo intereses. Al efecto hay que plantear otra cuestión: ¿la pobreza es una limitante del desarrollo de los países ricos o es un riesgo de seguridad para ellos? La experiencia histórica niega la primera cuestión; pero el riesgo de los países desarrollados en cuanto a la pobreza interna y extrema es considerable y cada vez más evidente.
Los recursos comprometidos en el mundo en sostenimiento de fuerzas armadas y en equipos militares son verdaderamente significativos. En términos de población bajo servicio militar la situación es sorprendente: casi veinte millones de personas, de los cuales trece millones están en países subdesarrollados. El tráfico internacional de armas es un renglón importante del comercio internacional (ver cuadro B-7), siendo Estados Unidos y Rusia los mayores exportadores. Una proporción apreciable de los presupuestos gubernamentales de la mayoría de los países se aplica a gastos militares bajo el calificativo de defensa. Entre las vertientes del adelanto tecnológico figura la motivada y que se destina a aumentar el poderío militar. Hay que preguntarse si todos estos recursos, esfuerzos e innovaciones se aplicaran a desarrollar al sector del mundo que padece pobreza e insuficiencia económica ¡cuánto ganaría la causa de la paz!
La distribución de la pobreza -como de la riqueza en el mundo- es desigual y parece que seguirá siendo desigual en el futuro previsible. En el cuadro B-4 se muestran indicadores de pobreza por regiones, aplicando dos criterios: el del umbral de la pobreza, definido como la disponibilidad de dólares por día y por habitante para determinadas proporciones de la población (entre uno y dos dólares) y el porcentaje de la población que consume sólo un tercio o menos del consumo nacional medio. El total mundial de pobres en el umbral así definido es de 28,6% y el del infraconsumo es de 32%. Asia Meriodional y Oriental tienen los indicadores más desfavorables en cuanto al primer criterio, y África Subsahariana y América Latina y el Caribe la tienen para el segundo criterio. Europa casi no tiene pobreza según el primer criterio pero tiene 26% según el otro criterio.
En todo caso la pobreza es desigual en el mundo. El tema de la pobreza -preocupación convencional de gobiernos e instituciones de países ricoscontinuará siendo una expresión dramática de la realidad, más allá de cifras y declaraciones.
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Boff, L. (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. Urgencia de un ethos mundial. España. Editorial Trotta. S. A. Pp. 13 – 18.
EL ETHOS MUNDIAL QUE NECESITAMOS
Son tres los problemas que suscitan la urgencia de una ética mundial: la crisis social, la crisis del sistema de trabajo y la crisis ecológica. Todas estas crisis son de dimensiones planetarias.
1. Problemas globales – soluciones globales
En primer lugar, la crisis social. Sus indicadores son evidentes y no hay necesidad de exponerlos. El cambio de naturaleza en la actividad tecnológica, mediante la robotización y la informatización, ha favorecido una fantástica producción de riquezas. Riquezas de la que se apropian, de forma altamente desigual, grandes corporaciones transnacionales y mundiales que vienen a ahondar más aún el abismo existente entre ricos y pobres. Esa acumulación es injusta, porque está pésimamente distribuida. Los niveles de solidaridad entre los humanos han retrocedido a los tiempos de la barbarie más cruel.
Este hecho despierta un fantasma aterrador: la posible bifurcación dentro de la especie humana. Por un lado, se configura un tipo de humanidad opulenta, situada en los países centrales, que controla los procesos científico-técnicos, económicos y políticos y en el oasis de los países periféricos, en la que viven las clases privilegiadas. Todos ellos se benefician de los avances científico-técnicos, de la biogenética, de la manipulación de los recursos naturales y viven en sus refugios cerca de 120 ó 130 años, tiempo biológico de nuestras células. Por otro lado, está la vieja humanidad, que vive con la presión de mantener un status de consumo razonable o simplemente en la pobreza, en la marginación o en la exclusión. Éstos, los desheredados y excluidos, viven como siempre ha vivido la humanidad y alcanzan, como mucho, un promedio de 60 – 70 años de expectativa de vida.
En segundo lugar, la crisis del sistema de trabajo: las nuevas formas de producción, cada vez más automatizadas, prescinden del trabajo humano; en su lugar, entra la máquina inteligente. De este modo se destruyen puestos de trabajo y se hacen innecesarios los trabajadores, creando un inmenso ejército de excluidos en todas las sociedades mundiales.
Esta transformación, en la propia naturaleza del proceso tecnológico, exige un nuevo patrón civilizatorio. Habrá desarrollo sin trabajo. La cuestión principal ya no será el trabajo, que en el futuro, podrá ser el lujo de algunos, sino el ocio. ¿Cómo pasar de una sociedad de pleno empleo a una sociedad de plena actividad que garantice la subsistencia individual? ¿Cómo conseguir que el ocio sea creativo, que realice las virtualidades humanas? Liberado del régimen asalariado, a que fue sometido por la sociedad productivista moderna, especialmente la capitalista, el trabajo volverá a su naturaleza original: la actividad creadora del ser humano, la acción plasmadora de lo real, el demiurgo que convertirá los sueños y las virtualidades presentes en los seres humanos en acciones sorprendentes y en obras que expresarán lo que es y lo que puede la creatividad humana ¿Estamos preparados para este salto cualitativo encaminado a la plena expresión humana?
En tercer lugar, emerge la crisis ecológica. Los escenarios son también ampliamente conocidos, difundidos no sólo por reconocidos institutos de investigación que se preocupan por el estado global de la Tierra, sino también por la misma Cruz Roja Internacional y por diversos organismos de la ONU. En las últimas décadas, hemos construido el principio de autodestrucción. La actividad humana, irresponsable ante la máquina de muerte que ha creado, puede ocasionar daños irreparables en la biosfera y destruir las condiciones de vida de los seres humanos. En una palabra, vivimos bajo una grave amenaza de desequilibrio ecológico, que puede afectar a la tierra como sistema integrador de sistemas. La Tierra es como un corazón. Gravemente lesionado, el resto de los organismos vitales se verán afectados: los climas, aguas potables, la química de los suelos, los microorganismos y las sociedades humanas. La sustentabilidad del planeta, tejida por miles de millones de años de trabajo cósmico, puede verse desbaratada. La Tierra buscará un nuevo equilibrio que, seguramente, traerá consigo una inmensa devastación de vidas. Este principio de autodestrucción invoca urgentemente otro, el principio de corresponsabilidad que deriva de nuestra existencia como especie y como planeta. Si queremos continuar la aventura terrenal y cósmica, tenemos que tomar decisiones colectivas que estén ordenadas a la salvaguarda de la creación y al mantenimiento de las condiciones generales que permitan a la evolución seguir su curso, todavía abierto.
2. La revolución posible en tiempos de globalización
La causa principal de la crisis social está vinculada al modo en que las sociedades modernas se organizan en cuanto al acceso, la producción y la distribución de los bienes naturales y culturales. Este modo es profundamente desigual, porque privilegia a las minorías que detentan el tener, el poder y el saber frente a las grandes mayorías que viven del trabajo; en nombre de tales títulos, se apropian de manera privada de los bienes producidos por el esfuerzo de todos. Los vínculos de solidaridad y de cooperación no son axiales, sino que el eje lo constituyen la actividad individual y la competitividad, creadoras permanentes de la segregación social de millones y millones de marginados, de excluidos y víctimas.
La raíz de la alarma ecológica reside en el tipo de relación que los humanos han mantenido, en los últimos siglos, con la Tierra y con sus recursos: una relación de dominio, de no reconocimiento de su alteridad y de falta del cuidado necesario y del respeto imprescindible que exige toda alteridad. El proyecto científico-tecnológico, con las características que hoy posee, sólo ha sido posible porque existía subyacente la voluntad de poder y de estar sobre la naturaleza y no junto a ella y porque se ha destruido la conciencia de una gran comunidad biótica, terrenal y cósmica, en la que se encuentra inserto el ser humano, junto con los demás seres.
Esta constatación no representa una actitud oscurantista frente al saber científico-técnico y de la forma que ha sido apropiado en el seno de un proyecto de dominium mundi. Este proyecto implica la destrucción de la alianza de convivencia armónica entre los seres humanos y la naturaleza, a favor de intereses exclusivamente utilitarista y escasamente solidarios. No se ha tenido en cuenta la subjetividad, la autonomía y la alteridad de los seres y de la propia naturaleza.
No obstante, es importante reconocer que el proyecto científico-tecnológico ha aportado innumerables comodidades para la existencia humana. Nos ha llevado hasta el espacio exterior, creando la posibilidad de supervivencia de la especie homo sapiens/demens en caso de una eventual catástrofe antropológica. Ha universalizado formas de mejora de vida (en la salud, vivienda, transporte, comunicaciones, etc.) como nunca antes se había producido en la historia humana. Por tanto, ha desempeñado una función liberadora inestimable. Hoy, sin embargo, la prolongación de este tipo de apropiación utilitarista y antiecológica puede alcanzar límites infranqueables y, por tanto, desastrosos. De hecho, para conservar el patrimonio natural y cultural acumulado tenemos que cambiar. Si no cambiamos de paradigma civilizatorio, si no reinventamos unas relaciones más benéficas y sinérgicas con la naturaleza y de mayor colaboración entre los diversos pueblos, culturas y religiones, difícilmente podremos mantener la sustentabilidad necesaria para realizar el proyecto humano, abierto al futuro y al infinito.
Para resolver estos tres problemas globales, en realidad, se debería hacer una revolución también global. Sin embargo, en nuestra opinión, el tiempo de las revoluciones clásicas, las que se han producido y que conocemos, pertenece a otro tipo de historia, caracterizada por las culturas regionales y por los estados-nación. Para la revolución global aludida, sería necesaria una ideología revolucionaria global, con unos líderes sociales globales que estuvieran articulados de tal modo y que tuvieran tal cohesión y tanto poder, que fueran capaces de imponerse a todos. Ahora bien, esta situación ni se da ni, posiblemente, se dará en un futuro próximo. Los problemas piden a gritos un encauzamiento, pues sin él podemos ir al encuentro de lo peor.
La solución que muchos analistas proponen y que nosotros asumimos ─y que constituye la razón de nuestro texto─ es encontrar un nuevo fundamento para el cambio necesario. Este fundamento debería descansar en algo que fuera realmente común y global, de fácil comprensión y realmente viable. Partimos de la hipótesis de que ese fundamento debería ser ético, una ética mínima a partir de la cual se abrirían posibilidades de solución y de salvación de la Tierra, de la humanidad y de los desempleados estructurales.
Acertadamente lo reconoció el exgobernador de Brasilia, el pedagogo y economista Cristovam Buarque: «El programa de erradicación de la pobreza no será resultado de una evolución social, ni será posible con el poder exclusivo de un único partido; sea cual sea el gobierno, será necesaria una base de apoyo amplia, basada en la coalición que se hará por razones éticas mucho más que por razones políticas» (A segunda abolição, Paz e Terra, Rio de Janeiro 1999, p.30).
Así pues, se debería establecer, en esta línea, un pacto ético fundado, como veremos, no tanto en la razón ilustrada, cuanto en el pathos, es decir, en la sensibilidad humanitaria y en la inteligencia emocional expresadas por el ciudadano, la responsabilidad social y ecológica, por la solidaridad generacional y por la compasión, actitudes estas capaces de conmover a las personas y de moverlas a una nueva práctica histórico-social liberadora. Urge una revolución ética mundial.
Esta revolución ética debe concretarse dentro de la nueva situación en que se encuentran la Tierra y la humanidad: el proceso de globalización que configura una nueva plataforma de realización de la historia y del propio planeta. En este marco han de emerger la nueva sensibilidad y el nuevo ethos, una revolución posible en estos tiempos de globalización.
Por ethos entendemos el conjunto de las intuiciones, de valores y principios que orientan las relaciones humanas con la naturaleza, con la sociedad, con las alteridades, con uno mismo y con el sentido trascendente de la existencia: Dios.
Este ethos nace limpio de deseos, del mismo modo que Atenea nació completamente armada de la cabeza de Júpiter. Pero, toda ética nace de una nueva óptica. Y toda nueva óptica irrumpe de una profunda inmersión en la experiencia del ser, de una nueva percepción del todo ligado, «religado» en sus partes y conectado con la fuente originaria, de donde dimanan todos los entes.
LA CARTA DE LA TIERRA
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Boff, L. (2001). Ética planetaria desde el Gran Sur. La carta de la tierra. España. Editorial Trotta. S. A. Pp. 105 – 115.
Nota explicativa: Querido estudiante, queremos que sepas que, a nivel mundial, muchas personas y organizaciones están preocupadas por el futuro del planeta y esto se ha expresado, desde hace más de medio siglo, a través de creaciones de grupos, organizaciones no gubernamentales, organismos gubernamentales, entre otros. De esta preocupación, surge, en la década de los años 90, el llamado Consejo de la Tierra, con sede en Costa Rica, que junto al conocido movimiento Cruz Verde Internacional, asumieron la responsabilidad de elaborar un documento, con repercusiones mundiales, para resguardar la tierra y que denominaron “La Carta de la tierra”. En 1992, en el contexto de la Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro, se intentó elaborar este documento para ser leídos y cumplidos por todos los países asistentes a dicho evento, pero no se logró el consenso. En 1997, se elabora el primer borrador, el cual fue sometido a un proceso de consulta hasta 1999. La redacción final se logra del 12 al 14 de marzo de 2000, en reunión del Consejo de la Tierra, realizado en la sede de la UNESCO, en París. Allí, la UNESCO asume la Carta. Pero, aun esta redacción final está en proceso de revisión y enriquecimiento, con el fin de lograr el respaldo de la ONU, el cual aún no se ha logrado.
LA CARTA DE LA TIERRA
Preámbulo
Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro. A medida que el mundo se vuelve cada vez más interdependiente y frágil, el futuro depara, a la vez, grandes riesgos y grandes promesas. Para seguir adelante, debemos reconocer que en medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común. Debemos unirnos para crear una sociedad global, sostenible y fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz. En torno a este fin, es imperativo que nosotros, los pueblos de la Tierra, declaremos nuestra responsabilidad unos hacia otros, hacia la gran comunidad de la vida y hacia las generaciones futuras.
La Tierra, nuestro hogar
La humanidad es parte de un vasto universo evolutivo. La Tierra, nuestro hogar, está viva con una comunidad singular de vida. Las fuerzas de la naturaleza promueven a que la existencia sea una aventura exigente e incierta, pero la Tierra ha brindado las condiciones esenciales para la evolución de la vida. La capacidad de recuperación de la comunidad de vida y el bienestar de la humanidad dependen de la preservación de una biosfera saludable, con todos sus sistemas ecológicos, una rica variedad de plantas y animales, tierras fértiles, aguas puras y aire limpio. El medio ambiente global, con sus recursos finitos, es una preocupación común para todos los pueblos. La protección de la vitalidad, la diversidad y la belleza de la Tierra, es un deber sagrado.
La situación global
Los patrones dominantes de producción y consumo están causando devastación ambiental, agotamiento de recursos y una extinción masiva de especies. Las comunidades están siendo destruidas. Los beneficios del desarrollo no se comparten equitativamente y la brecha entre ricos y pobres se está ensanchando. La injusticia, la pobreza, la ignorancia y los conflictos violentos se manifiestan por doquier y son la causa de grandes sufrimientos. Un aumento sin precedentes de la población humana ha sobrecargado los sistemas ecológicos y sociales. Los fundamentos de la seguridad global están siendo amenazados. Estas tendencias son peligrosas, pero no inevitables.
Los retos venideros
La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global, está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales, están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas.
Responsabilidad Universal
Para llevar a cabo estas aspiraciones, debemos tomar la decisión de vivir de acuerdo con un sentido de responsabilidad universal, identificándonos con toda la comunidad terrestre, al igual que con nuestras comunidades locales. Somos ciudadanos de diferentes naciones y de un solo mundo al mismo tiempo, en donde los ámbitos local y global, se encuentran estrechamente vinculados. Todos compartimos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia humana y del mundo viviente en su amplitud. El espíritu de solidaridad humana y de afinidad, con toda la vida, se fortalece cuando vivimos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupa el ser humano en la naturaleza.
Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente. Por lo tanto, juntos y con una gran esperanza, afirmamos los siguientes principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común, mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales.
PRINCIPIOS
I. RESPETO Y CUIDADO DE LA COMUNIDAD DE LA VIDA
1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.
a. Reconocer que todos los seres son interdependientes y que toda forma de vida independientemente de su utilidad, tiene valor para los seres humanos.
b. Afirmar la fe en la dignidad inherente a todos los seres humanos y en el potencial intelectual, artístico, ético y espiritual de la humanidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
a. Aceptar que el derecho a poseer, administrar y utilizar los recursos naturales conduce hacia el deber de prevenir daños ambientales y proteger los derechos de las personas.
b. Afirmar, que a mayor libertad, conocimiento y poder, se presenta una correspondiente responsabilidad por promover el bien común.
3. Construir sociedades democráticas, que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Promover la justicia social y económica, posibilitando que todos alcancen un modo de vida seguro y digno, pero ecológicamente responsable.
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
a. Reconocer que la libertad de acción de cada generación se encuentra condicionada por las necesidades de las generaciones futuras.
b. Transmitir a las futuras generaciones valores, tradiciones e instituciones, que apoyen la prosperidad a largo plazo, de las comunidades humanas y ecológicas de la Tierra.
Para poder realizar estos cuatro compromisos generales, es necesario:
II. INTEGRIDAD ECOLÓGICA
5. Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.
a. Adoptar, a todo nivel, planes de desarrollo sostenible y regulaciones que permitan incluir la conservación y la rehabilitación ambientales, como parte integral de todas las iniciativas de desarrollo.
b. Establecer y salvaguardar reservas viables para la naturaleza y la biosfera, incluyendo tierras silvestres y áreas marinas, de modo que tiendan a proteger los sistemas de soporte a la vida de la Tierra, para mantener la biodiversidad y preservar nuestra herencia natural.
c. Promover la recuperación de especies y ecosistemas en peligro.
d. Controlar y erradicar los organismos exógenos o genéticamente modificados, que sean dañinos para las especies autóctonas y el medio ambiente; y además, prevenir la introducción de tales organismos dañinos.
e. Manejar el uso de recursos renovables como el agua, la tierra, los productos forestales y la vida marina, de manera que no se excedan las posibilidades de regeneración y se proteja la salud de los ecosistemas.
f. Manejar la extracción y el uso de los recursos no renovables, tales como minerales y combustibles fósiles, de forma que se minimice su agotamiento y no se causen serios daños ambientales.
6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.
a. Tomar medidas para evitar la posibilidad de daños ambientales graves o irreversibles, aun cuando el conocimiento científico sea incompleto o inconcluso.
b. Imponer las pruebas respectivas y hacer que las partes responsables asuman las consecuencias de reparar el daño ambiental, principalmente para quienes argumenten que una actividad propuesta no causará ningún daño significativo.
c. Asegurar que la toma de decisiones contemple las consecuencias acumulativas, a largo término, indirectas, de larga distancia y globales de las actividades humanas.
d. Prevenir la contaminación de cualquier parte del medio ambiente y no permitir la acumulación de sustancias radioactivas, tóxicas u otras sustancias peligrosas.
e. Evitar actividades militares que dañen el medio ambiente.
7. Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.
a. Reducir, reutilizar y reciclar los materiales usados en los sistemas de producción y consumo y asegurar que los desechos residuales puedan ser asimilados por los sistemas ecológicos.
b. Actuar con moderación y eficiencia al utilizar energía y tratar de depender cada vez más de los recursos de energía renovables, tales como la solar y eólica.
c. Promover el desarrollo, la adopción y la transferencia equitativa de tecnologías ambientalmente sanas.
d. Internalizar los costos ambientales y sociales totales de bienes y servicios en su precio de venta y posibilitar que los consumidores puedan identificar productos que cumplan con las más altas normas sociales y ambientales.
e. Asegurar el acceso universal al cuidado de la salud que fomente la salud reproductiva y la reproducción responsable.
f. Adoptar formas de vida que pongan énfasis en la calidad de vida y en la suficiencia material en un mundo finito.
8. Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.
a. Apoyar la cooperación internacional científica y técnica sobre sostenibilidad, con especial atención a las necesidades de las naciones en desarrollo.
b. Reconocer y preservar el conocimiento tradicional y la sabiduría espiritual en todas las culturas que contribuyen a la protección ambiental y al bienestar humano.
c. Asegurar que la información de vital importancia para la salud humana y la protección ambiental, incluyendo la información genética, esté disponible en el dominio público.
III. JUSTICIA SOCIAL Y ECONÓMICA
9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
a. Garantizar el derecho al agua potable, al aire limpio, a la seguridad alimenticia, a la tierra no contaminada, a una vivienda y a un saneamiento seguro, asignando los recursos nacionales e internacionales requeridos.
b. Habilitar a todos los seres humanos con la educación y con los recursos requeridos para que alcancen un modo de vida sostenible y proveer la seguridad social y las redes de apoyo requeridos para quienes no puedan mantenerse por sí mismos.
c. Reconocer a los ignorados, proteger a los vulnerables, servir a aquellos que sufren y posibilitar el desarrollo de sus capacidades y perseguir sus aspiraciones.
10. Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.
a. Promover la distribución equitativa de la riqueza dentro de las naciones y entre ellas.
b. Intensificar los recursos intelectuales, financieros, técnicos y sociales de las naciones en desarrollo y liberarlas de onerosas deudas internacionales.
c. Asegurar que todo comercio apoye el uso sostenible de los recursos, la protección ambiental y las normas laborales progresivas.
d. Involucrar e informar a las corporaciones multinacionales y a los organismos financieros internacionales para que actúen transparentemente por el bien público y exigirles responsabilidad por las consecuencias de sus actividades.
11. Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisito para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.
a. Asegurar los derechos humanos de las mujeres y las niñas y terminar con toda la violencia contra ellas.
b. Promover la participación activa de las mujeres en todos los aspectos de la vida económica, política, cívica, social y cultural, como socias plenas e iguales en la toma de decisiones, como líderes y como beneficiarias.
c. Fortalecer las familias y garantizar la seguridad y la crianza amorosa de todos sus miembros.
12. Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.
a. Eliminar la discriminación en todas sus formas, tales como aquellas basadas en la raza, el color, el género, la orientación sexual, la religión, el idioma y el origen nacional, étnico o social.
b. Afirmar el derecho de los pueblos indígenas a su espiritualidad, conocimientos, tierras, recursos y a sus prácticas vinculadas a un modo de vida sostenible.
c. Honrar y apoyar a los jóvenes de nuestras comunidades, habilitándolos para que ejerzan su papel esencial en la creación de sociedades sostenibles.
d. Proteger y restaurar lugares de importancia que tengan un significado cultural y espiritual.
IV. DEMOCRACIA, NO VIOLENCIA Y PAZ
13. Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.
a. Sostener el derecho de todos a recibir información clara y oportuna sobre asuntos ambientales, al igual que sobre todos los planes y actividades de desarrollo que los pueda afectar o en los que tengan interés.
b. Apoyar la sociedad civil local, regional y global y promover la participación significativa de todos los individuos y organizaciones interesados en la toma de decisiones.
c. Proteger los derechos a la libertad de opinión, expresión, reunión pacífica, asociación y disensión.
d. Instituir el acceso efectivo y eficiente de procedimientos administrativos y judiciales independientes, incluyendo las soluciones y compensaciones por daños ambientales y por la amenaza de tales daños.
e. Eliminar la corrupción en todas las instituciones públicas y privadas.
f. Fortalecer las comunidades locales, habilitándolas para que puedan cuidar sus propios ambientes y asignar la responsabilidad ambiental en aquellos niveles de gobierno en donde puedan llevarse a cabo de manera más efectiva.
14. Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.
a. Brindar a todos, especialmente a los niños y los jóvenes, oportunidades educativas que les capaciten para contribuir activamente al desarrollo sostenible.
b. Promover la contribución de las artes y de las humanidades, al igual que de las ciencias, para la educación sobre la sostenibilidad.
c. Intensificar el papel de los medios masivos de comunicación en la toma de conciencia sobre los retos ecológicos y sociales.
d. Reconocer la importancia de la educación moral y espiritual para una vida sostenible.
15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.
a. Prevenir la crueldad contra los animales que se mantengan en las sociedades humanas y protegerlos del sufrimiento.
b. Proteger a los animales salvajes de métodos de caza, trampa y pesca, que les causen un sufrimiento extremo, prolongado o evitable.
c. Evitar o eliminar, hasta donde sea posible, la toma o destrucción de especies por simple diversión, negligencia o desconocimiento.
16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.
a. Alentar y apoyar la comprensión mutua, la solidaridad y la cooperación entre todos los pueblos tanto dentro como entre las naciones.
b. Implementar estrategias amplias y comprensivas para prevenir los conflictos violentos y utilizar la colaboración en la resolución de problemas para gestionar y resolver conflictos ambientales y otras disputas.
c. Desmilitarizar los sistemas nacionales de seguridad al nivel de una postura de defensa no provocativa y emplear los recursos militares para fines pacíficos, incluyendo la restauración ecológica.
d. Eliminar las armas nucleares, biológicas y tóxicas y otras armas de destrucción masiva.
e. Asegurar que el uso del espacio orbital y exterior apoye y se comprometa con la protección ambiental y la paz.
f. Reconocer que la paz es la integridad creada por relaciones correctas con uno mismo, otras personas, otras culturas, otras formas de vida, la Tierra y con el todo más grande, del cual somos parte.
LA GLOBALIZACIÓN Y LA SOCIEDAD DEL RIESGO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Lemkow, L. (2002). Sociología Ambiental. La globalización y la sociedad del riesgo. España. Editorial Icaria. s. a. Pp. 131-146.
El libro de Ulrich Beck, “Risikogesellschaft: Auf dem Weg in eine andere Moderne”, publicado en Alemania en 1986 y traducido al inglés en 1991 (al español en 1998), representó una inflexión para la sociología ambiental y propició una serie de réplicas y elaboraciones teóricas sobre el riesgo, el medio ambiente y la modernidad. Las respuestas más notables y de mayor interés, fueron una serie de libros y artículos del director de la London School Of Economics, Anthony Giddens (1990, 1991,1993), dando lugar a un libro de coautoría titulado “Reflexive Modernizatión: Politics, Tradition and Aesthetics in the Modern social order” (U. Beck, A. Giddens & S. Lash, 1994). A partir de la publicación de la sociedad del riesgo, nos encontramos con una auténtica avalancha de escritos, congresos y simposios sobre el riesgo, la incertidumbre, la condición humana en la nueva modernidad, cambios cuantificables en el deterioro del medio ambiente que, sumados a la globalización de la crisis ecológica, impactaron sobre la percepción pública de los riesgos ambientales y tecnológicos y también sobre los discursos y debates sociológicos.
En la sociedad del riesgo, Beck desarrolla básicamente tres grandes temas:
1 En primer lugar, describe las características e implicaciones que tienen los nuevos riesgos y peligros generados por los procesos de modernización e industrialización, procesos que nos llevan a superar la sociedad industrial clásica y que nos conducen hacia la “sociedad del riesgo”.
2 Analiza después los efectos de una sociedad repleta de una nueva gama de riesgos que provocan una extendida sensación de inseguridad e incertidumbre, que se manifiesta en la “modernización reflexiva”. Este proceso implica, entre otras cosas, la individualización en muchas esferas de la vida cotidiana, incluyendo la vida familiar y el trabajo que a su vez originan crisis de identidad personal.
3 Finalmente, estudia el rol ambiguo de la ciencia y su independencia en la conformación de nuevos espacios y estrategias políticas.
Beck contrasta la naturaleza de los riesgos ambientales, producidos en la sociedad industrial y en la sociedad del riesgo. Las diferencias en la forma y contenido de los riesgos tendrán importantes implicaciones sociológicas y, sobre todo, en el área de la percepción ambiental y respuestas sociales ante la proliferación de estos nuevos riesgos ambientales.
Según Beck, los riesgos de la sociedad industrial tenían un alcance local y un impacto muy directo sobre determinados sectores de una población, ubicada cerca de las fuentes de contaminación industrial. El “smog”, o niebla industrial, podía tener una incidencia brutal; pero, en todo caso, normalmente limitado a la población obrera de las nuevas ciudades industriales. La distribución espacial de los contaminantes estaba estrechamente relacionada con la morfología geográfica/social de las ciudades y, en consecuencia, con la distribución de las desigualdades. Parece que había una relación directa entre circunstancias socioeconómicas y condiciones ambientales de la sociedad industrial. La epidemiología del riesgo en la sociedad industrial tenía como variable central la clase social debido a la clara asociación entre distribución de riesgos y posición socioeconómica.
La contaminación del aire en particular era un fenómeno localizado que afectaba, bajo su forma más aguda, casi exclusivamente las zonas industriales de clase obrera, debido a la proximidad de las fábricas a estos barrios. Resumiendo, dada la distribución geográfica de la contaminación, ésta afectaba sobretodo a la base de la jerarquía social y se convertía así en una manifestación más de la desigualdad social de la industrialización. (L. Lemkow, 1983, p.112).
Haciendo alusión a que “la miseria es jerárquica” Beck afirma que:
La agudización de los contrastes de clase mediante la concentración de riesgos en los pobres y débiles estuvo en vigor durante mucho tiempo… Son en especial las zonas residenciales baratas para grupos de población con ingresos bajos, que se encuentran cerca de los centros de producción industrial las, que están dañadas permanentemente por las diversas sustancias nocivas que hay en el aire, agua y suelo. (U. Beck, 1998, p. 41).
La degradación ambiental de la primera industrialización no era nada democrática, quedando algunas clases sociales (la burguesía, por ejemplo) prácticamente indemnes de sus consecuencias. Efectivamente, la contaminación no implicaba o abarcaba toda la sociedad, que Beck define como “sociedad industrial clásica” y que contrasta radicalmente con la “sociedad del riesgo”. Nuevos contaminantes, como los pesticidas sintéticos (DDT), compuestos orgánicos de los metales pesados (mercurio, plomo, cadmio, etc.), y radiaciones ionizantes se distribuyen y se acumulan de forma más global, afectando a la inmensa mayoría de clases y estamentos sociales (esto no quiere decir que afecta a todos por igual.) En la sociedad de riesgos, se democratiza la distribución de riesgo (al menos en los países más desarrollados). Los riesgos poseen nuevos patrones de distribución y, además, los nuevos contaminantes no son observables a simple vista y necesitan la intervención de técnicas analíticas muy avanzadas para su detección y medición.
Llama la atención que en aquel tiempo, a diferencia de hoy, los peligros atacaban a la nariz o a los ojos, es decir, eran perceptibles mediante los sentidos. Los riesgos (de hoy) causan daños sistemáticos y a menudo irreversibles, suelen permanecer invisibles, se basan en interpretaciones causales, por lo que sólo se establecen en el ser…. Y en el saber pueden ser transformados, ampliados o reducidos, dramatizados o minimizados, por lo que están abiertos en una medida especial a los procesos sociales de definición. (U. Beck, ibíd, p. 28).
Estos cambios cualitativos en la degradación ambiental tenían interpretaciones y consecuencias sociales:
Los nuevos contaminantes ¾ eran invisibles e inodoros ¾ quedaban lejos de los densos malolientes y amarillos “smogs” que producían tos, de las ciudades industriales que quemaban carbón… Eran insidiosos que sus predecesores y, tal vez, más destructivos y peligrosos. Aún más, debido a su tendencia a acumularse y a esparcirse por un ecosistema y a ascender por la cadena alimentaría, podían afectar grupos que antes habían resultado relativamente indemnes de los peores efectos medio ambientales de la industrialización. Estos nuevos grupos, especialmente la clase media, empezaron a sentirse vulnerables, frente a los cambios cualitativos que se estaban produciendo en el medio ambiente. (L. Lemkow, 1984, p. 56).
Los nuevos riesgos tienen entonces implicaciones sociales. También los riesgos están sujetos a una definición social matizada por los conocimientos científicos. Estamos ante uno de los casos más claros de construcción social de procesos de cambio social: la construcción social del riesgo y del medio ambiente, una faceta clave para definir la sociedad del riesgo.
Sin embargo, la característica básica de la sociedad del riesgo, para Beck, es la producción de riesgos ambientales, a través de la lógica de la sobreproducción del capitalismo avanzado. Existe una fuerte tensión entre la producción de “bienes” de consumo y la proliferación de “males” ambientales. En el primer capítulo, titulado “La lógica del reparto de la riqueza y del reparto de los riesgos”, Beck argumenta que, en la sociedad industrial clásica, la producción de problemas ambientales fue ampliamente compensada por las expectativas y, en algunos casos, la realidad, de poder consumir más bienes.
Uno de los elementos definitorio de la sociedad de riesgo es la atribución de riesgos que se definen, a través de conocimientos científicos. Al mismo tiempo, hay que señalar que, si bien los riesgos se definen a base de conocimientos científicos y no a través de la simple observación del ciudadano, es más difícil calcular la incidencia de los nuevos riesgos que además son imprevisibles. A pesar de la sofisticación de la ciencia moderna, existe, en la sociedad de riesgo, una gran incertidumbre. En este mundo inseguro, la proliferación de riesgos ambientales repartidos ampliamente, no está compensada por la capacidad adquisitiva del ciudadano de la nueva modernidad.
De manera dispersa, pero también constante, en el libro de la sociedad “La sociedad del riesgo”, se encuentran referencias al papel de la ciencia y la tecnología en la modernidad. La ciencia no solamente marca nuestras percepciones del medio ambiente sino que, de forma no intencionada, moviliza sectores de la sociedad contra los nuevos riesgos. La ciencia tiene un protagonismo lleno de contradicciones y de ambivalencias en la sociedad industrial pero, de forma mucho más evidente, en la sociedad del riesgo.
La obra trata primero, a las ciencias y tecnologías aplicadas, como a una de las causas principales de los nuevos riesgos. La situación paradójica de la ciencia como instrumento para desvelar la naturaleza y el alcance de los nuevos riesgos de la modernidad es el segundo gran tema que expone. No menos sorprendente (y éste es el tercer punto de su reflexión sobre la ciencia) es el hecho de que la ciencia y, especialmente la tecnología aplicada, pueden proporcionar soluciones para superar problemas puntuales de la crisis ecológica, una actividad que puede, además, generar beneficios para el capitalista moderno. Finalmente, analiza la percepción ambigua que tienen los ciudadanos ante el papel contradictorio de la ciencia. En este marco, la ciencia y la tecnología constituyen una manifestación de la modernización reflexiva: una ciencia cuya práctica es cada vez más autocrítica, multiparadigmática y menos segura de la validez de sus predicciones.
Beck advierte sobre el poder de la opinión experta y la dificultad de definir la naturaleza exacta de los peligros y cuales son concretamente los límites o fronteras de los sistemas de riesgos:
Se trata en todo caso de peligros que precisan de los «órganos perceptivos» de la ciencia (teorías, experimentos, instrumentos de medición) para hacerse «visibles», interpretables como peligros. El paradigma de estos peligros son mutaciones genéticas causadas por la radioactividad, que imperceptibles para los afectados, dejan a éstos por completo (tal como muestra el accidente en el reactor de Harrisburg) a la merced del juicio, de los errores, de las controversias de los expertos… Las afirmaciones sobre peligros nunca son reducibles a meras afirmaciones sobre hechos. Contienen constitutivamente tanto un componente teórico como un componente normativo (U. Beck, 1998, p. 33).
A la hora de hablar de riesgos, Beck no solamente alude a los riesgos medioambientales producto de la interacción entre el modelo económico capitalista y la ciencia/tecnología aplicada (contaminación, capa de ozono, calentamiento atmosférico), sino a nuevos riesgos «biográficos» o personales que también constituyen una nueva dimensión de incertidumbre. Los imperativos económicos dan lugar a efectos no deseados sobre el medio ambiente, en forma de degradación ambiental que, además, representan una amenaza para la supervivencia del sistema. Al mismo tiempo, el crecimiento económico acelerado y los cambios estructurales en el mercado laboral amenazan el bienestar en las esferas sociales e individuales.
En la sociedad de riesgo los marcos culturales y estructurales tales como sociales y conciencia de clase, estructuras familiares, roles de género, etc., se deshacen ante cambios en el Estado de Bienestar, sobre todo en la esfera económico – laboral. Estructuras tradicionales asimiladas colectivamente y psicológicamente como inmutables y «normales» dejan de poseer seguridad y permanencia. Podemos entender la sociedad del riesgo en Europa (incluyendo España) en términos de las nuevas dimensiones de precariedad e incertidumbre introducidos por las transformaciones del «welfare state» y otras áreas afines. No son exclusivamente los grupos tradicionalmente clasificados como «vulnerables» (los pobres, determinadas minorías étnicas, etc.) los que están sometidos a la tranquilidad que supone nuevas y cambiantes políticas sociales, económicas y laborales. Estos cambios tienen una incidencia, sobre las condiciones y calidad de vida, en muchos casos cuantificables, pero también crea, un entorno que estimula una percepción de vulnerabilidad, inseguridad y riesgo.
Las transformaciones más conocidas y más estudiadas son los cambios en el mundo del trabajo. Beck analiza los ejes principales de los cambios en el mercado laboral en Europa occidental, desde los años sesenta (resumiéndolos en siete «tesis»): la aparición y consolidación del paro masivo (especialmente en la juventud) y estructural de larga duración, la pérdida de trabajo a tiempo completo (y, inconsecuencia, el auge de trabajo a tiempo parcial), el aumento del trabajo precario y temporal, la exigencia de mayor flexibilidad laboral, el declive del trabajo permanente con trayectoria para toda la biografía laboral y la transformación de las estructuras. Las relaciones de género en el trabajo han generado nuevas percepciones de pertenencia y de identidad individual. Uno de los resultados es el proceso de «individualización» y la pérdida de conciencia e identidad de clase. Estos hechos, de naturaleza y origen sociopolítico, conducen a «a victim blaming» donde se hace una lectura del desempleado, enfermo y marginado como responsable de su situación personal.
La agudización y la individualización de las desigualdades sociales se entrelazan. Como consecuencia, los problemas del sistema son transformadores y desmontadores políticamente como fracaso personal. En las formas destradicionalizadas de vida surge una nueva inmediatez de individuo y sociedad, la inmediatez de la crisis y de la enfermedad, en el sentido que las crisis sociales aparecen como crisis individuales. (Ibíd.., p. 97)
Los cambios en el mercado laboral ponen en entredicho el valor del trabajo que, a su vez, ha alterado la estructura de clases donde el trabajo ha dejado de tener una función central a la hora de definir la identidad individual y colectiva, desembocando el debilitamiento de las interconexiones sociales y económicas.
Se ha consumado en la modernización del Estado de bienestar tras la Segunda Guerra Mundial un impulso social de individualización de un alcance y una dinámica desconocidas con anterioridad… los seres humanos fueron desprendidos (en una quiebra de la continuidad histórica) de las condiciones tradicionales y de las referencias de aprovisionamiento de la familia y remitidos a sí mismos y a su destino laboral individual con todos sus riesgos, oportunidades y contradicciones conduce a la puesta de libertad del individuo respecto a los lazos sociales de clase y de las situaciones sexuales de hombres y mujeres (Ibíd.., p. 96)
Merece la pena aquí recuperar la figura de Georg Simmel, teórico de la modernidad de finales de siglo XIX. Señala este autor la importancia de los procesos de individualización y fragmentación social que provoca la vida urbana moderna. En sus muy originales escritos (G. Simmel, 1986) sobre las implicaciones de la urbanización de la sociedad, por un lado, y sobre el desarrollo del dinero y la expansión y globalización de las economías por otro, intenta explicar los procesos de individualización, fragmentación de la vida social y heterogeneidad (división social de trabajo) que se dan en la ciudad moderna.
Ofrece la cuidad cada vez más las condiciones decisivas de la división del trabajo: un círculo que en virtud de su tamaño es capaz de absorber una pluralidad altamente variada de prestaciones… obliga al individuo particular a una especialización de la prestación. Y esto conduce a la individualización. (G. Simmel, 1986, p. 258)
Según Simmel, frente a la pluralidad de prestaciones y a la diversidad de contactos impersonales mediatizados por el dinero, la individualización produce ciudadanos cada vez más alienados.
Los profundos cambios señalados por Beck, que conducen a la individualización, transtornan los patrones biográficos tradicionales sobre los que estaba basada la definición, aceptación y estabilidad de la sociedad industrial. Este hecho es especialmente visible en la conformación de nuevos roles y relaciones de género. Los cambios formales de género, en el marco educativo y jurídico, contrastan con las prácticas concretas en el mundo laboral. Las expectativas de las mujeres, que ya logran unos rendimientos en el sistema educativo que superan a los de los hombres, no tienen una correspondencia a la hora de situarse las mujeres en el mercado laboral y en la jerarquía de la toma de decisión. La resistencia estructural de los hombres y de las organizaciones regidas por ellos frente a esta nueva realidad se hace patente y provoca tensiones nuevas en el seno del trabajo.
Si dichos cambios, en los roles y expectativas de las mujeres en el lugar del trabajo, son muy notables, las tensiones que suponen para las interacciones entre mujeres y hombres en el entorno familiar pueden llegar a ser dramáticas, incluso explosivas. En la sociedad industrial clásica, la organización familiar y reproductiva estaba basada en una marcadísima diferenciación y asignación de género que se plasmaba en una rígida división sexual del trabajo y una separación de las esferas domésticas y del trabajo remunerado. La mujer, encargada de la esfera (privada) de la reproducción (en el hogar) y el hombre del mundo (público) de la producción (la fábrica, empresa, administración) era el modelo inmutable y con una representación ideológica no contestada. La familia nuclear es la representación más clara de las «exigencias» de la sociedad industrial.
La tensión que provoca un creciente «igualitarismo» (rendimiento educativo, homologación formal jurídica) entre mujeres y hombres, y el creciente ingreso de la mujer en el mundo productivo, hace poco sostenible la familia nuclear con su poder patriarcal- el título del libro Lluis Flaquer, “La estrella menguante del padre” (L. Flaquer, 1999) refleja una parte de los procesos de la evolución de la familia y, en especial, del patriarcado.
La posición de la mujer sale reforzada, su participación en la toma de decisiones se incrementa y su poder de negociación se acrecienta. Se abre la posibilidad de la divergencia de intereses entre los cónyuges, quienes al plantear sus reivindicaciones tienen la vista puesta en su propia autorrealización. Como contrapartida, es posible que el nivel de conflicto manifiesto y las tensiones en el interior de la familia se intensifiquen, ya que las posiciones conyugales dejan de ser adscritas y por tanto están sujetas a un proceso de construcción y de ajuste constantes. (Ibíd.., p. 31)
La erosión, incluso disolución, de los roles tradicionalmente adscritos a la mujeres y a los hombres y la profundización de la individualización provoca cada vez más reivindicaciones a favor de relaciones abiertas (negociables constantemente) y sostenibles. Superadas las adjudicaciones tradicionales de papel/rol de género y el corsé ideológico que sostenía la familia nuclear, la incertidumbre de la vida familiar parece aumentar (reflejada en el aumento del divorcio, en el establecimiento y consolidación de las «familias» monoparentales, etc.) en el contexto de un debilitamiento de la capacidad y voluntad ideológica de las administraciones públicas de proporcionar prestaciones sociales y económicas a estas nuevas formas de organización. La falta de soluciones institucionales para estas situaciones, cada vez más frecuentes, pueden potenciar los conflictos privados de relaciones entre mujeres y hombres.
La importancia y relevancia La sociedad del riesgo radica en que señala que la nueva modernización está repleta, no solamente de riesgos ambientales, sino también de riesgos sociales que fomentan individuos e instituciones mas autocríticos. La acumulación en sociedad de ambos tipos de riesgo genera la «modernización reflexiva». Las nuevas percepciones del entorno y de los riesgos sociales que estimulan la autocrítica y la reflexividad, poco a poco impulsarán nuevas exigencias y nuevas formas de acción política:
Ahora se le exige al individuo que sea él quien domine la inseguridad. Pero, a partir de los trastornos e inseguridades sociales y culturales, más pronto que tarde, se originarán nuevas exigencias a las instituciones sociales por lo que a formación, información, salud y política se refiere. (U. Beck, 1998, p. 200).
Encontraremos, según Beck, una sociedad repleta de actores que se contradicen unos a otros en el mismo escenario. Dicho escenario puede ser las instituciones de representación corporativa de las ciencias, los actores, científicos/expertos: unos, alegando el riesgo cero y, otros, insistiendo en riesgos no predecibles de, por ejemplo, una nueva especie de microorganismo genéticamente modificado: el escenario familiar, con los actores, madre-padre-hijo/a disputado y negociado la distribución del trabajo domestico frente a las múltiples obligaciones fuera del “hogar”. La proliferación de tensiones y contradicciones en un amplio espectro de escenario generando así un ambiente de inseguridad e incertidumbre fuerza la articulación de nuevas direcciones para la acción política.
Frente a los cambios dibujados arriba, Beck argumenta que se presentan tres opciones o respuestas políticas para confrontar la generación de riesgos, la destradicionalización de la sociedad y la individualización. Las tres grandes opciones son:
1 Retorno a la sociedad industrial.
2 Democratización del desarrollo técnico y económico.
3 Política diferencial.
De alguna forma, las tres orientaciones reflejan los tres grandes ejes de la política en Alemania. El primero, el retorno a la sociedad industrial, corresponde a la política del Partido Democristiano. Las respuestas socialdemócratas quedan reflejadas en como confrontar los nuevos riesgos desde una perspectiva institucional-política. Finalmente, desde las corrientes ecologistas (movimiento) y del partido verde, la política diferencial implica la articulación de instituciones políticas nuevas y nuevos mecanismos de participación en la gestión de los riesgos.
Las simpatías políticas de Beck son claras y apuestas por la renovación y la implantación de las alternativas participativas. El autor pregunta en la última frase de su libro: ¿Es posible que hoy ya se comiencen aplicar y perfilar, en algunos campos, formas de esa nueva distribución del poder y del trabajo entre política y subpolítica, tras la alta fachada de la vieja sociedad industrial, y paralelamente a los muchos riesgos y peligros existentes? (U. Beck, 1998, p. 289).
Anthony Giddens destaca, como sociólogo teórico desde la publicación, en 1971, de su primer libro “Capitalism and Modern Social Theory” (A. Giddens, 1971). Sus primeras obras están básicamente dedicada a evaluar, interpretar y reflexionar sobre los contenidos metodológicos y teóricos de las obras de los tres grandes clásicos de la sociología: Marx, Durkheim y Weber. Giddens ha dedicado varias obras a la problemática de la modernidad, la destradicionalización de la sociedad, la individualización y proliferación, entre riesgos ambientales y sociales. Todo lo anterior, vinculado a la cuestión de la acción. Efectivamente, Giddens, en el marco de la teoría sociológica y no de la política, tiene una agenda parecida, pero más amplia que Beck. Ambos autores han participado conjuntamente en debates sobre la modernización reflexiva y sus implicaciones. La ubicación política de Giddens es muy conocida y se le considera el teórico de “New Labour” de Tony Blair.
Los libros más relevantes de Giddens, sobre la temática de la modernidad y los riesgos ambientales y socials, son: “The Constitution of Society: Outline of a Theory of Structuration” (1984), “The Consequences of Modernity” (1990), “Modernity and Self-Identify: Self and Society in the Late Modern Age” (1991), “The Transformation of Intimacy” (1993).
Para Giddens, la ciudad metropolis es el elemento definitorio de la modernidad, pues marca alas características estructurales y psicosociales de la sociedad contemporánea y determina nuevas líneas de acción social y política, tanto a nivel colectivo como individual. Es interesante señalar que Giddens reclama, desde hace tiempo, la necesidad de incorporar a la teoría sociológica algunos conceptos elaborados desde la sociología y la geografía urbanas. Dichas subdisciplinas otorgan un peso importante a la variable espacial y de “entorno construido” para describir y explicar los procesos sociales. Si es cierto que la ciudad representa el espacio más alterado y cambiado por la humanidad, también tiene su importancia otro elemento de la modernidad, especialmente en occidente: El hecho de que la inmensa mayoría de espacios no urbanos son entornos “creados” y moldeados por las actividades económicas:
En las zonas industriales del mundo, los seres humanos viven en un entorno creado, no solamente construido de las áreas urbanas. La mayoría de otros países también han vuelto a ser coordinados y controlados por los humanos. (Giddens, 1982, p. 60).
Como muchos otros científicos sociales, Giddens insiste en que la urbanización y los nuevos espacios (cada vez de mayor extensión), ocupados por las ciudades, tienen mucho que ver con la naturaleza de la degradación ambiental. De igual relevancia es el hecho de que la ciudad también incide sobre la disolución de la tradición. Para poder sostener estas tesis, Giddens hace un repaso de la evolución de las ciudades inglesas antes, durante y después de la revolución industrial, iniciada durante la segunda mitad del siglo XVIII. Comparte el autor las premisas expuestas por Beck, en términos de la distribución de riesgos ambientales y su incidencia discriminatoria en la salud pública, afectando sobre todo a la nueva y muy vulnerable clase obrera, especialmente durante las fases iniciales de la industrialización.
Giddens analiza, en profundidad, el impacto de la producción urbana, que crea nuevas externalidades, que incluyen la degradación ambiental. Su análisis concuerda con los trabajos descriptivos y empíricos de muchos historiadores de la industrialización, con su presentación detallada de los problemas de hacinamiento, sanitarios y de higiene, problemas que focalizan la denuncia del capitalismo industrial y la consiguiente deshumanización de la vida cotidiana y del trabajo. La ciudad industrial se densifica, a través de un crecimiento demográfico explosivo. Las familias obreras viven en la sombra metafórica de la fábrica, donde no existen sombras reales, ya que el sol está tapado por la contaminación atmosférica del “smog”. La clase obrera, viviendo en una ciudad radicalmente desplazada de los ecosistemas naturales, pierde contacto y conocimiento de la naturaleza. La acumulación, en la clase obrera, de nuevas agresiones ambientales y de la desconexión con el mundo natural, constituye un nuevo hecho social e implicará una nueva dimensión de alienación de la población obrera y contrasta con la situación de las clases bajas premodernas.
El industrialismo vuelve a ser eje principal de interacción de los seres humanos en las condiciones de modernidad. En la mayoría de culturas premodernas, incluso en las grandes civilizaciones, los humanos, en general, se identificaban a ellos mismos como una continuación de la naturaleza. (Giddens, 1982, p. 60).
Giddens sugiere que los cambios ambientales, impuestos por el “entorno creado” de la urbanización moderna, dan lugar a una crisis de anomia (en el sentido Durkheimiano). Las consecuencias culturales y psicológicas de la disolución de la tradición, que surge de la supresión de un contacto cotidiano con la naturaleza, provocan un vacío y una desorientación psicosocial que podemos homologar con la anomia. Es precisamente, ante la ausencia de una relación satisfactoria con el medio natural, que los nuevos movimientos ecologistas/ambientalistas plantean la restitución de este espacio perdido, puesto que así se recuperan y se articulan nuevos valores e interpretaciones del medio ambiente. El problema y la contradicción que Giddens enfrenta aquí, es que son justamente los grupos sociales (clase media, profesionales liberales) los menos afectados por las peores agresiones de la ciudad modernas que articulan y dominan los nuevos movimientos, que reivindican contundentes políticas de mejoría ambiental para salvar el planeta Tierra, ante la denominada “crisis ecológicas”.
Otra dimensión, que incide sobre la percepción del medio ambiente, es la inseguridad, en su sentido más amplio, de la vida en la modernidad tardía. La inseguridad es producto del perfil de riesgo que engloba riesgos sociales y ambientales. La ubicuidad del riesgo inseguridad en la modernidad se manifiesta como una de las características fundamentales de las sociedades “postradicionales”. El riesgo se asimila como una realidad de la vida cotidiana y se percibe por sectores cada vez más amplios de la sociedad (resultado, entre cosas, de la proliferación de la información sobre las problemáticas ambientales y sociales). La percepción del riesgo se transforma y las personas llegan a desafiar el papel de los expertos e, incluso, el conocimiento científico. Se desarrolla un conocimiento social de las limitaciones de sistemas de expertise, donde se integra la noción de falibilidad de los pronósticos científicos técnicos, en materia de riesgos. La desconfianza de amplios sectores de la población, en relación a la capacidad de las administraciones de controlar, regular y gestionar los riesgos, es otro atributo de la nueva modernidad.
Al igual que Beck, Giddens identifica, como variable de riesgo inseguridad, cambios sociales en las esferas relacionales y de la vida privada; variables que llegan a formar partes de las agendas de nuevos movimientos sociales que reclaman acción e intervención en lo que el autor denomina “life politics”. En el mundo postradicional, debido en gran parte al dominio de la inseguridad de la vida cotidiana, se cuestiona constantemente cómo se tiene que vivir, en un sentido tanto ecológico como social, colectivo o individual. Este cuestionamiento permanente adquiere un aire crítico y autocrítico (“modernización reflexiva”).
Los movimientos aparecen en función de cambios objetivos, pero también por la elaboración de nuevos marcos interpretativos de la realidad socioambiental, que son construidos socialmente. Los nuevos movimientos son instrumentos potenciales de transformación de la sociedad:
Como modos de compromiso acción, que tienen una presencia importante en la vida social moderna, en los movimientos sociales se encuentran orientaciones que son significativas caras a posibles transformaciones futuras. (Giddens, 1990, p. 158).
La globalización de los riesgos y su impacto sobre la percepción ambiental es otro de los grandes temas que Giddens trata de analizar en sus libros sobre las consecuencias de la modernidad. Simplificando mucho el análisis, Giddens afirma que la globalización acentúa la sensación de la inseguridad y ello tiene la forma e implicaciones siguientes:
1. Globalización de riesgo en el sentido de intensidad: por ejemplo, la guerra nuclear puede amenazar la supervivencia de la humanidad.
2. Globalización de riesgo en el sentido de expansión de eventos contingentes, que afectan a todos, o por lo menos un gran número de persona, que viven en el planeta: por ejemplo, cambios en la división global del trabajo.
3. Riesgo que surge del entorno creado, o naturaleza socializada.
4. El desarrollo de entornos de riesgos institucionalizados, que afectan las “life chances” de millones de personas. (A Giddens, 1990, p. 124).
Las dos primeras categorías se refieren al alcance de los riesgos y, las dos últimas, a los cambios de los tipos de sistemas de riesgos. Con esta aparente insistencia de la importancia de las variables ambientales (incluyendo las implicadas en la globalización de los riesgos), tiene que quedar claro que ni Beck ni Giddens dan protagonismo exclusivo a los cambios medio ambientales para explicar el auge del activismo ecologista. Se pueden encontrar numerosos precedentes de sociedades modernas con niveles altos de degradación ambiental, sin la esperada respuesta o movilización social y política (y viceversa). Pueden intervenir otros factores de índole más sociopolítica, cultural o jurídica. Un ejemplo señalada por Wynne (B. Wynne, 1995) es el grado de confianza de la población en su sistema de regulación y control de los problemas ambientales, de la salud pública y del papel de los expertos en la evaluación de riesgo.
LA POBREZA EN EL MUNDO
Fragmentos tomados con fines instruccionales de:
Maza Zavala, D. F. (2003). Explosión demográfica y crecimiento económico. La pobreza en el mundo. Venezuela. Universidad Central de Venezuela. Ediciones de la biblioteca. Pp. 177 – 200.
La persistencia ampliada y profundizada de la pobreza en el mundo de hoy representa uno de los grandes y graves problemas de la humanidad. En todas las épocas de la historia hubo pobreza hasta el límite de la miseria; pero, podría explicarse ese hecho, en parte por el atraso general de las naciones, sobre todo en ciencia y tecnología, y también por el relativo aislamiento entre los países hasta el siglo XIX, cuando progresaron significativamente el transporte y las comunicaciones, además del comercio y las finanzas internacionales. En el presente, con el prodigioso adelanto de los conocimientos, el alto desarrollo de las fuerzas productivas, la avanzada internacionalización en todos los órdenes de la vida humana, la explicación de la pobreza debe tener otros fundamentos y explorar otras realidades.
CARACTERIZACIÓN CUANTITATIVA Y CUALITATIVA DE LA POBREZA
El Banco Mundial define la pobreza, en la dimensión individual, en la forma siguiente: "ser pobre es tener hambre, no tener casa ni vestido, estar enfermo y no recibir atención, ser analfabeto y no ir a la escuela" (Banco Mundial, Informe sobre desarrollo mundial, 2001, p.15.).
Sin embargo, la pobreza no es sólo una situación individual o familiar, sino de colectividades numerosas, de estratos socioeconómicos mayoritarios de la población de países que procuran desarrollarse, de una porción del mundo que en superficie y número de habitantes significa alrededor de 2/3 del total. Así, la pobreza no consiste en casos aislados de individuos agobiados por el infortunio, sino un fenómeno social de grandes dimensiones; más se globaliza la pobreza que la riqueza, más se concentra el bienestar en pocos países llamados desarrollados y más se generaliza la insuficiencia socioeconómica en los numerosos países del todavía llamado Tercer Mundo.
La pobreza extrema se identifica en las personas, que sobreviven con menos de un dólar diario de ingreso; la pobreza general aflige a aquellas personas que sobreviven con dos dólares diarios o quizás menos. Estas indicaciones cuantitativas apenas expresan la cruda realidad de que con esos ingresos -que, además, pueden ser precarios e inestables- no se satisfacen necesidades elementales, vitales, de subsistencia: alimentación, vivienda, vestido, defensa de la salud, por 10 que la población afectada por esa situación siempre está en el límite entre la vida y la muerte. Contrasta esta realidad con el principio proclamado en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar y, en especial, la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios".
No sólo en el aspecto económico hay que considerar el fenómeno de la pobreza, sino también en la forma de organización familiar y social, en la exclusión que sufren los pobres de la sociedad, en la imposibilidad real de ejercer sus derechos y de disfrutar las garantías constitucionales, en la discriminación que sufren las barriadas pobres en cuanto a obras de infraestructura y servicios públicos, así como en seguridad jurídica y física de las personas, en el acceso a la cultura y la recreación, entre otras formas de discriminación y exclusión. Ser pobre es un estigma, porque se interpreta que esa situación obedece a desidia, debilidad de la voluntad, predisposición innata a no luchar por la superación, a no realizar el esfuerzo necesario para mejorar la vida. Por ello hay que hacer énfasis en que la pobreza no es un hecho de la vida individual -aunque se sufra individualmente- sino de la vida colectiva; es un hecho social; tampoco es un fenómeno inherente al subdesarrollo, a incapacidad de las naciones que no han logrado avanzar "en el camino al éxito"; sino un fenómeno problemático mundial, de la responsabilidad de todas las naciones.
El índice de pobreza es definido por algunos autores (Silva y Schliesser, 1997) como la privación absoluta normalizada en que coexisten las necesidades básicas insatisfechas y la incapacidad para satisfacerlas. Pobres, según la CEPAO son aquellos, cuyo presupuesto de consumo es igual al doble del presupuesto alimentari, es decir, que el gasto en alimentación significa el 50% del presupuesto de consumo. Indigentes (grado crítico de la pobreza) son los que gastan en alimentos todo su presupuesto y aún ese gasto puede ser insuficiente para la simple subsistencia.
En el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se define la pobreza por el empobrecimiento en múltiples dimensiones: la privación en cuanto a una vida larga saludable, en cuanto a conocimiento, en cuanto a un nivel de vida decente, en cuanto a participación social, no sólo en el ingreso (PNUD: Informe sobre desarrollo humano, 2000).
En general, las definiciones y caracterizaciones de la pobreza se refieren a privación de satisfacción de necesidades, no sólo básicas sino reconocidas como indispensables en una sociedad organizada; a insuficiencia de medios de vida relativa a un patrón mínimo de ingreso real; a incapacidad para surgir por su propio esfuerzo (de los pobres) a situaciones normales de bienestar y seguridad; a discriminación y exclusión con respecto a la vida social participativa y al disfrute de bienes y servicios públicos generales; en cuanto a limitación de la vida natural por carencia de medios de defensa y protección.
El PNUD define la pobreza por el empobrecimiento en múltiples dimensiones, como ha sido mencionado; un modo calificado de apreciar el fenómeno -que es flagelo endémico- es en términos de desarrollo humano, cuyo índice (IDH) es un promedio simple de varios indicadores: el de esperanza de vida al nacer, el de producto bruto interno por habitante y el de nivel educacional. En particular el índice de Pobreza Humana (IPH) para países que procuran desarrollarse resulta de la combinación de los indicadores siguientes: longevidad (una manera de tener en cuenta la esperanza de vida al nacer), analfabetismo de adultos, nivel de vida; este último, a su vez, se compone de: a) acceso al agua potable; b) acceso a los servicios generales de salud; c) insuficiencia de peso en niños hasta de cinco años; el promedio de los componentes mencionados últimamente determina el nivel de vida; así:
NV = P3a + P3b + P3c
___________________
3
P3 es el nivel de vida (NV). El IPH se formula como sigue:
1PH1 = [1/3 (P1 + P2 + P3] 1/3
Símbolos: 1/3 es un coeficiente de ponderación; P1 es el indicador de longevidad; P2 es el indicador de analfabetismo; P3 es el indicador de nivel de vidas.
Este índice refleja la distribución del progreso y mide el rezago de privación que existe en una colectividad (regional o nacional).
La población que vive por debajo de la línea de pobreza -que se fija a nivel de 50% del equivalente a la mediana del ingreso familiar disponible- en países seleccionados es la siguiente:
_________________________________________________
País
Año de Observación
%
del total
Estados Unidos
1997
Italia
1995
Australia
1994
Canadá
1994
Reino Unido
1993
17
13
12
11
11
_________________________________
Fuente: PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2000. Los países incluidos en el cuadro
son calificados como desarrollados.
TIPOS DE POBREZA
Se consideran tres tipos de pobreza, según su persistencia: estructural, coyuntural y accidental o eventual. El primer tipo afecta por largos períodos a determinados grupos de población, cuya aptitud para superar la pobreza es muy débil y existe una tendencia a la pasividad, la laxitud personal y familiar, la reproducción ampliada de la pobreza y la minusvalía económica se transmite de generación a generación. El segundo tipo puede afectar a la población más vulnerable socioeconómicamente en períodos de recesión económica profunda y relativamente prolongada; podría considerarse un subtipo que correspondería a un sector de la población habituada a niveles medianos de vida (pequeña clase media, en términos convencionales) que pierde transitoriamente su estado socioeconómico, pero tiende a recuperarlo cuando la coyuntura les favorece. El tercer tipo puede manifestarse en razón de circunstancias emergentes, que ocasionan pérdidas considerables de patrimonio y bienestar (damnificados por desastres naturales o conmoción civil).
La pobreza estructural puede apreciarse por algunos indicadores, tales como: hogares con viviendas insalubles e inseguras, en las cuales la escasez de espacio da lugar a hacinamiento crítico (más de 3 personas por habitación); niños en edad escolar que no asisten a la escuela; alta dependencia económica (más de 3 personas por trabajador remunerado) cuyo jefe de hogar no ha alcanzado el tercer grado de educación primaria; en los casos en que está ausente el progenitor y la madre debe hacer frente a las necesidades de la familia, la pobreza se acentúa.
El Banco Mundial define como brecha de ingreso el monto de la transferencia necesaria para aumentar el ingreso familiar a la línea superior de pobreza, definida a su vez como la cobertura del costo de una cesta básica de consumo normativo, que incluye los bienes y servicios indispensables para sostener un nivel de vida elemental, según el grado de progreso social alcanzado en la comunidad considerada.
Un índice significativo de privación absoluta se compone del índice de incidencia de la pobreza (IP), la brecha de ingreso (YB) con respecto a la línea de pobreza (IP) y la distribución del ingreso entre la población pobre; así:
IPA = IP. YB
(1)
YB = Y/I
(2)
IP = Nc / N
100 (3)
Símbolos: IPA, índice de privación absoluta; IP índice de incidencia de la pobreza; Nc, población con insuficiencia de consumo básico; N, número total de la población.
POBREZA Y DERECHOS HUMANOS
"La erradicación de la pobreza constituye una tarea importante de los derechos humanos en el siglo XXI (…). Unos 90 millones de niños no asisten a la escuela primaria (en el Mundo, MZ). Unos 790 millones de personas tienen hambre e inseguridad alimentaria. Incluso en los países industrializados 12 millones viven con menos de un dólar diario y hay unos 8 millones de personas desnutridas. Solamente en los Estados Unidos unos 40 millones de personas no están amparadas por el seguro de salud y uno de cada 5 habitantes es funcionalmente analfabeto". Esta información muestra, en la palabra autorizada del PNUD, que la pobreza no se circunscribe al tercer mundo, sino que agobia también, de una ti otra manera, a poblaciones de países desarrollados. Muestra igualmente que la igualdad socioeconómica -inclusive en grado relativo -no existe en el mundo. En el mismo informe del PNUD (p.6) se expresa: "Las desigualdades de ingreso a escala mundial aumentaron en el siglo XX en órdenes de magnitud sin precedentes, en lo anteriormente experimentado. La diferencia entre el ingreso de los países más ricos y el de los países más pobres era de alrededor de 3 a 1 en 1820, de 35 a 1 en 1950, de 44 a 1 en 1973 y de 72 a 1 en 1992".
En la Conferencia Mundial de los Derechos Humanos, celebrada en Viena en 1993, se hizo una Declaración en la que se afirma que la extrema pobreza y la exclusión social constituyen un atentado contra la dignidad humana. La pobreza extrema o crítica es una situación en la que no se pueden satisfacer las necesidades de subsistencia y por ello se abrevia la vida, proliferan las enfermedades de la carencia vital y aumenta el potencial de violencia social que se genera en las sociedades profundamente injustas.
El desarrollo humano es un paradigma de la evolución de las naciones -y de la humanidad como un todo- hacia estadios superiores de bienestar, equilibrio, libertad, seguridad, plenitud de la existencia como derecho efectivo de todos los seres humanos. Implica no sólo la obtención regular de un ingreso real suficiente para atender las necesidades de un nivel y calidad de vida satisfactorios, sino también la igualdad de oportunidades de ascenso cultural, de ejercicio de derechos y garantías institucionales en lo civil, político, social, jurídico en general, la unidad familiar estable, la solidaridad social, la no discriminación por motivos de raza, sexo, nacionalidad o religión, entre otros aspectos. Si se aplican estos criterios al estado actual de las naciones, el paradigma no sería alcanzado ni aún por los países más adelantados; sólo hay aproximaciones: los que están a la cabeza del desarrollo humano. En este sentido Chile, por ejemplo, tiene un mayor desarrollo humano que Portugal, Hungría, China y Polonia, entre otros; Venezuela está mejor colocada que Rusia, Polonia, Egipto, Tailandia y Filipinas.
En la medida que la humanidad progresa -desigualmente, por supuesto- el desarrollo humano como paradigma se eleva. La variación positiva de los componentes de este índice es diferencial: es posible que la economía mejore más que las instituciones y que la libertad quede rezagada, así como otros valores humanos, pero es también posible que éstos mejoren más que la economía, ya que no existe una correlación precisa entre esas variaciones. En promedio, sin embargo, la humanidad avanza sin duda alguna.
Ha sido sostenida la tesis -con persistencia digna de mejor causa- de que un factor principal del fenómeno de la pobreza es el crecimiento elevado de la población, que se ha dado en llamar explosión demográfica. En verdad, aumenta más la población de los países subdesarrollados -con algunas excepciones- que la de los desarrollados. En la década de los 70 la tasa de crecimiento del conjunto de países desarrollados fue de 0,8% en promedio anual (ver el cuadro A-3 de este libro) y en la de los 90 fue de 0,6%, es decir, hay una tendencia en esos países a un menor crecimiento de la población; mientras que en los países en desarrollo, tomados en conjuntos, la tasa demográfica en la década de los 70 fue de 2,2% en promedio anual y en la de los 90 fue de 1,8%; se observa que en ambos grupos de países el crecimiento de la población tiende a disminuir; en el mundo como un todo, la tasa demográfica media anual pasó de 1,9% al, 1 % entre las décadas consideradas. Por otra parte, la tasa de aumento del producto nacional bruto (pNB) del primer conjunto de países bajó de un promedio anual de 3,2% en la década de los 70 a uno de 2,4% en la de los 90, por lo que el PNB por habitante de esos países descendió de 2,4% a 1,5% en promedio anual en las décadas comparadas. El PNB del conjunto "en desarrollo" disminuyó de 5,3% a 3,5% entre esos períodos, por lo que su PNB por habitante descendió de 3,1% a 2,1%. El PNB global del mundo se contrajo de 3,8% a 2,7% y el PNB por habitante de 1,9% a 1,3%, en los períodos observados.
A la luz de las cifras anteriores es conveniente observar que las tasas de variación fueron positivas, sólo que el ritmo de aumento tendió a disminuir. El hecho de que el nivel de las tasas de variación del PNB haya sido mayor en el conjunto de los países en desarrollo que en los desarrollados, no puede ocultar que la desigualdad de ingresos entre esas categorías de países no sólo es muy amplia sino que tiende a ampliarse más aún. En el gráfico N° C-l se muestra que en 1960 los 20 países más ricos tenían en promedio un PBI por habitante de alrededor de US$ 8.000; y los 20 países más pobres de alrededor de US$ 2.000; en 1995 el primer grupo de países obtenía un ingreso por habitante de US$ 20.000, en tanto que los más pobres sólo mejoraron su ingreso en US$ 400.
Por supuesto la brecha global entre las categorías de países consideradas es menor que entre los extremos, pero la situación es de desigualdad en términos dramáticos.
La tendencia demográfica mundial es claramente hacia el descenso del crecimiento, mucho más acentuada en e1 sector desarrollado que en el subdesarrollado. También se observa -con diferencias entre países una tendencia al menor crecimiento económico, desigualmente distribuido. En la dimensión mundial la lentitud del movimiento demográfico no ha sido un factor de fortalecimiento del crecimiento, ni aún el del promedio por habitante. Es evidente que otros factores inciden en esas tendencias. Lo que sí hay que destacar es que la pobreza no sólo sigue existiendo, sino que se agrava, no obstante el menor ritmo demográfico, como se ha puesto de manifiesto en estadísticas internacionales citadas en otras partes de esta obra; sin embargo, las instituciones multilaterales oficiales persisten en sostener que el crecimiento económico per se es "un factor crucial para la generación de oportunidades para el mejoramiento de la pobreza, como también para la pauta o calidad del crecimiento". Lo sería, desde luego, si el crecimiento fuera equitativo, no sólo a nivel internacional sino también dentro de los países.
CRECIMIENTO ECONÓMICO Y POBREZA
Otra tesis consecuentemente sostenida en medios institucionales internacionales y nacionales, públicos y privados, es que un crecimiento económico sostenido por sí mismo favorece la reducción de la pobreza: es conocido este argumento como "del derrame", es decir, que de algún modo, aunque no se realicen políticas deliberadas de abatimiento de la pobreza, el crecimiento de la riqueza nacional -expresado convencionalmente por el PNB por habitante- crea el escenario propicio para el aumento general del bienestar. En verdad, si mejorara, simultáneamente con el crecimiento, la distribución del ingreso -factorial, familiar, personal-la afirmación mencionada sería admisible; pero si el producto por habitante aumenta sin que el patrón distributivo se modifique, la situación relativa de los diferentes grupos sociales no se altera y la franja de pobreza sigue ocupando el mismo espacio. Desde luego, hay que reconocer que un crecimiento económico sostenido en términos reales favorece el aumento del empleo de fuerza de trabajo, abstracción hecha de los efectos depresivos del adelanto tecnológico en la demanda de dicho factor, así como también el mejoramiento de los salarios reales y de las condiciones laborales; pero la proporción de trabajadores asalariados en la población total no corresponde a la totalidad de la población cuyos ingresos dependen de su trabajo, ya que la marginalidad y la informalidad laboral son fenómenos existentes en casi todos los países, particularmente en los subdesarrollados. Por tanto, hay que insistir en que el crecimiento sostenido del producto debe ser acompañado por una mejor distribución del ingreso y por políticas sociales concretamente dirigidas a combatir la pobreza, especialmente la definida como extrema o crítica.
En América Latina, particularmente, el crecimiento económico en la década de los 90 promedió anualmente 3,3%, en comparación con 1,3% en la década anterior, calificada como "perdida" por la CEPAL. Para alcanzar a los países desarrollados, suponiendo que el crecimiento de éstos sea muy pequeño, América Latina requiere crecer a una tasa de 3% anual durante un siglo, una expectativa realmente defraudante. En la región latinoamericana 170 millones de habitantes, uno de cada 3, viven con menos de US$ 2 diarios. En la década de los 90 la productividad media ponderada declinó a razón de 0,6% anual, mientras que en los países desarrollados aumentó un 0,6%, indicadores contrapuestos. Si la erradicación de la pobreza depende exclusivamente del crecimiento económico, la perspectiva es que en el futuro previsible habrá pobreza en proporción significativa.
La pobreza es un obstáculo al crecimiento económico, por varias razones: en primer lugar, porque los pobres no demandan bienes y servicios que no sean los de primera necesidad y, por tanto, no son factores de expansión ni de profundización del mercado; en segundo lugar, porque su aptitud para el trabajo está afectada por las deplorables condiciones de salud y la baja preparación educativa; en tercer lugar, porque exigen la aplicación de gastos sociales que se retraen de los que se aplican a la inversión; sin embargo, puede decirse que el gasto social en mejoramiento de la pobreza constituye una especie de inversión, inclusive reproductiva, pues contribuyen a la generación o regeneración del factor humano, que es el elemento fundamental del crecimiento económico; por último, y no menos importante, la pobreza afecta al equilibrio social que es una condición significativa del quehacer económico en cuanto es la expresión más caracterizada de la estabilidad.
LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO Y LA POBREZA
En el cuadro B-l se muestran algunos indicadores de distribución del ingreso en países seleccionados. Se consideran grupos de población cuya participación en el ingreso nacional se expresa en un porcentaje: 10% - 20% inferiores son los peor situados en la escala distributiva; 10% - 20% superiores son los mejor colocados en esa escala. Por ejemplo, en Alemania el 10% inferior percibe el 3,3% del ingreso y el 20% superior el 38,5%; en Bolivia, el 10% inferior percibe el 2,3% mientras que el 20% superior se beneficia con el 48%; Estados Unidos, que se sitúa en la cúspide del desarrollo económico, el 10% inferior apenas percibe ell ,8% del ingreso, en tanto que el 20% superior obtiene el 46%; en Venezuela, el 20% inferior percibe el 3,7% del ingreso y e120% superior obtiene eI 53%. En todos los países seleccionados -desarrollados o en desarrollo- la distribución del ingreso no es equitativa, situación menos desfavorable en algunos países desarrollados.
En otros términos, a fines del siglo XX la riqueza agregada de 200 personas consideradas supermillonarias ascendía a US$ 1 billón 135,000 millones, en tanto que casi 600 millones de seres humanos tenían un ingreso agregado de sólo US$ 146.000 millones. La riqueza de algunos personajes supera, individualmente considerada, al PBI de numerosos países pobres.
Tanto en medios académicos como económicos y políticos se sostiene la tesis de que más importante que la distribución del ingreso es el crecimiento de éste; aún si el patrón distributivo no cambia -se dice- el aumento de lo que se distribuye permite mejorar la situación de la mayoría; sin embargo, siempre habrá franjas de pobreza crítica a pesar de las elevadas tasas de crecimiento económico. El mercado libre no es un buen distribuidor del ingreso, sobre todo si no es tan libre y está afectado por situaciones monopolísticas u oligopolistas. Por otra parte, si el crecimiento económico es de tal índole que desplaza relativamente fuerza de trabajo de menor calificación en razón de la incorporación de procedimientos productivos intensivos en medios tecnológicos avanzados, el desempleo aumenta por ese motivo y muchos trabajadores se ven obligados a refugiarse en ocupaciones informales. Es conocida, y generalmente aceptada como hecho normal de la vida económica, la categoría del desempleo estructural o "natural", una proporción irreductible de desempleo aún en fases de coyuntura expansiva (de alrededor de 3 ó 4 % de la población activa que está en disposición de emplearse). El mercado por su propio funcionamiento no genera factores favorables a una mejor distribución del ingreso y es indispensable la actuación del Estado para atenuar las consecuencias regresivas de la dinámica mercantil.
Un aspecto importante de la distribución del ingreso -que generalmente no se toma en cuenta o es subestimado- es el acceso de la población al disfrute de servicios sociales o públicos y obras de infraestructura: vialidad, sanidad, protección policial, recreación, cultura, entre otros. Estos servicios y obras, provistos en su mayor parte por el Estado, se distribuyen de tal manera que, por lo general, benefician a los sectores más favorecidos de la población por su comunicación con los centros de poder gubernamental, por no decir poder de presión e influencia, mientras que los sectores pobres, marginados y excluidos, carecen de esas oportunidades.
REFORMAS Y METAS PROPUESTAS POR ORGANISMOS MULTILATERALES
Las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y otras instituciones multilaterales, conscientes de la magnitud y la gravedad del problema de la pobreza y de sus peligros para la seguridad mundial, han postulado en diferentes oportunidades durante los últimos años la necesidad de luchar contra ese flagelo, elevándola a una alta prioridad en sus actividades y propósitos. En tal sentido, no sólo han auspiciado o promovido eventos internacionales centrados en el combate a la pobreza, sino que se han propuesto y han fijado objetivos y metas para reducir la dimensión del fenómeno y modificar sus perfiles más agudos. Así mismo, han creado programas y servicios para prestar asistencia financiera, institucional y técnica condicionada a reformas múltiples, calificadas como estructurales, en los países donde la pobreza es más grave, con participación de gobiernos y de instituciones de la sociedad civil, para generar cambios favorables a la reducción de aquel problema. Para algunos organismos -como el FMI y el Banco Mundial- esta conducta implica una modificación de sus criterios de ajuste a desequilibrios macroeconómicos y de promoción del crecimiento económico, dada la experiencia dramática que han recogido de la aplicación de sus condiciones de asistencia monetaria y financiera en circunstancias en que países en desarrollo han confrontado tales desajustes.
Entre las metas propuestas por las Naciones Unidas para el período 2000-2015 están las siguientes: a) reducir a la mitad la proporción de personas que viven en situación de pobreza extrema (con menos de US$ 1 diario); 2) rebajar en 2/3 la tasa de mortalidad infantil; 3) asegurar el acceso universal a los servicios de salud reproductiva (atención a la madre y al niño en los países en desarrollo); 4) aplicar estrategias nacionales para lograr un desarrollo sostenible en todos los países para el 2005. Al efecto se menciona que la prestación de servicios básicos en los países en desarrollo tiene un costo global de alrededor de US$ 80 millardos anuales.
Por su parte, el FMI y el Banco Mundial decidieron, conjuntamente, basar el alivio de la deuda de los gobiernos de países subdesarrollados con esas instituciones y el financiamiento concesionario (fondos especiales de asistencia) en los documentos de estrategia de lucha contra la pobreza preparados por los gobiernos de países de bajos ingresos.
El Banco Mundial ha adoptado como lema: "Nuestro sueño, un mundo sin pobreza".
Los documentos mencionados, Documentos de Estrategia de Lucha contra la Pobreza (DELP) son una guía para centrar mejor las políticas públicas en el objetivo de referencia. Estos documentos no representan sólo compromisos gubernamentales, ya que incorporan la participación de comunidades locales, organismos no gubernamentales, sindicatos, organizaciones religiosas Y otras instituciones privadas de los países afectados. Los DELP exponen cuatro elementos principales: 1) proceso participativo; 2) diagnóstico de la pobreza; 3) objetivos, indicadores y sistemas de supervisión basados en el diagnóstico, 4) gestiones públicas prioritarias para lograr los objetivos y metas.
En 1999, el FMI previó la posibilidad de introducir cambios en sus operaciones monetarias y financieras, particularmente en los préstamos concesionarios, al establecer el Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (SRAE); estos préstamos pasaron de US$ 1.000 millones el 2000 a US $ 2.700 millones el 2001; para el 2002 se reducen a US$ 2.000 millones, con 40 países beneficiarios.
Estos préstamos están sujetos a la realización de medidas y reformas en la lucha contra la pobreza: el aumento de la proporción del gasto social en el PBI del país beneficiario, mejor administración del gasto público y en particular del gasto social, reformas estructurales: desarrollo del sector privado, intensificación de la inversión extranjera directa, competitividad y productividad laboral, en suma fomento de la economía de mercado. Nada nuevo bajo el sol.
Las contingencias coyunturales o accidentales padecidas por los países en desarrollo pueden afectar seriamente la lucha contra la pobreza; el ajuste consiste, entre otras medidas emergentes, en la reducción del gasto público, ante lo cual el FMI, recomienda no afectar a los programas sociales que beneficien a los pobres. Al respecto, cabe la advertencia de que la propia reducción del gasto público afecta a los pobres. Expertos del FMI observan: "Existe margen para programas permanentes, capaces de responder sin demora a las crisis de ingreso (fiscal) y similares que afectan a los pobres. Sin embargo, los mismos autores señalan que "el hecho de que los no pobres estén atendidos demuestra que la protección diferencial (a favor de los pobres, MZ) es posible.
Otras recomendaciones frente a contingencias fiscales son las siguientes: a) exención del IVA para productos básicos de consumo; b) indemnización por despidos; c) mayores prestaciones sociales para compensar alzas de precios de los servicios públicos; d) abastecimiento gratuito de electricidad (yagua, MZ) a los pobres.
No sólo se trazan objetivos multinacionales para el período 20002015, como los mencionados, sino para todo el milenio (!) actual: erradicar el hambre y la pobreza extrema, lograr la enseñanza primaria universal, reducir la mortalidad infantil, igualdad entre los sexos ante oportunidades socioeconómicas.
Para alcanzar estos objetivos no debe requerirse un milenio, ni siguiera un siglo; con voluntad del poder mundial (una realidad existente y persistente) es posible lograr esos objetivos en menos de medio siglo.
No es del caso examinar en profundidad en este ensayo los alcances y las retricciones de la normativa que los organismos multilaterales -notablemente el FMI y el Banco Mundial- imponen a los países que ocurren a ellos en demanda de asistencia financiera, o de respaldo institucional, para afrontar situaciones difíciles de balanza de pagos o insuficiencia de recursos públicos para sostener el crecimiento económico y el nivel de bienestar social existente. Las imposiciones son bastantes duras y hasta drásticas en algunos casos, pues ambas instituciones procuran preservar o restablecer la capacidad de pago del servicio de la deuda externa de los países afectados. Entre esas normas -que se presentan como de establecimiento voluntario o acordado en las respectivas Cartas de Intención, que son contratos unilaterales en verdad, están la del ajuste fiscal consistente en un aumento de la carga tributaria y parafiscal y una reducción del gasto público, una disciplina monetaria rigurosa para evitar excesos de liquidez "inorgánica", una liberación del comercio exterior, una mayor apertura a la inversión extranjera directa, una depreciación del tipo de cambio, un aumento de las tarifas de los servicios públicos y del precio de la gasolina y una contención de los salarios. El efecto global de la aplicación de ese programa de ajuste es una contracción del ingreso real en detrimento de la mayoría social, una redistribución regresiva del ingreso, un descenso del bienestar social y un aumento de la inconformidad popular, entre otros aspectos.
En otras palabras, el ajuste recae generalmente sobre los sectores más débiles o más vulnerables de la población y comportan, esencialmente, una pérdida de autonomía de los poderes públicos en su gestión conductora y administradora. Bien es verdad que, en principio, algunas de esas vías de ajuste son admisibles en circunstancias normales, pues implican una disciplina conveniente de las políticas públicas y su ejecución, pero la aplicación irrestricta, sin tener en cuenta las características de la economía y sin un diagnóstico real más allá de lo coyuntural, ha conducido, según la experiencia histórica, al deterioro de las condiciones de vida de los grupos sociales de menores ingresos y un favorecimiento relativo de la posición, ya privilegiada, de la minoría que detenta el poder económico real y concentra la riqueza.
La experiencia obtenida en diferentes países subdesarrollados -los desarrollados adoptan autónomamente otros medios y formas de ajuste ha inducido a los organismos multilaterales considerados a modificar no sólo el rigor de su normativa de ajuste sino también a recomendar -y en cierto modo a condicionar- la incorporación por parte de los países afectados de providencias socio económicas de alivio de los efectos más agudos del ajuste en los grupos sociales vulnerables, lo que constituye una panacea ante la crudeza de esos efectos. Por otra parte, cuando el FMI y el Banco Mundial recomiendan reformas en el funcionamiento de la economía y de la gestión pública, con el supuesto calificativo de estructurales, su propósito es el de fomentar y eliminar obstáculos para la economía libre de mercado, en cuyo trasfondo se evidencia la ideología neo liberal que sostiene que la causa de los des equilibrios macroeconómicos radica en la insuficiencia o la deficiencia de condiciones y medios para el desenvolvimiento de ese sistema.
LA DISTRIBUCIÓN DESIGUAL DEL PODER
No obstante lo anterior es justo advertir que, por lo menos a nivel del estamento técnico y de las declaraciones generales contenidas en los documentos oficiales, los organismos multilaterales reconocen obstáculos verdaderamente estructurales al combate contra la pobreza y la inseguridad socioeconómica. Así, el Banco Mundial expresa lo siguiente: "En un mundo en que la distribución del poder político (y desde luego, el económico y mediático, MZ) es desigual y con frecuencia se asemeja a la distribución del poder económico, la forma en que funcionan las instituciones estatales puede ser particularmente desfavorable para la población pobre". Un autor, del estamento técnico del FMI, en artículo de su propia responsabilidad, que refleja sin duda la manera de apreciar la situación por parte de la institución a la que sirve, señala lo siguiente: "(...) cuando el poder de decisión está en manos de los no pobres en épocas normales, la disminución de la utilidad marginal de los fondos que reciben (de procedencia pública, MZ) podría apuntar a una reducción del gasto destinado a los pobres, cuando se contrae la economía" .
La realidad del poder -que no reside en los gobiernos, aunque éstos son expresiones más o menos voluntarias de los intereses que dominan en la sociedad- es que las medidas compensatorias que se adopten en beneficio de los pobres son tolerables en tanto no afecten sensiblemente su posición básica de dominio; no sólo son tolerables esas medidas sino que -cuando la cúpula del poder es consciente de la dinámica social- estima indispensable su implantación como una protección no represiva contra la inconformidad popular y para prevenir posibles explosiones masivas de descontento social.
VULNERABILIDAD, CRISIS FINANCIERA Y PADECIMIENTO DE LOS POBRES
Las economías "en desarrollo", dependientes de uno o dos productos primarios de exportación, están expuestas a las contingencias coyunturales o accidentales que ocurren en la economía mundial. Los efectos de esas contingencias se manifiestan en un descenso de los ingresos de exportación, que afecta a la balanza de pagos, al ingreso fiscal y a la actividad económica en general; además, se dificulta el financiamiento externo y la reducción de la capacidad para importar puede debilitar la solvencia del país hasta el punto de no poder cumplir con el servicio de la deuda externa. Por lo tanto, la economía entra en una fase recesiva, de contracción de la producción, el empleo y el ingreso y deterioro socioeconómico de la mayoría de la población. Los estratos más débiles y vulnerables, que de ordinario sufren por el bajo nivel de vida y las consecuencias de carencias vitales, pueden caer en situaciones de indigencia que obligan al Estado a prestarles mayor atención.
Una contingencia particular a la que están expuestas estas economías es la que consiste en crisis financiera, un fenómeno que en los últimos años ha aparecido con frecuencia; la particularidad estriba, además, en que las crisis financieras en su mayoría han surgido en las propias economías en desarrollo -la mexicana, la brasileña, la del sudeste asiático, la argentina, entre otras- y se han difundido a otras economías de la misma categoría, en lo que se ha dado a llamar "efecto contagio". Los organismos multi1atera1es no han generado dispositivos de prevención de esas crisis, menos aún modalidades específicas de asistencia financiera, por lo que se ha planteado la necesidad de reformas de esos organismos para adaptarlos a las nuevas situaciones. Una crítica a la organización y al funcionamiento de esas instituciones es que no han desarrollado sistemas preventivos y actúan cuando la crisis ha tomado fuerza y aún así con ineficiencia, apegados a sus fórmulas tradicionales. El caso más patético ha sido el argentino.
Expertos del FMI han escrito sobre este tema y se han planteado la cuestión: ¿Qué ocurre a los pobres cuando una contracción económica es causada por una crisis financiera? Ellos mencionan los efectos macroeconómicos de esa contingencia, tales como: desempleo, reducción de salarios reales, mayor informalidad ocupacional, depreciación monetaria, alteración de precios relativos (aumento de los precios de los bienes transables con respecto a los no transables), reducción del gasto público, inflación. Señalan también que las crisis financieras agravan la pobreza y empeoran la distribución del ingreso. ¿Qué hacer ante estas circunstancias?
Igualmente, el Banco Mundial hace notar el efecto pobreza de las contingencias no económicas (enfermedades, violencia, desastres naturales), dado que los pobres son altamente vulnerables ante esas calamidades que están fuera de su control, lo que intensifica su malestar, acentúa la pobreza y debilita la capacidad de negociación (si es que tienen alguna, MZ).
La responsabilidad principal es de los gobiernos de los países afectados por las crisis y las contingencias, pero también lo es de la llamada sociedad civil en cuanto a cooperación de programas emergentes de rescate de los sectores más golpeados de la población y de los gobiernos e instituciones internacionales (entonces, ¿para qué la pregonada globalización?); la reestructuración de los presupuestos gubernamentales para proporcionar mayores recursos a los programas de combate a la pobreza, aunque sea en detrimento de asignaciones de las cuales sean beneficiarias directa o indirectamente las capas sociales favorecidas, mejor administración de esos programas que incluye su mayor coordinación, mayores cargas tributarias sobre los sectores de más altos ingresos, entre las medidas de orden interno. Entre las internacionales pueden sugerirse las siguientes: condonación de la deuda pública de los países pobres, reestructuración de la deuda de los países de medianos ingresos en situación de subdesarrollo, creación de un fondo mundial de combate a la pobreza administrado por las Naciones Unidas con recursos provenientes de aportaciones obligatorias de los gobiernos de los países ricos y de impuestos multilaterales a transacciones financieras especulativas, preferencias no recíprocas por parte de esos mismos países para las mercancías exportables de los países "en desarrollo" y creación de fondos especiales de financiamiento emergente a los países afectados por las crisis financieras y su difusión pertenecientes al llamado Tercer Mundo, son algunas de las providencias que deben tomarse para enfrentar la situación de extrema vulnerabilidad de los pobres. Sin embargo, es necesario afirmar que tales medidas no son -o no serían- más que paliativos a un problema de grandes y crecientes dimensiones, como lo es la pobreza en el mundo, cuya solución radical exige cambios realmente estructurales tanto en el interior de los países como en las relaciones internacionales. Este problema mientras no sea resuelto niega los avances obtenidos en productividad, ciencia y tecnología y en potencial de riqueza.
El fenómeno de la inflación -un alza persistente y general de precios de bienes y servicios- ha agobiado al mundo en diferentes épocas, más a los países subdesarrollados que a los desarrollados. En años recientes ese fenómeno ha tendido a reducirse, aunque las tasas de variación de los precios al alza no han descendido por debajo de cierto nivel sobre cero. Salvo excepciones, puede decirse que la inflación no constituye un problema prioritario en la actualidad, aunque las presiones inflacionarias -factores subyacentes de desequilibrio s en los mercados- siempre están latentes y preocupan a los gobiernos ya las sociedades. Puede observarse que existe una relación, hasta cierto punto crítica, entre inflación y crecimiento económico, en el sentido de que si éste cobra impulso aquélla aumenta; las medidas que pueden tomarse para abatir la inflación -inscritas convencionalmente en el marco del monetarismo- tienen como consecuencia, por lo general, un debilitamiento del ritmo económico; así, entre inflación y crecimiento se sitúan las políticas de estabilización en el mundo de hoy.
La inflación es una distribuidora regresiva del ingreso, pues, por lo general, afecta desfavorablemente más a los sectores socioeconómicos de ingresos medianos y bajos, que varían poco o nada en el corto plazo, mientras los sectores que pueden variar los precios de los bienes y servicios que ofrecen obtienen ganancias adicionales. La inflación se registra con particular intensidad en la cesta alimentaria básica, lo que deteriora el ingreso real de los pobres y desmejora el nivel de vida elemental y su calidad.
Por ello, uno de los objetivos sensibles de la lucha contra la pobreza es el abatimiento de la inflación, sobre todo la que afecta al costo elemental de vida.
La depreciación cambiaria -pérdida del valor externo de la moneda nacional- es un efecto del desequilibrio de la balanza de pagos de un país, que se refleja en el déficit de sus cuentas de transacciones internacionales, por causas diferentes, algunas monetarias, fiscales y financieras, otras de la economía real. Un país que dependa mucho de la importación de bienes y servicios es afectado desfavorablemente por la depreciación cambiaria al elevarse el costo de las importaciones en términos de la moneda nacional, lo que aumenta los precios de la producción interna y refuerza las presiones inflacionarias. Es posible que la depreciación favorezca el poder de competencia de las exportaciones, pero si éstas sufren una caída de la demanda o un descenso de los precios en moneda extranjera, aquel beneficio puede reducirse o anularse. Lo que interesa destacar es que la depreciación cambiaria sobre todo si ocurre en una fase recesiva de la economía- empeora la distribución del ingreso con mayor consecuencia negativa en los sectores vulnerables. o desprotegidos de la población.
LA TRANSMISIÓN DE LA POBREZA
La pobreza no es estacionaria. Aumenta con los desequilibrios macroeconómicos y macrosociales y con la concentración del poder económico, político y cultural en grupos minoritarios de la sociedad. Los pobres están más expuestos a los riesgos de contingencia natural -desastres, calamidades- y económica: son vulnerables en grado mucho mayor que otros grupos sociales y están menos protegidos que ésos. Cuando el presupuesto público se reduce por insuficiencia de ingresos, los gastos de atención a la pobreza sufren un reajuste relativamente mayor que el de otras partidas del gasto: del servicio de la deuda pública, por ejemplo, aunque se recomienda por las instituciones internacionales y nacionales que se preserven los gastos sociales que benefician a los
pobres; pero éstos tiene escaso poder de opinión y de acceso a los medios de poder, salvo cuando los pobres elevan su inconformidad hasta niveles de conflicto público y de violencia masiva.
La pobreza tiende a perpetuarse y a multiplicarse. Se transmite verticalmente, por generaciones, de padres a hijos, aunque exista la voluntad individual o familiar de emerger de la pobreza a través de la educación, entre otros medios, lo que permite -ceteris paribus- mejorar los perfiles ocupacionales y culturales. También se transmite horizontalmente, pues en ambientes sociales de pobreza se forman más pobres, por un efecto multiplicador perverso. La formación de barrios marginales, precarios, inseguros, insalubres, frecuentemente resulta de la acción colectiva; o si en alguna zona periférica de las ciudades se levanta un rancho, este sirve de pionero para el levantamiento de otros ranchos hasta formar un conjunto, que se autodefiende para subsistir. A veces estos conjuntos "residenciales" se consolidan mediante la dotación de servicios básicos (agua, electricidad, transporte, y mejora la calidad de las construcciones. El efecto demostración también actúa en la extensión y profundización de la pobreza.
¿CUÁLES VENTAJAS COMPARATIVAS TIENEN LOS PAÍSES POBRES?
En principio, los países del llamado Tercer Mundo -el del subdesarrollo- deben tener amplios y ricos recursos naturales, sobre todo tierras aptas para la agricultura, bosques explotables, minas y yacimientos de hidrocarburos, entre otros. El aprovechamiento de estos recursos debería asegurarles a sus pobladores un ingreso real suficiente para un nivel de vida satisfactorio. Sin embargo, no es así, en buena medida. Las tierras más fértiles o mejor cultivadas están situadas en los países desarrollados. La producción de alimentos por habitante se ha convertido en una ventaja comparativa de los países desarrollados, de tal manera que éstos, no sólo cubren con su producción la mayor parte de sus necesidades de alimentos, sino que exportan excedentes agrícolas considerables, salvo los productos que se califican como tropicales: café, cacao, azúcar de caña, bananas, papas, tabaco, algunas frutas y leguminosas, entre otros. A pesar de la alta productividad agrícola de la mayoría de los países desarrollados, éstos subsidian de diferentes modos a sus agricultores y protegen su producción. En la estructura productiva, los países "en desarrollo" tienen coeficientes relativamente elevados del sector primario con respecto al total, pero, con excepciones, su productividad es baja, con el agravante de que una proporción aún elevada de la población vive y trabaja, o depende del campo. En el afán de diversificar la producción para evitar la concentración primaria en uno o dos productos exportables, estos países han procurado industrializarse con variado éxito. Hay que advertir al respecto que las corporaciones transnacionales aprovechan las oportunidades de industrialización de los países subdesarrollados con rezago o en asociación de los empresarios nacionales. En todo caso, en un mundo que tiende a la globalización las ventajas son obtenidas y mantenidas por los desarrollados y aún así recurren a medidas proteccionistas para favorecer a sus manufacturas menos eficientes.
En materia de hidrocarburos al parecer la naturaleza quiso favorecer a los países del Tercer Mundo, donde se ubican los yacimientos mayores. Los hidrocarburos constituyen bienes de alta demanda mundial y los países que poseen esos recursos deberían haber ascendido a los rangos de la riqueza: no obstante, las fluctuaciones de los precios de los hidrocarburos, en parte dependientes de la coyuntura económica de los países desarrollados, y la administración ineficiente de los ingresos petroleros han impedido que los pueblos de los países propietarios de esos recursos naturales se beneficien equitativamente de tales ingresos, los cuales se concentran en su mayor proporción en grupos favorecidos minoritarios.
NOTAS FINALES, AUNQUE NO EXHAUTIVAS
Una cuestión fundamental que se plantea es la de si la pobreza es consustancial con las sociedades humanas. La respuesta tiene que ser negativa. Existe suficiente potencial en el mundo actual como para proveer con creces las necesidades globales de la humanidad; lo que ocurre es que ese potencial productivo está desigualmente distribuido entre los países, por una parte, y los procesos de intercambio económico internacional tienden a favorecer más aún esa desproporcionada distribución. No existe lo que se llama la solidaridad o la cooperación entre las naciones: sólo intereses. Al efecto hay que plantear otra cuestión: ¿la pobreza es una limitante del desarrollo de los países ricos o es un riesgo de seguridad para ellos? La experiencia histórica niega la primera cuestión; pero el riesgo de los países desarrollados en cuanto a la pobreza interna y extrema es considerable y cada vez más evidente.
Los recursos comprometidos en el mundo en sostenimiento de fuerzas armadas y en equipos militares son verdaderamente significativos. En términos de población bajo servicio militar la situación es sorprendente: casi veinte millones de personas, de los cuales trece millones están en países subdesarrollados. El tráfico internacional de armas es un renglón importante del comercio internacional (ver cuadro B-7), siendo Estados Unidos y Rusia los mayores exportadores. Una proporción apreciable de los presupuestos gubernamentales de la mayoría de los países se aplica a gastos militares bajo el calificativo de defensa. Entre las vertientes del adelanto tecnológico figura la motivada y que se destina a aumentar el poderío militar. Hay que preguntarse si todos estos recursos, esfuerzos e innovaciones se aplicaran a desarrollar al sector del mundo que padece pobreza e insuficiencia económica ¡cuánto ganaría la causa de la paz!
La distribución de la pobreza -como de la riqueza en el mundo- es desigual y parece que seguirá siendo desigual en el futuro previsible. En el cuadro B-4 se muestran indicadores de pobreza por regiones, aplicando dos criterios: el del umbral de la pobreza, definido como la disponibilidad de dólares por día y por habitante para determinadas proporciones de la población (entre uno y dos dólares) y el porcentaje de la población que consume sólo un tercio o menos del consumo nacional medio. El total mundial de pobres en el umbral así definido es de 28,6% y el del infraconsumo es de 32%. Asia Meriodional y Oriental tienen los indicadores más desfavorables en cuanto al primer criterio, y África Subsahariana y América Latina y el Caribe la tienen para el segundo criterio. Europa casi no tiene pobreza según el primer criterio pero tiene 26% según el otro criterio.
En todo caso la pobreza es desigual en el mundo. El tema de la pobreza -preocupación convencional de gobiernos e instituciones de países ricoscontinuará siendo una expresión dramática de la realidad, más allá de cifras y declaraciones.

8 comentarios:
Daisy Leal c.i 14.675505
Econ Social 3
PLATÓN
1.- La obra de Platón es conocida como "LA REPÚBLICA", pero su título original es "REGIMEN O GOBIERNO DE LA POLIS"
2.-La sociedad para Platón es el medio de vina natural del hombre, el creía que el hombre no es autosuficiente para su supervivencia, que necesitaba a los demás para subsistir y vivir tanto en lo material, producción, moral, espiritual, el amor la amistad y la convivencia en general, su teoría era la de la "sociedad natural, el decía que lña vida comunal no se podría concebir sin el hombre manteniendose ajeno al estado, el debia participar e integrarse al cambio.
3.- La teoría política de Platón en su obra expone su teoría política que plantea la justicia en una ciudad ideal, las formas de organización, de gobierno, características de las clases sociales, males que arrastran a las ciudades a la ruina, la injusticia, las formas de arte que nos muestran una mala imagen de las cosas, una reflexión del destino final del alma, teoría de las ideas: Antropológicas y del Conocimiento; El demuestra la influencia y necesidad de encontrar un método que permite llegar a esa definición de un modo preciso.
4.-La idea de sociedad ideal según Platón era la que satisface las necesidades de los hombres; debe garantizar la economía, cada hombre tiene habiliodades y capacidades y deben ser desarrolladas las quew poseen por naturaleza, debe existir todo tipo de trabajador y trabajos para equilibrar la balanza, el arte la poesía, la diversión, es decir que una ciudad ideal no debe faltar nada, también habla de la educación que debe ser recibida desde los primeros años de vida a todo ser privado de ella ni en razón de su sexo, raza, religión, ni por ninguna causa
Daisy Leal c.i 14.675505
Econ Social 3
PLATÓN
1.- La obra de Platón es conocida como "LA REPÚBLICA", pero su título original es "REGIMEN O GOBIERNO DE LA POLIS"
2.-La sociedad para Platón es el medio de vina natural del hombre, el creía que el hombre no es autosuficiente para su supervivencia, que necesitaba a los demás para subsistir y vivir tanto en lo material, producción, moral, espiritual, el amor la amistad y la convivencia en general, su teoría era la de la "sociedad natural, el decía que lña vida comunal no se podría concebir sin el hombre manteniendose ajeno al estado, el debia participar e integrarse al cambio.
3.- La teoría política de Platón en su obra expone su teoría política que plantea la justicia en una ciudad ideal, las formas de organización, de gobierno, características de las clases sociales, males que arrastran a las ciudades a la ruina, la injusticia, las formas de arte que nos muestran una mala imagen de las cosas, una reflexión del destino final del alma, teoría de las ideas: Antropológicas y del Conocimiento; El demuestra la influencia y necesidad de encontrar un método que permite llegar a esa definición de un modo preciso.
4.-La idea de sociedad ideal según Platón era la que satisface las necesidades de los hombres; debe garantizar la economía, cada hombre tiene habiliodades y capacidades y deben ser desarrolladas las quew poseen por naturaleza, debe existir todo tipo de trabajador y trabajos para equilibrar la balanza, el arte la poesía, la diversión, es decir que una ciudad ideal no debe faltar nada, también habla de la educación que debe ser recibida desde los primeros años de vida a todo ser privado de ella ni en razón de su sexo, raza, religión, ni por ninguna causa
Luis Riera C.I 12.726.100
Econ Social 3
1.-La obra original del filósofo Platòn fue Regimen o gobierno de la Polis.
2.-La Sociedad para Platón es un medio de vida natural del hombre si atendemos a la características de la vida humana es efecto podriamos observar que el hombre no es autosuficiente ni en cuanto a producciòn de bienes materiales.
3.- La teoría pòlìtica de Platòn El Hombre no es autosuficiente en la producciòn de insumos para satisfacer sus necesidades, en el aspecto moral y espiritual que hace de la vida del hombre propiamente humano.
4.- La Sociedad ideal segùn Platòn debe existir para satisfacer las necesidades de los hombres ya que esto no sean independientes , los hombres tienen diferentes ideas de pensamiento y habilidades que deben desarrollarse para ser ejecutadas para lograr una ciudad ideal.
NORELIS PERDOMO
SECCION 3 ECONOMIA
Platón.
La teoría política de Platón en su obra expone su teoría política que plantea la justicia en una ciudad ideal, las formas de organización, de gobierno, características de las clases sociales, males que arrastran a las ciudades a la ruina, la injusticia, las formas de arte que nos muestran una mala imagen de las cosas, una reflexión del destino final del alma, teoría de las ideas: Antropológicas y del Conocimiento; El demuestra la influencia y necesidad de encontrar un método que permite llegar a esa definición de un modo preciso.
La obra de Platón es conocida como "LA REPÚBLICA", pero su título original es "REGIMEN O GOBIERNO DE LA POLIS"
La idea de sociedad ideal según Platón era la que satisface las necesidades de los hombres; debe garantizar la economía, cada hombre tiene habilidades y capacidades y deben ser desarrolladas las que poseen por naturaleza, debe existir todo tipo de trabajador y trabajos para equilibrar la balanza, el arte la poesía, la diversión.
En conclusión a este párrafo y lo entendido es que platón en sus ideas estaba a la de conformar una ciudad donde el hombre fuese valorado y respetado y que se tomase en cuenta sus capacidades y habilidades para realizar actividades que se entendiese que cada hombre indiferentemente de su clase social necesita satisfacer sus necesidades bien sean económicas, culturales, espirituales, que había que poner un alto al marginalismo al que el hombre siempre había estado atado, tener derecho a desarrollarse en diferentes campos y tener la libertad de la sociabilidad para su supervivencia tener derecho al amor y la amistad pero sobre todo el derecho de vivir dignamente y en libertad
anzola francis
CI:17700423
ECONOMIA SOCIAL
SECCION 3
1.LA OBRA DE PLATON ES LA REPUBLICA"Y EL TITULO ORIGINAL ES REGIMEN O GOBIERNO DE LA POLIIS"
2.ES EL MEDIO DE VIDA NATURAL"DEL HOMBRE.
3.CONSISTE EN ESTUDIAR LA JUSTICIA EN LA CIUDAD IDEAL,LAS FORMAS DE ORGANIZACIONES,DE GOBIERNO EN LAS CARACTERISTICAS DE SUS CLASES SOCIALES.
4.EN LA CIUDAD IDEAL DEBE EXISTIRLAS NECESIDADES DEL HOMBRES,SON INDEPENDIENTEUNOS DE OTROS,GARANTIZAR TODA SOCIEDAD ES UN FIN ECONOMICO TAMBIEN DEBE EXITIR TODO TIPO DE TRABAJO:CARPINTEROS,HERRERO,LABRADORES,ENTRE OTROS
¿Como se llamo la obra de este filosofo y cual era su titulo original?
La República, cuyo nombre principal es “Régimen o Gobierno de la Polis”, escrita en forma de dialogo.
¿Qué era la sociedad para PLATON?
Es el medio de vida “natural” del hombre atendiendo a las características del humano, para observar que el hombre no es autosuficiente.
¿En que consistía la política de PLATON?
Esta teoría esta basada en lo Político y en Leyes de la República, expresada en diez (10) libros.
La sociedad ideal según PLATON.
Es una sociedad que satisfaga las necesidades de los hombres ya que no son independientes uno del otro ni autosuficiente para subsistirse, por lo tanto, todo tipo de trabajadores tienen que incorporar esta teoría de modo que toda las necesidades básicas queden garantizadas.
DURAN NIXON
17.255.162
ECONOMIA SOCIAL
SECCION # 03
PLATÓN
1.- La obra de Platón es conocida como "LA REPÚBLICA", pero su título original es "REGIMEN O GOBIERNO DE LA POLIS"
2.
-La sociedad para Platón es el medio de vida natural del hombre, el creía que el hombre no es autosuficiente para su supervivencia, que necesitaba a los demás para subsistir y vivir tanto en lo material, producción, moral, espiritual, el amor la amistad y la convivencia en general, su teoría era la de la "sociedad natural, el decía que la vida comunal no se podría concebir sin el hombre manteniéndose ajeno al estado, el debía participar e integrarse al cambio.
3.-Esta teoría esta basada en lo Político y en Leyes de la República, expresada en diez (10) libros.
La teoría política de Platón en su obra expone su teoría política que plantea la justicia en una ciudad ideal, las formas de organización, de gobierno, características de las clases sociales, males que arrastran a las ciudades a la ruina, la injusticia, las formas de arte que nos muestran una mala imagen de las cosas, una reflexión del destino final del alma, teoría de las ideas: Antropológicas y del Conocimiento; El demuestra la influencia y necesidad de encontrar un método que permite llegar a esa definición de un modo preciso.
4.-La idea de sociedad ideal según Platón era la que satisface las necesidades de los hombres; debe garantizar la economía, cada hombre tiene habilidades y capacidades y deben ser desarrolladas las que poseen por naturaleza, debe existir todo tipo de trabajador y trabajos para equilibrar la balanza, el arte la poesía, la diversión, es decir que una ciudad ideal no debe faltar nada, también habla de la educación que debe ser recibida desde los primeros años de vida a todo ser privado de ella ni en razón de su sexo, raza, religión, ni por ninguna causa.
Perdomo rosmary
Economía social
Sección 3
1. La obra de este filosofo se llama la Republica y su titulo original es el " Regimen o Gobierno de la Polis".
2. Para platon la sociedad es el medio de vida " natural " del hombre.
3. La teoria politaca de Platon se trata es de en que consistia la justicia,las formas de organización, de gobierno, características de las clases sociales, males que arrastran a las ciudades a la ruina, entre otras.
4. La ciudad ideal pera Platon era una donde existiera todo aquello que satisfaciera las necesidades del hombre.
Kenia Chirinos
C.I 19.614.379
Economia Social No 3
II Semestre
Publicar un comentario